Una ciudad que respira

Autor: 

Andrea Desnoe
|
23 Marzo 2018
| |
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Crédito de fotografía: 

Archivo de J.T

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A 25 kilómetros de La Habana crece el Jardín Botánico Nacional. Durante medio siglo ha ido brotando y reverdeciendo. Para hacer honores a esa memoria, saldrá a la luz un libro que cuenta sobre los orígenes, los trabajos hechos para convertirlo en el espacio científico-recreativo que es hoy, y anécdotas de dos de sus más relevantes figuras: Fidel Castro y el Dr. Johannes Bisse. Por cortesía de la institución le presentamos un adelanto de algunas de ellas.


“Ese es el Fidel que yo conocí”

“Cuando soñaba una cosa era muy persistente”, recuerda Elida Valle Fernández, miembro del Equipo de Coordinación y Apoyo al Jardín Botánico Nacional, quien conoció bien al Comandante.

“Él quería un botánico nacional, y expresaba que sentía profunda admiración por los trabajadores de aquí porque empezaron de la nada, sembrando árboles. Le gustaba recorrer el Jardín y dar ideas, sentía una profunda preocupación porque la obra avanzara.

“Es increíble la capacidad que tenía para, aun con sus tantas obligaciones, sacar tiempo para revisar los planes del Botánico y visitarlo”.

Fidel Castro en el Jardín Botánico Nacional

Demasiado hormigón

(…)Elida Valle rememora que un domingo al llegar al Jardín, ya Fidel estaba allí. Había ido a ver cómo iban las obras en los pabellones expositivos. Al llegar, encuentra que las estructuras metálicas están cubiertas de una gran y compacta masa de cemento. Inconforme con lo que observa pone un pie en uno de los muros y declara: “Esto es demasiado hormigón. Tienen que bajar el nivel del mortero porque recuerden que estas obras se realizan en un botánico”.

Y sin embargo… no crece

Julio Baisre, primer director del JBN y decano de la Facultad de Biología, cuenta que en 1971, durante un encuentro con el Comandante este le pregunta qué es lo que se está haciendo en el Jardín.

A la explicación de que están recogiendo piedras para dejar el terreno limpio y poder usar las chapeadoras, Fidel se levanta y dice, “eso es muy bueno porque el “botánico” está muy atrasado ¿Qué le pasa que está tan atrasado?”.

Su idea era realizar el mismo procedimiento que con el Parque “Lenin”, motear todas las plantas, un sistema que no funcionaría igual en el Jardín porque rompería con la estructura creada de dividirlo por zonas geográficas. Y así se lo explica Julio Baisre.

- ¡Pero ustedes están atrasados!

- Bueno sí, tenemos un poco de hierba – responde Julio.

- No, tienen bastante. ¿Qué te hace falta?

Entonces Julio le dice: “mire Comandante, necesitamos una chapeadora, un camión de volteo, tractores…”. Pero Fidel coge su agenda, y le pide que escriba en ella todo lo que hace falta. El aludido empieza a anotar y cuando se la va a dar al rector de la Universidad, el Dr. José Miyar Barruecos, él se la arrebata, lee la lista y dice que está bien. Entonces el 6 de enero de 1972 llega una caravana de camiones y tractores al JBN. Era el pedido que había hecho.

Instantáneas de monte y ciudad

Johannes Bisse

Gran estatura, pasos cortos y voz gutural son los rasgos más recordados por quienes convivieron junto a Bisse. Siempre callado y capaz de escuchar a los demás. Su regia compostura disentía de la sencillez que también demostraba. Mientras, otros se sorprendían de la locuacidad del profesor en el español, un idioma tan alejado de su lengua materna.

Era un hombre enamorado de su profesión, afable, capaz de relacionarse con todos, incluidos los guajiros a los cuales conocía durante sus travesías a los montes.

“¡Ya Juan sabe!”

Su afán por descubrir cada palmo de la Isla, lo llevó a interactuar con los campesinos nativos de las zonas de colectas, a las que iba periódicamente. Con maña se acercaba a quienes vivían en esos parajes y les sacaba toda gota de información.

“¿Ha visto usted una planta con estas características? ¿Para qué la usa? ¿Cuándo la vio por última vez?”, eran algunas de sus inquietudes más frecuentes. Y mientras sus alumnos le llamaban ceremoniosamente Dr. Bisse, él prefería rebautizarse para dialogar con los lugareños y guías de la Empresa Forestal.

En cierta oportunidad, uno de aquellos hombres capaces de aclarar los intrincados caminos, debía separarse del grupo de exploradores en algún punto del recorrido. Varios expedicionarios se acercaron a él y manifestaron su preocupación sobre cómo llegar solos al destino pautado.

Por única respuesta escucharon: “No hay problemas, Juan sabe. A quien le expliqué cómo llegar fue a él”.

Sus palabras llevaron a todos a la confusión. Entre los integrantes nadie respondía a ese nombre. Poco después comprendieron que el profesor había encontrado para su enrevesado “Johannes”, una variante muy cubana.

“Ni un derrumbe más”

Los estereotipos indicaban que ese hombre en extremo serio para su trabajo, seguramente carecía de la jocosidad propia de la Isla. Sin embargo, una vis cómica, mostrada con reiteración en los escenarios campestres, desmitificaba tales prejuicios.

Carlos Sánchez, especialista en helechos que muchas veces viajó con él, aprendió de primera mano la lección. Este joven, aficionado a cantar durante el trabajo, lanzaba al aire estribillos de la música de moda. Fue en una de las expediciones que logró colmar la paciencia de Bisse. El tema de turno era del mexicano Emmanuel. 

“Todo se derrumbó dentro de mí, dentro de mí”, repetía incansable mientras los compañeros se empeñaban en caminar por intrincados montes. Desafortunadamente, no conocía más que aquella cansina frase de toda la letra de la canción. De repente, el profesor se volteó hacia él y sin ánimos de regaños le dijo socarronamente: “Oiga, Carlitos, ni un derrumbe más”. Sellando con las risas colectivas el inoportuno concierto.

Yo no me baño
En el año 1967 Idelfonso Silva, chofer del departamento de transporte de la UH comienza a trabajar directamente con el Dr. Bisse. La difícil relación inicial fue transformándose, poco a poco, en una sólida amistad.

En uno de los viajes que ambos realizaran a las lomas, una simpática situación trascendería en la memoria colectiva, convirtiéndose en obligada anécdota.

Después de un intenso día de trabajo, al llegar al improvisado campamento y con un hambre voraz, ambos degustaron de la comida. Esa noche debían compartir la tienda de campaña, por lo que el profesor decidió que era hora de asearse.

Por su parte, Silva, argumentó que no podía bañarse porque eso era dañino para la digestión. Asombrado, el alemán le explicó que eso no estaba científicamente probado y que era solo un problema cultural, heredado de la burguesía que dormía la siesta seguidamente de las comidas.

Sin embargo, Silva dio fin a la conversación con un tajante: “Eso está muy bien, pero yo no me baño”.

Línea de tiempo

- 6 de enero de 1968: Fidel anuncia durante su discurso en la inauguración del pueblo de Valle Grande en el entonces Cordón de La Habana, la creación de un Jardín Botánico Nacional (JBN).

- 1969: Comienzan los trabajos en el JBN. Limpieza de los terrenos, colectas a campo, construcción de viveros provisionales, primera gran siembra de árboles.

- 1969-1972: Construcción de la red vial, las naves de los viveros definitivos y el Laboratorio de Fisiología Vegetal, así como preparar y adaptar casas para laboratorios, el herbario y biblioteca provisionales.

- 1978- Es asignado personal para conformar una brigada que realizara los moteos de árboles, además del equipamiento necesario para la tarea.

- 1978-1980: Se realizan viajes al extranjero para enriquecer las colecciones

- 1980: Comienza la construcción del Acceso principal y la Zona Ecológico-Didáctica.

- 1983: Da inicio el levantamiento de los primeros pabellones de exposición.

- 24 de marzo de 1984: Abre al público.

- 1987: Son inaugurados los actuales Pabellones de exposición

- Julio de 1987: Surge la idea de construir un Jardín Japonés

- 4 de enero de 1989: Inauguración oficial del Jardín Botánico Nacional junto con EXPOCUBA.

- 26 de octubre de 1989: Se funda el Jardín Japonés

- 1990: Se construye el edificio socio-administrativo y la Red Nacional de Jardines Botánicos.

- 28 de enero de 1992: Abre el Eco-Restorán “El Bambú”, importante sitio para la educación ambiental y la creación de hábitos alimenticios saludables.

- 2003: Surge el Grupo de Especialistas de Plantas Cubanas (GEPC), perteneciente a la Comisión de Supervivencia de las Especies.

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