Ciencia y producción alimentaria: ¿caminos paralelos?

Autor: 

Yanel Blanco
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19 Diciembre 2019
| |
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Crédito de fotografía: 

Alexander Isla Sáenz de Calahorra

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¿Cómo es aplicada la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) en la producción de alimentos en el país?, fue una de las temáticas abordadas por los diputados de las comisiones Agroalimentaria y de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Un estudio realizado al respecto evaluaba la gestión de la introducción de resultados, las demandas de investigación a las instituciones especializadas, la planificación de financiamiento y recursos y el potencial científico de la base productiva y su superación.

Según lo expuesto, es necesario perfeccionar la manera en que interactúan los diferentes actores de la producción de alimentos, para que la investigación responda a demandas concretas y la introducción de los resultados sea efectiva.

De igual forma, es preciso evaluar la capacidad de las personas vinculadas al trabajo de la tierra para asumir los resultados científicos en cooperativas y otras formas productivas de la agricultura.

Al respecto, Yanisbell Sánchez Rodríguez, diputada por Boyeros y miembro de la Comisión Agroalimentaria, expresó que “el informe reconoce que la política con respecto a la CTI es clara, que hay prioridades de país, pero después dice que hay problemas con la identificación de la demanda por parte de la base productiva.

“Hay resultados obtenidos por la ciencia agrícola en Cuba que datan de muchos años y los productores no asocian con la investigación; pero que fueron generados en una institución, por científicos y financiados por el país. Y eso puede sesgar las conclusiones del estudio”.

Con respecto al financiamiento de los proyectos, apuntó que la colaboración internacional es clave en el desarrollo de la agricultura y la ciencia. Pero muchas veces “los propios agricultores, algunos empresarios y trabajadores de las unidades básicas de producción (UEB), desconectan ese proyecto de la institución que lo representa o genera, así como de los científicos que los lideran”.

Para Julio Andrés García Pérez, presidente del Grupo Azucarero Azcuba, en las cooperativas no se hace ciencia porque no cuentan con el fondo suficiente. “Pongo nuestro ejemplo con respecto al riego por goteo o las máquinas de riego, esa tecnología puede costar 200 mil pesos y el banco no otorga créditos para eso.

“En el 2018 nosotros lo financiamos. No obstante, este año, por política del país, tenemos 20 millones de pesos para realizar proyectos, además de los fondos que tienen otros programas nacionales”.

El presidente de Azcuba también afirmó que el sistema empresarial posee carencias en la interpretación de los programas científicos, tecnológicos, organizativos y “si no nos abrimos a las universidades como lo estamos haciendo, no vamos a salir adelante”.

Por su parte, Gustavo Rodríguez Rollero, titular del Ministerio de Agricultura señaló que coincide con las opiniones de los diputados. “Por eso no queda otra alternativa para alcanzar los niveles de actividad que nos proponemos para el 2030, que intensificar el uso de la ciencia y la innovación como soporte del desarrollo”.

Asimismo subrayó que aún existe mucho tradicionalismo en las cooperativas. Y que ha habido empresas en las que ha costado trabajo lograr que planifiquen financiamiento para el avance científico y tecnológico.


 

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