Ciencia menos burocrática, más transparente y cada vez más democrática

Autor: 

Kenneth Fowler
|
21 Diciembre 2020
| |
0 Comentarios

Crédito de fotografía: 

Archivo JT

Me gusta: 

Cuando Fidel decía que nuestro futuro tenía necesariamente que ser un futuro de hombres (y mujeres) de ciencia, me gusta pensar que no pretendía dejar una consigna estéril para llenar espacios donde el “Patria o Muerte, ¡Venceremos!” no cabía, o que no se refería al simple hecho de tener cada vez más un mayor número de personal de la ciencia en el país. Fidel siempre fue más allá de eso. Cuando pienso en la frase, creo que nos aconsejaba entender que la ciencia es otro elemento del imaginario público que se le disputa a la Revolución por aquellos que buscan lacerarla. La ciencia es también un escenario de crecimiento, de renovación de valores y profundización del proceso revolucionario cubano.

Una pregunta salta a la vista: ¿cómo es que entonces no es prolífica la producción de los medios abiertamente contrarrevolucionarios o de derecha en este tema cuando sí vemos una mayor concentración del mensaje en otros sectores de la sociedad cubana?

Una cosa debe quedarnos clara: el capitalismo neoliberal es la lógica imperante en el mundo entero. Las izquierdas son minorías y muy pocas están en el poder político o económico, con la consiguiente desventaja mediática que esto implica. Los valores neoliberales penden sobre nuestras cabezas como una manta invisible todos los días y la ciencia no escapa a ello. En un mundo así, no es necesario que exista un medio antigubernamental alimentando ese discurso para que las ideas preconcebidas sobre qué es la ciencia, su papel social (o la existencia o no de este papel), qué relación tiene con la economía o su “independencia” de los derroteros políticos de la nación, permeen a los cubanos.

Si pensamos que los mecanismos de dominación neoliberal se restringen a las ataduras económicas que se hacen más o menos visibles cuando un país se “inserta” en el mercado mundial, estaremos muy equivocados. La hegemonía pasa a nivel de imaginarios y valores. Es así como podemos entender que muchos científicos jóvenes o estudiantes hablen más hoy sobre bonanzas económicas, abundancia en los almacenes, becas o financiamiento, que sobre resolver problemas sociales, articular la producción científica a la defensa de causas justas, a la soberanía de las naciones o al desarrollo sostenible. La ciencia se convierte en la oportunidad de saber mucho, ser reconocido y vivir bien, todo al mismo tiempo. Esto, además de elitista, es peligroso.

Foto: tomada de http://www.guillermolaich.com/n/111/la-torre-de-marfil/lang/es

Recordemos que este aislamiento de los científicos es un rasgo claro del capitalismo, donde nada es más importante que la producción y la plusvalía, y para eso es necesario que los científicos como entes sociales se aíslen en el laboratorio, con todos los incentivos económicos necesarios para que no sean actores sociopolíticos importantes puertas para afuera.

Otro riesgo es que la lógica neoliberal utiliza la ciencia como punta de lanza contra todo tipo de causas progresistas, como las tristemente célebres “investigaciones” sobre la inferioridad racial o sobre la supuesta relación de familias no convencionales con la futura orientación sexual de los infantes.

A veces, incluso, se muerden su propia cola con movimientos fundamentalistas como el antivacunas, que ataca a las industrias farmacéuticas (que no es que sean santos de la devoción de nadie) y lastra logros como la vacunación infantil, una realidad en Cuba. Últimamente, posiciones extremas han tomado también una postura de negación del cambio climático.

Una sociedad como la cubana, inscrita en un proyecto que busca equidad y justicia social, no puede permitirse que tales valores se apoderen del modo que tenemos de entender la ciencia. El contexto de la ciencia cubana actual es complejo, yo diría que más en sus imaginarios que en las condiciones objetivas que nadie desconoce.

No es asunto ahora repartir culpas, pero la problemática con la ciencia tiene dos elementos (no pretendo ser absoluto, incluso con la pertinencia de estos elementos) que la agudizan y distintos actores implicados. En el siglo XXI, y a pesar de la creciente informatización, persiste aún una burocracia paralizante en las estructuras que con la ciencia tienen que ver en el país. Y la burocracia es solo la “punta del iceberg”: las historias sobre despotismo, arribismo, nepotismo, dejadez o incluso corrupción en puestos de decisión abundan.

Por mi parte, cada vez que las escucho no puedo dejar de pensar en que no todas son inciertas, pues provienen de personas francas y trabajadoras, personas que incluso defienden activamente la Revolución. Cabe entonces preguntarse: ¿hace más daño una difamación fácilmente desmontable en un medio que tiene alcance limitado en el país, o un directivo que se niega a sustituir importaciones para defender el viaje anual al extranjero? ¿Cómo se puede medir el peligro que entrañan las innecesarias e infundadas trabas a la movilidad académica que se escuchan denunciar en los pasillos de las universidades?

Y si las estructuras que manejan la ciencia en el país necesitan oxigenarse, es también una necesidad imperiosa democratizar la ciencia. En párrafos anteriores mencioné el peligro que entraña que la ciencia se convierta en un asunto de élites. Yo entiendo la ciencia como un fenómeno social, un fenómeno de masas. El conocimiento como un derecho que se tiene y no un privilegio que se gana asistiendo a esta o aquella universidad. Si la ciencia debe estar dedicada al desarrollo social, eso implica no solo que todos — entiéndase aquí todos como la totalidad de los sectores económicos — usemos la ciencia, sino también que todos sepamos de ciencia. Y en Cuba esto está estrechamente relacionado a principios y a valores que debemos reforzar y, en algunos casos, rescatar. Es la ciencia cubana una ciencia que se hace para el otro, para la cara que quizá nunca te va a ver y la mano que no estrechará la tuya.

Eso explica que ante el caso de las polémicas declaraciones discriminatorias que Thomas Hudlicky trató de disfrazar de ciencia, la voz que más alto se oyó desde el país fuera la de un químico cubano, miembro del Partido Comunista de Cuba; fue su deber con la veracidad científica y es también su posición política.

 

Ciencia y minorías: el conocimiento no puede ser un privilegio

La ciencia y los científicos deberían acompañar las causas más progresistas; para liberar, no para encarcelar.

medium.com

 

Eso también explica que cuando la Dra. Beatriz Marcheco tocó el tema de la etnicidad en Cuba desde la genética, en laboratorios y con colegas de nivel mundial, no publicara sus resultados solo en revistas internacionales con precios privativos, sino que los compartió con el cubano en la revista Temas, lo cual no le brindó más rédito que el reconocimiento social.

 

Meet Google Drive - One place for all your files

Google Drive is a free way to keep your files backed up and easy to reach from any phone, tablet, or computer. Start…

drive.google.com

 

Pero hay que hacer más, siempre más. Hay que llevar más ciencia a los barrios y las escuelas. Aprovechar el potencial científico, que es en definitiva la familia de los estudiantes, para eso. Hay que hacer mejores círculos de interés, conferencias en las escuelas, más y mejores ferias de ciencia. Los científicos debemos tomar por asalto la prensa nacional, debemos llevar nuestra ciencia al pueblo, porque es nuestro deber garantizarles ese derecho.

El científico cubano debe ser un científico accesible porque solo así el pueblo, que constituye al final las instituciones, el gobierno, el Estado, puede llegar a una sintonía con lo que queremos decir. Un científico no quiere más que ser escuchado y es cuestión de todos, personal de la ciencia, Estado, ciudadanía, crear ese diálogo.

Ciencia menos burocrática, más transparente y cada vez más democrática. La Revolución se defiende haciéndola.


 

0 Comentarios

Añadir nuevo comentario