Chau pesimismo

Autor: 

Yanel Blanco Miranda
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07 Diciembre 2014
| |
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Manuel lleva pocos meses al frente de un movimiento que ya peina canas. Como el capitán de un barco camina de estribor a babor y viceversa, en busca de soluciones que mantengan el ritmo que medio siglo atrás, marcara su antecesor primero, el ingeniero José Ramón López.

Como “joven” de estos tiempos, sabe que necesita revitalizar formas y modos para atraer a nuevos tripulantes y mantener a los que ya están; siempre consciente de que la superación profesional es la ruta a seguir.

Sumar, incluso multiplicar, parece ser su lema mientras conversa con JT sobre los retos, debilidades y perspectivas que enfrentan las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) en su 50 aniversario.

“Este es un movimiento que aún tiene mucho que brindar; aunque debemos definir cuáles son los cambios y el papel fundamental que debe desempeñar hoy la brigada en la actualización que está teniendo el modelo económico cubano”, afirma, ante la interrogante de si hoy todavía son necesarias las BTJ.

“Asimismo hay que lograr reorientarla desde las escuelas y las instituciones, en función de desarrollar mayores espacios donde los jóvenes puedan capacitarse e investigar y poder así aportar más al país”.

También es importante, aclara Manuel, posibilitar a través de propuestas como los festivales de ciencia y tecnología que los niños y adolescentes comiencen a recibir una orientación vocacional renovadas y acorde con su realidad.

“Hay que llevar a los miembros más noveles de la comunidad, conocimientos que les permitan resolver problemas prácticos de la vida cotidiana”. Es la intención del proyecto Forjando Voluntades, donde cooperan varias instituciones científicas, la Facultad de Biología y el Instituto de Diseño Industrial.

No obstante subraya, “no es una solución aplicable a todos los municipios del país. Es imposible concebir un programa general de actividades desde la sede de las brigadas en La Habana y enviarlo como un plan inamovible a las regiones, pues todas tienen características diferentes.

“Tenemos que lograr que los dirigentes de los consejos municipales y provinciales de las Brigadas sean creativos y adecuen las orientaciones a sus territorios”.

Entre las actividades realizadas por el 50 aniversario de las BTJ estuvo la reforestación. A la derecha en la imagen, Manuel Valera, presidente de este movimiento pone manos a la obra. (Foto: Alexander Isla Sáenz de Calahorra)

Nos y otros

La firma de convenios de trabajo entre las BTJ y los Organismos de la Administración Central del Estado (OACE) constituye una tradición, que tiene el propósito de comprometer a las instituciones para que faciliten el acceso de los jóvenes a la superación y otras actividades de tipo académico. Aun así, es uno de los eslabones más débiles del movimiento y causa continua de insatisfacciones.  “En ese sentido hay que decir que el primer problema surge en los centros laborales. Hay entidades donde aún los convenios no se firman o que desconocen que existen”, revela Manuel.

“Resulta imperativo conseguir que en todos los lugares en que haya una brigada, esté establecido legalmente el acuerdo de trabajo entre ambas partes, pues de ello depende, en gran medida, que se satisfagan las necesidades de superación de los jóvenes”. Y aclara que es responsabilidad de los consejos municipales velar y controlar que lo pactado se cumpla.

Manuel insiste igualmente en la necesidad de aunar fuerzas en beneficio de la juventud que hoy labora en las escuelas, fábricas y talleres, sin importar su afiliación o no al movimiento que dirige.

Manuel Valera propone crear nuevos espacios de debates donde los jóvenes puedan intercambiar experiencias. En la imagen brigadistas del Centro de Investigaciones Digitales (ICID), vanguardia en el desarrollo de equipos médicos. (Foto: Alexander Isla Sáenz de Calahorra)

“Es una cuestión en la que estamos haciendo hincapié. Tenemos que sumar a todos los jóvenes a los programas de superación y capacitación y a las demás actividades que realiza el movimiento. Asimismo debemos trasladar esas experiencias al sector no estatal que tanta importancia está cobrando y donde existe un gran potencial juvenil”. Hasta el momento es en la capital donde han fructificado las primeras acciones, con la creación de una brigada en el municipio Boyeros y un aula experimental que acogió a un grupo de interesados cuentapropistas.

Consciente de que en el intercambio con las personas está la forma más eficaz de conocer sus inquietudes, carencias y aspiraciones, Manuel anda con la mano extendida, presentándose a cuanto joven se tropieza.

¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí?, ¿cuáles son tus principales preocupaciones? o ¿tienes interés en superarte?, son algunas de las interrogantes que acompañan cada paso de este singular presidente, preguntas que nacen del deseo de apoyar a quien busca en otras alternativas de empleo una mejora económica. 

“No podemos esperar que las brigadas funcionen igual en el sector no estatal porque el trabajo por cuenta propia tiene diferentes modalidades. Pero ya estamos sumando esa fuerza al movimiento y hemos logrado que participe en nuestras Exposiciones Municipales con sus proyectos, y que vean la organización como un espacio al cual recurrir en busca de orientación”.

Agua al dominó

Fundadas en 1964 por iniciativa de Fidel, las BTJ han padecido históricamente de mucha irregularidad en su directiva; lo cual puede haber sido beneficioso, para “darle agua al dominó de las ideas”, pero impidió ejecutar estrategias a largo plazo.

“En estos momentos estamos imbuidos en un profundo cambio que va desde la base hasta el nivel nacional. Queremos estructuras que fortalezcan el trabajo que en materia de superación, investigación y estudio se hace con los jóvenes. Buscamos personas capaces de aglutinar y tomar decisiones.

“Hay que modificar los hábitos y métodos utilizados hasta el momento y lograr que el movimiento se mantenga firme y masivo para los interesados. Incluso esperamos llegar a los niños a través de proyectos y festivales porque eso contribuye a prepararlos, a formarlos.

“Antes era difícil porque no había presidentes de las BTJ en muchos municipios; solo estaban representadas las cabeceras o algunos territorios que por sus características económicas sobresalían.

“Con la nueva disposición de que los dirigentes a nivel municipal no sean profesionales hemos conseguido que las bases estén cubiertas, lo cual representa una fortaleza que vamos a utilizar en beneficio de adolescentes y jóvenes”, señala Manuel.

El dirigente juvenil reconoce que hubo un  periodo, reciente en el tiempo, donde el accionar de las brigadas se deprimió un poco, sobre todo en la base. Como consecuencia se afectó la motivación de quienes siempre brindaban su apoyo o habían participado en las actividades convocadas por las BTJ.

“Ahora que estamos saliendo de esa etapa nos hemos planteado cómo emprender el trabajo, cómo funcionar, y nos damos cuenta de que el objetivo debe ser el mismo de cuando se creó el movimiento: priorizar la superación profesional”, teniendo en cuenta –agrega– las particularidades del modelo económico actual.   

“Queremos que el joven sienta que tiene un espacio donde adquirir los conocimientos que en la práctica le servirán para ser más eficiente en su labor, sea o no del sector estatal”.

Lugar común

Conversar con Manuel implica llenarse de esa energía que desde hace pocos meses envuelve la sede nacional de las BTJ. Nunca se está del todo quieto. Sus manos, gestos y la pasión con que habla de los proyectos desarrollados, también comprometen.

“Creo que las estrategias que nos tracemos deben ir encaminadas a tener jóvenes mejor preparados, más vinculados a la investigación y a su  aporte científico. Debemos lograr que ellos formen parte esencial en la generación de resultados en sus centros de trabajo”.

De igual forma, opina que es importante identificar los problemas que los aquejan laboralmente y para ello hay que seguir perfeccionando sus habilidades, y mantenerlos permanentemente actualizados con la información necesaria.

–Una de las dificultades sobre la que existen varias quejas entre los brigadistas es la socialización de las investigaciones. Se ha dicho tanto que se ha convertido en un lugar común. ¿Qué piensa al respecto?

En su tercera edición el Campamento de Verano de Ciencia y Tecnología, proyecto que convoca cada año a estudiantes de IPVCE, se extendió a varias provincias del país y tuvo muchos interesados. (Foto: Cortesía de las BTJ)

–Tenemos que convertirnos en el eje coordinador de ese intercambio. Primero, por la responsabilidad que adquirimos al representar a los jóvenes cubanos y principalmente a los que se dedican a la investigación; segundo porque creo que la juventud brigadista de hoy tiene que obtener la experiencia, los conceptos y espacios que la fortalezcan, siempre apoyados en las generaciones que la antecedieron.

“Sin embargo, nuestra función es convocar, coordinar y promocionar ese tipo de actividades. Y aunque sigamos defendiendo la realización de talleres y concursos, apostamos porque los científicos tengan un espacio propio donde reflexionar”.

Buen viaje

Diciembre acogerá la celebración final de un año lleno de nuevos proyectos. La Exposición Nacional Forjadores del Futuro tendrá un matiz diferente al que ha presentado en su historia. La interacción de las personas con la ciencia y la tecnología será el centro del agasajo que por los 50 años prepara las BTJ.

“Pretendemos hacer un gran evento del proyecto “Forjando Voluntades”, explica Manuel, donde los jóvenes se recreen mientras aprenden. Confluirán todos los organismos que tienen convenio con las BTJ, cada uno aportando desde su arista. Habrá competencias de habilidades, encuentros con personalidades de la ciencia cubana, conferencias magistrales. También haremos el lanzamiento oficial de la página web”.

Pero para llegar ahí, el viaje ha sido difícil. Hubo que reactivar muchas brigadas y fundar otras donde las condiciones estaban creadas.

“No creía correcto celebrar el 50 aniversario cuando nos aquejaban diversos problemas. Pienso que el mayor reto de este año fue la reorientación del funcionamiento en la base, sobre todo en el contexto de  la actualización del modelo económico, pero lo estamos solucionando”.

Para Manuel el camino apenas comienza. Sabe que no puede retroceder, pues de su guía y entusiasmo depende la aplicación de todas esas ideas que tienen como propósito despertar a un movimiento que había caído en el letargo.

Igualmente conoce del interés que las BTJ van suscitando en las nuevas generaciones y hacia ahí encamina su accionar. Piensa que un vínculo estrecho con la organización de pioneros y los estudiantes de la enseñanza media y técnica profesional asegurarán el relevo a la organización. Como refiere, “es imposible pensar que el trabajo de 50 años ha sido en vano”.

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