Conteo Regresivo

Autor: 

Yanel Blanco Miranda
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08 Febrero 2019
| |
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6, 5, 4..., el cambio climático avanza, es una certeza, como también que la acción del ser humano lo agudiza. Los ciclos de sequía, ciclones o fortísimas lluvias tienen cada vez más un impacto negativo en la producción agrícola. Por tal motivo, la disponibilidad de comida disminuye y aumenta la inseguridad alimentaria. Incógnitas como cuál será el destino de la agricultura si tales extremos climáticos persisten o empeoran, son motivo de preocupación, sobre todo para las personas que trabajan la tierra. Según Ransés J. Vázquez Montenegro, investigador del Centro de Meteorología Agrícola, del Instituto de Meteorología de Cuba, un estudio que tributó a la I y II Comunicación Nacional de Cambio Climático (CC), permitió justamente evaluar el impacto de este en los ecosistemas natura- les del archipiélago, a través del análisis de la sequía agrícola (no comienza cuando cesa la lluvia, sino cuando las raíces de la planta no pueden obtener más humedad del suelo), la susceptibilidad de incendios y la aridez, entre otros parámetros.

Asimismo, definió las áreas que el Ministerio de la Agricultura (MINAG) necesitaba priorizar desde el punto de vista investigativo. Cultivos como el arroz, la papa, el tabaco, más la crianza de cerdos, emergieron como los renglones productivos que mayor preocupación despiertan entre los productores y campesinos debido al aumento de las temperaturas. También constituye motivo de inquietud la presencia de sequías prolongadas y frecuentes, el severo défi cit de lluvias, el avance de los paisajes secos de la zona oriental hacia la occidental y el incremento en la violencia de fenómenos como los huracanes.

En la XIV Conferencia Internacional sobre Ciencia y Tecnología de los Alimentos celebrada en el Palacio de Convenciones de La Habana, el Dr. Sergio Rodríguez Morales, director del Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT), alertaba sobre la urgente necesidad de buscar mecanismos para adaptarnos o mitigar los efectos que el cambio climático (CC) ocasiona en Cuba. Estos pueden resumirse en: disminución de las áreas para cultivos (por inundaciones, sequías, acidificación, salinización o erosión del suelo); afectación en la productividad y fisiología de las plantas; variaciones inesperadas en los periodos de siembra y cosecha; alteraciones en la dinámica de plagas y enfermedades; y extinción de especies animales y vegetales. Mucho se ha hablado en los últimos años del perjuicio del CC y en la actualidad ya se están cuantificando los costos que acarreará.

 

Solo para América Latina y el Caribe se espera que los daños anuales sean de alrededor de los cien mil millones de dólares hacia el 2050, considerando mermas en los rendimientos agrícolas, inundaciones y sequías. No obstante, el Dr. Sergio Rodríguez reconoció que, para Cuba, lo más acuciante son los embates de los huracanes por el estrago que ocasionan a la agricultura. “Tenemos que seguir diseñando estrategias para evitar o mitigar el impacto de estos eventos meteorológicos. Diversificar la producción con aquellos cultivos más tolerantes es la forma de hacerlo “Los agricultores cubanos enfrentan un gran reto, pues el 76 por ciento de todas las áreas cultivables tienen suelos pocos productivos. Además, existe una tendencia hacia la elevación de las temperaturas, y la diferencia entre las diurnas y nocturnas es cada vez menor. Por cada grado centígrado que aumente disminuye un diez por ciento los rendimientos”. Costas, aguas, cortinas En el 2017 fue aprobado por el Consejo de Ministros el Plan de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático (conocido como Tarea Vida), coordinado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma). Su principal objetivo, presentar un programa integral con los pasos a desarrollar para prevenir y enfrentar los peligros y vulnerabilidades a corto, mediano, largo y muy largo plazos.

En tal sentido, el MINAG dio a conocer las acciones estratégicas que, como institución encargada de la producción alimentaria, realizarían para adaptarse a las condiciones existentes.  Un diagnóstico de la actividad agropecuaria y forestal en los 73 municipios priorizados en la Tarea Vida, determinó cuáles serían las zonas a trabajar en la primera etapa: el área comprendida entre la franja costera y el límite inferior de la curva de intrusión salina, donde se originarán las mayores afectaciones. “Esto resultó necesario, pues los términos establecidos por el Citma son bastante largos, y debíamos concentrar lo que queríamos hacer, sin perder de vista el escenario económico financiero del país”, señaló Yamilet Lamothe Crespo, Subdirectora de Ciencia y Técnica, Innovación y Medio Ambiente del MINAG, en el Taller Nacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, celebrado en el Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical “Alejandro de Humboldt” (INIFAT).

En Cuba, el fondo agrícola abarca los seis millones 600 mil hectáreas. Tres millones 61 mil corresponden a los 73 municipios priorizados por la Tarea Vida y de ellas, dos millones 207 mil están en el área delimitada por la curva de instrucción salina. Si a eso sumamos los problemas asociados con la obsolescencia tecnológica del equipamiento de riego instalado o a la mala gestión de las tierras con disponibilidad de agua, el desafío se avizora ciclópeo. Para Sergio Rodríguez, también diputado al Parlamento, es en la utilización de la ciencia don- de está la base para un buen desarrollo agrícola. También en rescatar técnicas como las cortinas rompe vientos, el intercalamiento de cultivos o los postes vivos. “No digo que volvamos a usar la casuarina, pero hay plantas útiles para la alimentación humana que cumplirían la misma función. Tal es el caso del árbol de tamarindo. Hay que buscar alternativas, porque lo que no puede suceder es que cada vez que pase un ciclón por nuestros campos, nos quedemos sin plátanos”, advirtió. Asimismo, insistió en tener una agroindustria fortalecida y diversifi cada, que responda a las características de cada municipio y que garantice la sostenibilidad de los productos en periodos don- de no resulta posible obtenerlos frescos.

Soluciones a la mano

A la caza de los ejemplos donde se ponga de manifiesto el uso de la ciencia, la tecnología y las prácticas artesanales en la mitigación y adaptación al cambio climático, anda JT. La Empresa Agroindustrial Victoria de Girón, en Matanzas, propone un modelo modesto, pero funcional a sus condiciones. Creada en 1967, está dedicada a la obtención de cítricos con diez mil 500 hectáreas (ha), aunque en la actualidad posee siembras de otros frutales (alrededor de dos mil 900 ha), casas de cultivos protegidos (15,31 ha) y ganadería (14 mil ha con más de 14 mil cabezas de ganado). Con respecto a su principal producto, existe un plan de desarrollo encaminado a renovar anual- mente mil hectáreas de las plantaciones dañadas por el impacto de las enfermedades. “Esto posibilita mejorar los sembradíos. Además, nos permite hacerlo con marcos más estrechos, donde se pueda pagar la inversión hecha en las toronjas en unos cuatro años y las naranjas en cinco y medio”, señaló Armando Perdomo García, director de la empresa.

Debido a las características de su pedregoso terreno y al fuerte impacto de las corrientes de aire en sus plantaciones, han colocado cortinas rompe vientos a la orilla de la carretera para que proteja las siembras. También, para prevenir la degradación, han puesto césped en los campos cultivados sembrados y mantienen así el suelo cubierto.  De cara a la ganadería, han instalado 34 paneles solares con los que se les garantiza el agua a los animales; los propios hollejos de los cítricos que procesa la industria, les sirven de alimento. Otra variante utilizada en esta empresa para obtener buenos rendimientos y atenuar los impactos del cambio climático, consiste en emplear la zeolita como sustrato en las casas de cultivos protegidos; así se sustituye la tierra o materia orgánica por ese mineral.

Juan Carlos Anzardo, director de Cultivos Protegidos del Grupo Agrícola, explicó que esas “construcciones poseen buenos sistemas de drenaje y se encuentran cubiertas de plástico para evitar que las lluvias dañen los sembrados. Sin embargo, cuando el nivel de precipitación es tan alto como sucedió con la tormenta tropical Alberto en mayo, el agua sube por el manto freático y provoca asfixia radicular en las plantas”.

Las 145 casas, distribuidas en cuatro módulos, están separadas por unos 20 kilómetros para evitar los estragos que causan las tormentas locales, principales enemigas de esta tecnología. Porque, “aun- que en las empresas existen brigadas de respuesta rápida, ante los fuertes vientos que ocasionan estos fenómenos es casi imposible actuar”, refiere Juan Carlos Anzardo. Para Misael Ponce Lugo, su finca Vista Hermosa (68 hectáreas), en la Habana del Este, es un orgullo. Heredada de su bisabuelo, es referente en la producción de ganado y cultivos varios.

Recuerda que cuando solo contaban con un pequeño terreno aprendió la importancia de reciclar toda la materia orgánica que generaban sus anima- les. Esto les permitía alcanzar mayor eficiencia en la siembra de los pastos y forrajes.   “Nuestro principal eslabón es la cría de vacunos. De ahí la necesidad de cosechar altos niveles de alimentos y prepararnos para la época de sequía que cada vez se alarga más”, apunta Misael.

Durante la primavera los animales son capaces de sobrevivir solo comiendo pasto y una pequeña porción de forraje. No obstante, al llegar la sequía todo cambia.“Años atrás nos preparábamos solo para cuatro meses de seca, pero hoy estamos hablando de seis, quizás ocho. Por eso es vital aprovechar la estación de las lluvias para cosechar y conservar el alimento. Tenemos que sembrar la tierra con plantas que rin- dan más por hectáreas”. 3, 2, 1… la cuenta casi llega a cero, al punto de no retorno. Enfrentar el cambio climático demanda rapidez, flexibilidad en la toma de decisiones.

Nuevo clon de plátano burro de porte bajo que se afecta por los vientos en un 60 por ciento

menos en comparación con el “Burro CEMSA”. (Foto: cortesía de
Sergio Rodríguez Morales)

No es suficiente con que los centros de investigaciones dedicados al desarrollo agrícola, trabajen en el perfeccionamiento de nuevas variedades. Hay que llevar esa ciencia a los surcos. La producción agroalimentaria precisa de ese cambio de mentalidad del que tanto se habla. Continuar con el uso de las mismas especies o razas, en un mundo donde el clima se deteriora constantemente, ya no es factible.

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