Depredadores al acecho

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
|
17 Abril 2019
| |
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Crédito de fotografía: 

Redacción de JT

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Hoy pudieras hacer un pequeño ejercicio mental. Piensa que eres un joven investigador o investigadora a punto de discutir tu tesis doctoral. Aunque llevas algún tiempo trabajando por posicionar los datos de tus pesquisas en revistas académicas, no ha resultado una tarea sencilla. Todavía te quedan resultados por publicar, de acuerdo con lo establecido por la comisión de grado a la cual se subordina tu especialidad.

Imagina, frente a ese panorama, que alguien te ofrece una opción capaz de ayudarte a alcanzar esa meta ineludible para tu desarrollo profesional.

El auxilio viene en forma de un llamativo correo electrónico, desde una revista hasta ahora desconocida. Un editor “X” te invita a enviar tus trabajos. Adjunta una dirección URL que, cuando abres, te dirige a una página web con abundante información, enlace a números ya publicados, un cuerpo editorial internacional con nombres de investigadores de prestigiosas instituciones a nivel mundial, un número ISSN, un factor de impacto, una lista de bases bibliográficas en las que aparece la revista, instrucciones para los autores… Todo ello respalda la calidad y confiabilidad de la publicación y piensas que tus resultados estarían complacidos si te los aceptaran en ella.

Por demás, te aclaran que se trata de una revista de libre acceso (los lectores no pagan), que pondrá tu trabajo en la web al alcance de todos, sin costo para los lectores, y que con ello tus resultados tendrán amplia difusión internacional. Si ya has publicado antes y tus artículos están en revistas incluidas en bases internacionales, probablemente, “X” refiera en su email que ha leído tu trabajo tal, publicado en más cual. Con locuacidad, alabará tu obra precedente y te hará saber cuán honrado se sentirá su equipo si decidieras enviarles algún texto más reciente.

Luego, el correo hablará de la posibilidad de publicar el documento en apenas dos semanas. Te ofrecen una muy rápida revisión por pares (es decir, por especialistas reconocidos que de manera anónima le comentan al editor los aspectos a mejorar y las virtudes de tu trabajo… cuando se hace como se debe). La revista cobrará solo una módica suma al autor para cubrir los gastos de edición y mantenimiento de la página e, incluso, te ofrecerán una reducción en el costo si tuvieras dificultades para pagar.

A primera vista parece beneficioso para ti. ¿Y quién se resistiría a semejante tentación?

Investigadores de todo el orbe reciben invitaciones como esta diariamente, incluso, muchas cada día. Desafortunadamente, algunos, aún inexpertos, creen en las “desinteresadas” intenciones y son atrapados.

Tales revistas y sus casas editoras se conocen como “depredadoras”: su único propósito es cobrar el dinero de los ingenuos. No hay revisión por pares, no hay trabajo editorial… y si se trata de libros, ¡no hay libro impreso! Lo que sí sale siempre afectado es el prestigio de quienes allí publican.

Modus operandi

Si bien la terminología que se usa hoy para referirse a este tipo particular de estafadores fue acuñada en 2008, los primeros casos ya tenían al menos un lustro de antigüedad. Con el paso de los años, el número de engaños ha ido en ascenso.

De acuerdo con un artículo del periódico inglés The Guardian, divulgado en septiembre de 2018, más de 175 mil textos científicos fueron publicados por casas editoras falsas en la última década.

Pero, ¿cómo consiguen contactar estos farsantes a tantos investigadores en todo el planeta?

 

La doctora Lila Castellanos Serra, miembro de mérito de la Academia de Ciencias de Cuba y del Consejo Asesor de Publicaciones de la Editorial de Ciencias Médicas, recibe continuamente este tipo de misivas digitales. Ella comenta acerca del fenómeno a Juventud Técnica.

“Hoy día, con los potentes buscadores automáticos, es muy fácil localizar a expertos de una determinada rama del conocimiento. Puedes tener los nombres de personas que han publicado sobre cualquier tema instantáneamente, sin intervención humana. Luego, de igual forma, haces un envío de tu mensaje a todos.

“No solo ocurre con invitaciones a publicar, también pasa con supuestos congresos (a los que no va ningún profesional de alto nivel, solo los incautos) y ocurre con los libros que nunca se imprimen, nunca pasan por revisión editorial y solo aparecen anunciados en el sitio: si alguien lo quiere, recibe una copia hecha en una impresora de oficina — previo pago, del cual el autor nada recibe — . Y para colmo de males, el escritor pierde todos los derechos sobre el material enviado.

“Muchas de estas revistas depredadoras dan a entender que son auspiciadas por importantes centros internacionales. Dentro del cuerpo editorial de la supuesta publicación periódica se mencionan figuras, incluso prominentes, las cuales no han sido consultadas y desconocen de su presencia ahí”, enfatizó la investigadora. Incluso, modifican con sutileza los nombres de personalidades de las ciencias, les inventan direcciones de correo ligeramente adulteradas o inexistentes. Es una maquinaria infernal para hacer caer a los inexpertos”.

Los editores, con ansias de timar, postulan que sus publicaciones están indexadas en bases de datos especializadas como Scopus, Web of Science o PubMed Central. A veces, en bases bibliográficas inventadas también, en las que sí aparecen, pero que son un sello distintivo de fraude, pues refieren índices de impacto falsos. Lamentablemente, algunas de esas revistas llegaron a estar inscritas alguna vez en el Directorio de Revistas de Acceso Abierto (DOAJ, por sus siglas en inglés), y, si bien ya no aparecen en el Directorio, siguen anunciando su presencia en él.

Castellanos Serra, quien es también miembro de la Academia de Ciencias del Mundo (TWAS), advierte además que los mensajes electrónicos vienen acompañados de indicadores carentes de validez desde el punto de vista bibliométrico.

Por ejemplo, incluyen el Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas (ISSN, por sus siglas en inglés). El número ISSN se adjudica a publicaciones periódicas y recursos continuos de toda clase y editados en cualquier soporte, ya sean impresos en papel o en formato digital. No es ninguna certificación de calidad. “Es simplemente una constancia a través de la cual se demuestra la inscripción de un texto”.

 

Otro tanto sucede con el Número Internacional Normalizado del Libro (ISBN). En 2012, el doctor Luis Carlos Silva publicó un artículo con la Editorial de Ciencias Médicas Cubanas, donde alerta a la comunidad científica del país que tal código puede ser conseguido por cualquier editor (o individuo que se declare como tal) mediante un sencillo trámite burocrático, sin costo alguno.

Los factores de impacto son otras referencias adulteradas. “Muchas de las revistas depredadoras citan valores recopilados por supuestos servicios de análisis, tan fraudulentos como las primeras. Son fáciles de identificar pues los citan casi todas las revistas y casas editoras depredadoras”, señaló la doctora Lila Castellanos.

El engañoso sistema de entidades fraudulentas se caracteriza por la ausencia de un verdadero proceso de revisión por pares. Prometen la rápida revisión de los trabajos, pero esta no se efectúa. Mientras más trabajos aprueben y publiquen, más dinero hacen”, expresó la investigadora.

Para demostrar la inexistencia de este importante paso, uno de los reporteros de TheGuardian generó un artículo falso que cumplía con la estructura y los requisitos de un texto académico. Automáticamente después, fue aceptado y publicado por una revista fantasma.

La Dra. Castellanos Serra sostiene que el examen por árbitros especiali­za­dos es impres­cin­dible hoy día para sacar a la luz un artículo científico.

“Se trata de un importante beneficio para to­dos los inves­tigadores y del que sale ganando la ciencia. De forma gratuita, los revisores contribuyen con sus análisis a mejorar la calidad de las publicaciones. Las editoriales depredadoras no tienen esto en cuenta; su único interés es que un mayor número de científicos acceda a pagarles”.

Y… ¿qué pasa con los congresos?

Además de las publicaciones académicas, otra importante manera de socializar, validar o no el conocimiento científico son las reuniones de expertos, especialmente, los congresos internacionales. Desafortunadamente, la pericia de algunos embaucadores también asalta esos escenarios.

Los congresos falsos son convocados por organizaciones fantasmas. Las invitaciones a estos eventos anuncian la posible asistencia de destacados investigadores, lo cual no ocurre.

Otro importante gancho para atraer a las personas es la ubicación de los congresos. Casi siempre estos tienen lugar en locaciones muy atractivas y se complementan con ofertas de visitas turísticas, con un costo adicional al ya elevado que cubre solo la inscripción en el cónclave.

Si solicitan un resumen de las posibles ponencias, estas son aprobadas al instante, una evidencia más de que los trabajos no son analizados por especialistas.

“Investigadores, víctimas de esta clase de eventos, han narrado sus experiencias en la web. Refieren que no se trata de más de cinco o diez personas alrededor de una mesa, todos perplejos, comentando algo sobre sus trabajos. No hay figuras importantes. Todo un fraude cuyo único objetivo es el dinero”, relató la profesora Lila Castellanos.

La experta revela que los organizadores también incentivan la presencia de los científicos asegurando la publicación de las ponencias a modo de artículos. Ahí radica un punto débil, capaz de ayudar a desenmascarar a los embaucadores.

“Casi siempre, los depredadores explican que no se trata de la primera edición del congreso. Si es así, puedes confirmar tus sospechas si pides al supuesto comité organizador alguno de los documentos publicados ya presentados en años anteriores. Nunca obtienes respuesta o te los encuentras publicados en una revista depredadora”.

Remedios contra la ingenuidad

 

De acuerdo con la investigadora Castellanos Serra, para analizar las editoriales fantasmas es necesario comentar las características de las publicaciones de acceso abierto (Open Access, en inglés). A fines del siglo pasado, el panorama de la publicación científica comenzó a cambiar gracias a un movimiento internacional que defiende la libre disponibilidad del conocimiento para todas las personas, sin barreras económicas.

“Desde el siglo XVIII, las revistas son auspiciadas y producidas por sociedades científicas y, más en la contemporaneidad, por grandes compañías editoriales. Los lectores, tradicionalmente, deben pagar para acceder a los contenidos (lo que en inglés se denomina pay per view)”.

Más recientemente ha ocurrido un cambio en el financiamiento de las publicaciones. Una de las corrientes del acceso abierto defiende que deben ser los autores (más bien, sus instituciones) quienes asuman los costos de la divulgación de sus artículos (pay per publish).

“Sería más conveniente si los trabajos fueran publicados, sin que nadie pague — ni lectores, ni casas editoras — . En el mundo existen varias revistas así, que operan gracias a donaciones. Pero todo tiene sus lados positivos y negativos: hay que defender la independencia de las casas editoras respecto a las decisiones de aceptación de trabajos, no pueden recibir presiones de los financiadores en este sentido.

“El acceso abierto es un gran paso de avance en la difusión libre del conocimiento. Ha beneficiado mucho a los científicos de los países menos desarrollados, cuyas instituciones no disponen de fondos enormes para adquirir las revistas. Las ideas defendidas por quienes promovieron y sustentan el libre acceso al conocimiento motivaron a muchas revistas científicas ya consolidadas a adoptarlo. Pero comenzó la proliferación de quienes crearon el engendro.

“Es importante aclarar que quienes atacan a las editoriales depredadoras, muchas veces también pretenden dañar al acceso abierto y, de esa forma, se proponen defender a las grandes compañías editoras tradicionales. Es una situación compleja que requiere una evaluación crítica. Sobre todo, en el caso de los países subdesarrollados como Cuba, donde debemos defender el acceso abierto a la literatura internacional”, enfatizó la profesora Castellanos Serra.

Para no caer en la trampa

 

Hace falta un mínimo de suspicacia y sentido común para aprender a descubrir tales fraudes. Solo con encontrar un elemento falso es suficiente para desenmascarar la trama En los recuadros anexos encontrarás algunos consejos útiles para identificar las casas editoras y las revistas depredadoras y los falsos congresos.

“A veces basta con leer el mensaje que te envían. Muchos, incluso, tienen errores de redacción. Detectar los fraudes requiere de un poquito de tiempo y de navegación por la web pero tendrás la seguridad de no ser burlado”, expresó Castellanos Serra.

Publicar con una de estas casas editoras es muy dañino. En primer lugar, demuestra una total ignorancia sobre los bandidos del mundo editorial. Incluso, citar algún trabajo publicado por ellos afecta el crédito del autor, pues evidencia una pobre evaluación crítica de la literatura que consulta.

“Adicionalmente, la ciencia se rige por un principio que establece que un artículo, o parte de él, no puede ser publicado dos veces. Solo si una revista no acepta publicar tu texto, entonces puedes enviarlo a otra. Si tu investigación cae en manos de una editorial fantasma, aunque esta sea desenmascarada, según ese principio no puedes llevarlo a otra pues ya ha sido publicado”, aseguró la miembro de la ACC.

Ante la potencialidad de caer en tales trampas, es necesario articular alertas más tempranas. Los tutores de maestrías y doctorados deben prevenir a sus estudiantes sobre esta clase de estafa. Desde antes, incluso durante el pregrado, los futuros científicos debieran ser preparados para batirse en esa “selva” donde acechan, solapados, los depredadores.

“Si este artículo te resultó interesante y te ayuda a no caer en la trampa, tú puedes contribuir a evitar que otros caigan: alerta a tus colegas y amigos y facilítales su lectura”, señala la entrevistada.”

Por supuesto, la existencia de editoriales depredadoras no debe incidir en la voluntad de publicar artículos científicos. ¿Por qué?

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