Una científica “peligrosa”

Autor: 

Luis Antonio Gómez Pérez
|
05 Mayo 2014
| |
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Elena Vigil es una señora menuda, amable, tímida y de sonrisa fácil. Sin embargo, parece que esta profesora con casi 48 años de experiencia en las aulas cubanas no es tan “mansita” como aparenta... o al menos eso creen las autoridades de inmigración norteamericanas.

Según supimos, en una ocasión ese país le negó la visa para asistir a un congreso sobre energía solar, área donde se inscribían muchas de sus investigaciones. Tras presentarse ante los funcionarios correspondientes, le entregaron “una hojita” donde aparecían las distintas razones por las cuales no le otorgaban el permiso. “Una de ellas decía que representaba un peligro para la seguridad estadounidense”, explicó.



Tal vez fueron sus condiciones de Doctora en Ciencias y Profesora de Mérito las que amedrentaron a los del norte. A lo mejor pensaron que Elena, como presidenta de la Cátedra de Energía Solar en la Universidad de La Habana, tenía conocimientos sobre alguna mortífera fuente de poder y los “achicharraría” sin remedio.

Curiosos por comprender los motivos de aquella negativa, nos propusimos hacer una “ficha técnica” de tan “peligroso” personaje de la ciencia en Cuba.(1)

“Comencé a enseñar en la Universidad el 31 de octubre de 1966. Por supuesto, más nerviosa no podía estar. Imagínense, recién graduada y hacer frente a un aula de la Facultad de Física para impartir una clase. No soy una persona a la que le guste hablar —de eso cualquiera puede darse cuenta—, sino todo lo contrario”.

Ella había regresado poco antes de estudiar Física en los Estados Unidos y, según cuenta, aquella primera experiencia la colmó de satisfacción: “Era algo que me llenaba y me tomó por sorpresa”.

Su clase inicial la impartió al segundo año de la Licenciatura en Física: un curso de electromagnetismo y óptica, correspondiente a la disciplina general de la especialidad.

“Lo peor era el miedo escénico. Temía enmudecer frente a los alumnos, incluso con lo más sencillo. Eso me había pasado antes, cuando estaba en séptimo grado: me quedé muda explicando algo de sobra conocido. Hace mucho descubrí que me concentro mejor cuando estoy sin observadores”.

Ahora, tras tantos años en las aulas, Elena disfruta enseñar: “Todavía tengo miedo escénico, pero he tenido un poquito de tiempo para acostumbrarme. Después de la clase casi siempre salgo insatisfecha, porque pienso que quizás pude decir algo de una manera más sencilla. La física es apasionante, pero tiene muchos temas complejos y para explicarlos es fundamental elegir bien las palabras”.

Esta estrategia resulta imprescindible en la actualidad —agrega—, pues existen dificultades en la preparación de los estudiantes procedentes de la enseñanza media que llegan a nuestras aulas, aunque se han creado mecanismos para solucionarlo.

De acuerdo con Elena, durante sus primeros años como profesora, a Física entraban muchos estudiantes sin vocación para esa ciencia, pues en aquel período no era muy conocida y los aspirantes la colocaban en las últimas posiciones de la boleta. Ahora, con los exámenes de ingreso, el procedimiento es mucho más selectivo. Uno de los dilemas del presente radica en la diferencia cualitativa del proceso de enseñanza existente entre las instituciones educativas de nivel medio.

El establecimiento de programas que posibilitan a los estudiantes interesados en las ciencias exactas cursar el duodécimo grado en la universidad ha permitido enfrentar dicha situación. “En esta experiencia participan nuestros profesores y los muchachos de ese grupo cuentan con una sólida preparación previa a su ingreso en las distintas carreras”.

Un caso particular es el de las escuelas vocacionales de ciencias: “Esos centros de enseñanza especializada ya no son los mismos de antes. A los muchachos con aptitudes para las ciencias básicas hay que ofrecerles una preparación distinta, proporcionarles desde la educación primaria todo lo asimilable. En Cuba no se comienza esa formación desde tan temprano, pero en otros países sí”.

Hay quien se opone a esta alternativa argumentando la formación de un posible elitismo en los niños, algo poco favorable para el desarrollo pleno en edades tempranas, pero eso se puede contrarrestar si se trabaja correctamente.

La investigadora

Paralelo al trabajo como docente, Elena ha logrado notables resultados científicos en su labor como investigadora, entre ellos, el crecimiento de uniones y heterouniones semiconductoras en condiciones de ingravidez, por primera vez a nivel internacional; la obtención en Cuba de diodos semiconductores, emisores de infrarrojo y de rojo, así como tecnologías para la producción de diodos emisores de luz (LEDs) y aplicaciones novedosas de esas estructuras.

“Todo lo logrado me hace sentir satisfecha, la verdad, nunca he hecho comparaciones para ver de cuál resultado siento más orgullo. Quiero aportar más y espero que lo mejor aún esté por venir. Valoro en igual medida la formación de muchachos y cada investigación realizada, incluso cuando no haya tenido una aplicación relevante”.

Al decir de la entrevistada, sus colegas (y algunos periodistas) le recuerdan bastante el experimento Caribe: una serie de pruebas llevadas al cosmos por Arnaldo Tamayo Méndez a bordo de la nave Soyuz-38 durante el vuelo espacial conjunto soviético-cubano, en septiembre de 1980.

“Aquello tenía como propósito la obtención de cristales y aleaciones en condiciones de ingravidez y, sí, en su preparación participamos contados científicos cubanos, pero casi nunca me detengo a pensar en mi trabajo como uno de los pocos de la Isla que ‘volaron al espacio’. Claro, me proporciona satisfacción, pero solo cuando alguien lo menciona”.

Así mismo reacciona la investigadora cuando le hablan de su pertenencia a la Academia de Ciencias de Cuba: “Es también una distinción,  pues hay un proceso de selección muy riguroso. Incluso, cumpliendo con todos los requisitos para el ingreso, son más las propuestas que las plazas vacantes, por tanto, ser miembro es un verdadero premio”.

Por su desempeño destacado en la formación de estudiantes y las importantes contribuciones al desarrollo científico experimental en la nación, Elena Vigil recibió recientemente el Premio Nacional de Física “Manuel Francisco Gran Guilledo”.

“Aunque me han conferido varios reconocimientos de los cuales siento mucho orgullo, este premio fue muy grande para mí. Es en extremo gratificante cuando a uno lo congratulan de esa manera por aquello a lo cual ha dedicado muchísimos años. La primera sorpresa fue cuando la Facultad me propuso, pues no lo esperaba. Luego pensé en los compañeros de otros centros igualmente merecedores de la distinción.

“Cuando me notificaron fui muy feliz. Como era de esperar, en la entrega del premio en el Aula Magna de la Universidad me sentí muy nerviosa y emocionada”.

—Si le dieran a elegir entre docencia e investigación, ¿cuál escogería?

—En primer lugar, creo que ambas necesitan ir de la mano, al menos en mi profesión. Uno puede dedicarse solo a la investigación, pero conjugarla con la docencia otorga cierta ventaja. La labor del profesor obliga a estudiar mucho para mantenerse al día y cumplir con las exigencias de los estudiantes. Por otra parte, investigar capacita al profesor para trasladar la experiencia.

“Si me forzasen a escoger me decantaría por la investigación, aunque, claro está, no la concibo sin estudiantes. En mi trabajo siempre incluyo alumnos de pregrado o de categorías superiores”.

Dentro de su campo de estudio, Elena se siente atraída por la física de materiales y dispositivos. Se trata de semiconductores que convierten la energía eléctrica en luminosa, o viceversa, o sea, dispositivos optoelectrónicos de estado sólido. “Durante muchos años investigué sobre los LEDs, cuando aún eran los tiempos del CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica). Dentro de este proyecto Cuba tenía planificada la producción de esos dispositivos y comenzaba a preparar las condiciones para ello.
 

Materiales y cápsulas llevados al cosmos en el experimento Caribe C-1 o SK-1, coordinado por Vigil. También se muestran los dispositivos fabricados con los materiales obtenidos (capas monocristalinas de arseniuro de galio, arseniuro de galio y aluminio). (Foto: Luis Pérez)

“Con la desaparición del campo socialista aquello no pudo ser y, como siempre me gustó trabajar en algo con posibilidades de aportes no solo al conocimiento, cambié para el desarrollo de celdas solares en el área de la energía fotovoltaica, lo cual tiene mucho futuro en la Isla”.

Cuba y la ciencia

Como parte del conjunto de transformaciones emprendidas tras el primero de enero de 1959, Cuba comenzó un proceso de replanteamiento de la producción científica del país. Transcurrido solo un año, el 15 de enero de 1960, el entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, Fidel Castro, se pronunció públicamente sobre la necesidad de convertir a la Isla en una nación de hombres y mujeres de ciencia.

“Aquellos primeros años fueron asombrosos. Se hizo mucho en muy poco tiempo, algo único, no sé si irrepetible”, reflexiona Elena Vigil. Antes de la Revolución, en Cuba se realizaban escasas investigaciones en física. Casi ninguna institución, ni siquiera las vinculadas a la industria, empleaba físicos. “Tampoco existían las carreras universitarias que hay ahora. Se estudiaba Física-Química o Física-Matemática, pero quienes las cursaban lo hacían para formarse como maestros de la enseñanza precedente. Por si fuera poco, en aquel momento la mayoría de los profesores y científicos abandonaron el país”.

En un par de años se creó la Facultad de Ciencias, se separaron las disciplinas y se inauguraron las diferentes escuelas. El país mandó estudiantes a formarse en el extranjero, los cuales fueron determinantes en el posterior progreso científico acelerado. También se recibió ayuda de profesores del exterior que viajaron a Cuba para impartir cursos. En los años 70 ya existía en la Isla una fuerza considerable para impulsar las investigaciones en las diversas esferas.

Según refiere Elena, se vivía un ambiente muy favorable. “Mejoraron los laboratorios, los programas de clase y la calidad de la docencia. El caso específico de Física fue muy parecido, pues a mediados de los 70 la Facultad obtuvo resultados importantes como consecuencia del rápido desarrollo experimentado. Aquello llamó la atención de mucha gente dentro y fuera del país”.

A los muchachos con aptitudes para las ciencias hay que proporcionarles desde la primaria todo lo asimilable”. En la imagen, junto a estudiantes y colegas de un proyecto de colaboración entre la Universidad de La Habana y la Universidad de Bath, Reino Unido. (Foto: Cortesía de la entrevistada)

Por desgracia —lamenta—, en la actualidad la sociedad cubana no tiene mucha cultura científica. “Para empezar, usualmente separamos a la ciencia de la cultura, en el sentido más amplio de esta que trasciende a las artes. Luego viene la escasa presencia en los medios de comunicación, aunque en esto tal vez la culpa sea compartida por nosotros los científicos, pues a veces no le dedicamos tiempo a la divulgación. También hay revistas y publicaciones donde sí se abordan muy bien estos temas, pero sus tiradas son limitadas y llegan a pocos”.

Por Elena supimos que en la Sección de Ciencias Básicas de la Academia de Ciencias de Cuba se discute cómo hacer una mejor difusión del quehacer científico en la Isla. Sin embargo, en esa institución “todos tienen muchas responsabilidades como para dedicarse solo a la divulgación”.

Otro asunto motivo de diálogo en la Sección —comenta—, es lograr una mayor influencia en la política científica del país. “Algo hemos alcanzado. Recientemente conseguimos que el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) aprobara un programa de desarrollo de las ciencias básicas”.

Por razones estratégicas para la economía del país, los programas de desarrollo de Ciencia y Técnica del CITMA están dirigidos a la obtención de resultados a corto plazo; por tanto, “el tiempo necesario para recuperar el dinero invertido influye mucho en la aprobación de un proyecto. Ese período en ciencias básicas puede extenderse, pero si no hay apoyo no habrá desarrollo científico propio. Es cierto, no se puede investigar en todo, la selección es necesaria, pero no podemos aspirar solo al trabajo a corto plazo”.

—¿Cuál es su fórmula para relacionar investigación, docencia y hogar?

—¿Fórmula? Bueno, mucha dedicación a la familia y al trabajo. Disfruto dedicarle todo el tiempo a los dos.

Algunos consideran que hacer algo agradable significa estar de fiesta, pero yo no lo veo así. Claro, me gustan, como a cualquiera, las buenas películas, el ballet y el teatro, pero crear cosas me hace más feliz.

—Finalmente, ¿se considera una amenaza para los Estados Unidos?

—(Se ríe) ¡Qué va! ¡¿Cómo lo voy a ser?!



Notas

(1) Aludiendo la misma razón aquí satirizada, desde 1959 hasta la fecha el Gobierno de los Estados Unidos ha prohibido a cientos de científicos, investigadores y académicos cubanos viajar a esa nación para participar en cursos, congresos e intercambios docentes.

 

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