Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo

Autor: 

Egla Águila Gamboa
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21 Septiembre 2020
| |
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Crédito de fotografía: 

tomada de http://grecia1eso.blogspot.com

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Desde el inicio de los tiempos, los primeros hombres, limitándose a la mera existencia, no conocían la amplia naturaleza que los asediaba. Por fortuna, comenzaron a aparecer personas que, por primera vez, se cuestionaban todo lo que acontecía a su alrededor y trataban de refutar, de manera científica o filosófica lo que no entendían. Fueron estas mentes brillantes las que prepararon el camino y las primeras herramientas para que los posteriores investigadores tuvieran una base por donde empezar.

Cuando viajamos en el longevo tiempo planetario y nos remontamos a la Antigua Grecia, encontramos un periodo histórico rebosado de un indiscutible potencial científico, filosófico, artístico y lingüístico. Arribando específicamente al siglo III a.c., cuando Roma en su ansioso afán se apodera de los estados helénicos y goza de un gran poder político-militar, y en el que a los griegos se les resaltaba su poder científico, nace uno de los matemáticos más grandes grandes de la historia, Arquímedes de Siracusa.

Viajar en barco, calcular superficies o levantar cosas sumamente pesadas, son acciones que a los ojos contemporáneos pueden ser catalogadas como cotidianas, sin embargo, hasta hace más de dos mil años se creían imposibles.

Arquímedes, originario de Siracusa, también físico, ingeniero e inventor, dejó de legado un arsenal de obras llenas de personalidad, arte, belleza y orden, que muestran, de alguna forma, su herencia familiar: un padre astrónomo, un abuelo artista y su conexión con la Biblioteca alejandrina.

A él se le admira por, desde muy joven, resolver el problema de desecación de los pantanos egipcios, lo cual hasta ese entonces se creía imposible de solucionar y al que dio respuesta mediante los diques móviles. Este notable hombre, tambiénconocido como “Genio de Siracusa”, logró acelerar el avance matemático, no solo de manera teórica, sino llevando algunos aspectos científicos y técnicos a la práctica.

No pocos de sus inventos sirvieron no solo para facilitar muchas de las actividades trabajosas de su tiempo, sino también fueron provechosos para mantener lejos a la armada romana. Entre sus más destacados artefactos usados como dispositivos de guerra, encontramos la catapulta, el sistema de espejos con el cual aprovechando la luz solar incendiaban los barcos romanos que tenían a su alcance; y no podemos dejar de denotar una de las armas más temidas: la garra, una palanca con un gancho de agarre en la punta que volcaba a cada barco que atrapaba.

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La catapulta y la garra (Imágenes tomadas de greelane.com y Revista de Historia)

Pero todos sus inventos no fueron siempre con fines bélicos; también a este genio se le acredita la idea del odómetro que calculaba la cantidad de kilómetros que transitaba una persona; el tornillo de Arquímedes, que se basaba en elevar el agua a un nivel mayor; el planetario, un mecanismo que imitaba el movimiento de los planetas; la palanca, con la cual se podían levantar objetos muy pesados y echar a un lado la fuerza abrupta de muchas personas en la construcción de edificios. En relación con esta, se le atribuye la famosa frase: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”.

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El tornillo de Arquimedes, para extraer agua.

El pensamiento científico de Arquímedes era parte de su concepción matemática. Revolucionó la mecánica, inventó la hidroestática y fundó el estudio preciso de sólidos más complejos. Muchos fueron los descubrimientos de este gran geómetra griego y, entre tantos, no podemos dejar de apuntar su determinación del valor aproximado de Pi, en lo cual falló por apenas unas milésimas debido al escaso material de trabajo con que contaba; sus estudios sobre esferas,cilindros, conoides y esferoides; el problema de los bueyes; la cuadratura de la parábola; entre otros.

Cuanto más se lee de dicho sabio, nuestras mentes se deleitan en un vasto caudal de ideas y emociones que nos permiten comprender la complejidad de todas aquellas cuestiones que fueron llevadas de la teoría a la práctica.

La anécdota más desbordante de Arquímedes es la de la corona de oro de Hieron II. La historia cuenta que Hieron II entregó a un artesano una cierta cantidad de piezas de oro para forjar una corona, pero, al tener indicios de que este había acaparado parte de las riquezas, decidió llevar a Arquímedes la corona para que probara el fraude. Un día el inventor griego, mientras iba a darse un baño, algo preocuupado por no poder hallar aún la respuesta al pedido de su rey, pues no le estaba permitido hacerle ningún rasguño a aquella reliquia, mientras se sumergía en la bañera pudo observar que el agua se desbordaba. Esta delicada observación hecha por el matemático le hizo responder todos los acertijos que se cuestionaba y, sin guardarse la alegría, salió corriendo desnudo por la calle mientras gritaba: ¡Eureka! ¡Eureka! (¡Lo he encontrado, lo he encontrado!).

Este descubrimiento fue nombrado Principio de Arquímedes, y alega que todo cuerpo sumergido, ya sea parcial o totalmente en un líquido estático, será empujado con una fuerza igual al peso del volumen de fluido desplazado por dicho objeto. Este principio, además de ser crucial en el cálculo de volúmenes, también fue un punto clave en el perfeccionamiento de la flotación de los barcos, globos aerostáticos, submarinos, etc.

El gran genio inventor, con sus grandes ideas, se convertiría en uno de los miembros más sobresalientes del periodo de oro de la matemática griega. Sobre su muerte se comentan muchas versiones, pero la más acertada es que mientras los romanos lograron introducirse en la ciudad y la Magna Grecia caía ante su mandato, Arquímedes estaba resolviendo un problema en el suelo. Un soldado romano, del que se desconoce su identidad, entra en el lugar en el que se hallaba el sabio y le obliga a ir a alabar al nuevo rey, a lo que su respuesta fue: ¡NO TOQUES MIS CÍRCULOS! Luego de ello, el soldado desenvainando su espada le da muerte, a pesar de que tenían ordenado no hacerle daño.

Y fue así que terminó la historia de tan notable hombre, que dedicó sus 75 años al descubrimiento y la mejoría de sus semejantes, quien vivió por darle a su sociedad una base de sustento científico por el cual se guiarían las futuras generaciones; un genio que incluso dio la vida protegiendo sus círculos.

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Más de cien años después de su muerte, el gran orador Cicerón decidió buscar la tumba de Arquímedes, dando satisfactoriamente con ella; tenía inscrita una esfera dentro de un cilindro como mención a uno de sus más grandes hallazgos. El “Genio de Siracusa” indudablemente nos dejó el más grande punto de apoyo de la historia, el legado de sus ideas e inventos, para que nostoros partiendo de ese mismo punto de apoyo, podamos, como él, mover el mundo.

Foto: tomada de: Arte y Matemáticas

 

 

 

*Egla Águila Gamboa, estudiante de Artes y Letras de la Universidad de la Habana



 

 

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