Desandar las ciencias con pupilas nuevas

Autor: 

María Lucía Expósito
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06 Junio 2018
| |
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Pasos en pocas zancadas marcaban trayectorias indescifrables, las voces henchidas, los ojos saltones y brillosos a la expectativa, en espera del nuevo truco que hiciera mover sus pequeñas maquinarias; y es que el sábado 2 de junio, el Gran Parque Metropolitano de La Habana sirvió de escenario para acoger en sus parajes a niños de distintas edades con un fin común: hacer un pacto con las ciencias.

Desde arriba, en picada, podían verse como hormiguitas de un extremo a otro del parque. Ya abajo, los senderos del Almendares estaban llenos de múltiples espacios para promover el movimiento científico en sus distintas modalidades, presentaciones culturales en pos de una conciencia medioambiental, así como juegos de participación. Los motivó el Día internacional de la infancia y la jornada por el Día mundial del medio ambiente.

Unos se adentraban en el sendero más alejado, donde estaban los proyectos de centros de investigación y universidades, mientras que los demás se aventuraban con el ajedrez, las damas chinas y otros desafíos deportivos con más movimiento y música integrada. Tras una de las cafeterías estaba la magia, más telescopios, brújulas microscopios, plantas exóticas, colecciones de mariposas, rocas volcánicas, metales, ilusiones ópticas, medicamentos a partir de plantas… Las preguntas de los infantes iban y venían, muchas de ellas asombraban a los propios expositores.

 
 
(Fotos: Kianay Anandra Pérez)

Como las de Alejandro Medina, un adolescente que con escasos 12 años ya tiene “el chip” de las matemáticas integrado: el punto a favor de saber nociones sobre integradas y derivadas. Su madre me lo señaló con el dedo, por donde estaban los físicos; el experimento de la presión que posee cuerpo humano lo había atraído en ese momento. Me acerqué y en anonimato advertí su sed por los números aplicados a la naturaleza. Resulta que, además, es amante de los libros de Frabetti y el universo de los números, aunque también la timidez inherente lo delataba, pero era más su afán de seguir registrando vida con esas pupilas recién lustradas.

“Aquí siempre encuentro nuevos experimentos, equipos que me sorprenden porque solo los veo en documentales y películas”, dice Alejandro. “Esta la segunda vez que vengo y, aparte de sentir que es lo que me gusta, puedo intercambiar con científicos, que este año son muchos más”. Confiesa que a veces en la escuela se siente un poco raro por andar con libros de matemáticas interactivas, pero cuando descubre eventos como este deja apartadas las dudas y los comentarios de algunos de sus compañeros de clase

 
(Foto: Kianay Anandra Pérez)

La doctora Liliam Álvarez, secretaria ejecutiva de la Academia de Ciencias de Cuba e integrante del Grupo de promoción de la ciencia, como madrina de esta iniciativa, contemplaba la feria con la misma ingenuidad que cualquiera de los niños, pero también con la garantía de 11 ediciones anteriores de este encuentro como as bajo la manga.

“Con una frecuencia de dos o tres veces durante el año, celebramos estas jornadas de la ciencia con los niños. Siempre nos respaldan en el programa de actividades varios centros científicos, la Universidad de La Habana, la CUJAE, las Escuelas Camilo Cienfuegos y otras instituciones que traen proyectos novedosos, yo diría que insólitos, para los pequeños espectadores que asisten”, puntualizó Álvarez.

“Desde el grupo de promoción de las ciencias, una de las funciones que tenemos es velar y contribuir a la formación de nuevas generaciones de científicos en Cuba porque, precisamente, hay que fomentar la fascinación por la ciencia y despertar la curiosidad por conocer más del mundo en que vivimos a partir de vías no escolarizadas, de una manera divertida, recreativa, que es más asequible para la comunidad infantil. Asimismo, este intercambio resulta propicio para combinar la ciencia, la cultura, el deporte”, añadió la especialista.

 
(Foto: Kianay Anandra Pérez)

Proyectos como Acualina, con la temática de la protección medioambiental, Planta Verde con el slogan “Adopta una mascota verde, el círculo de interés de Tránsito promoviendo la seguridad vial, el movimiento de Protección de Animales en la Ciudad (PAC), el Instituto Nacional de Deportes y Recreación (INDER) con juegos que implementan la ciencia y el pensamiento lógico y otras muestras igual de relevantes, confluyeron en esta cita.

Al cruzar por uno de los tantos sitios de presentaciones, una señora me describe el perfil de su hija, que había salido corriendo luego del anuncio de un concurso sobre las plantas. Apuntaba como dato importante que vestía un pequeño uniforme de policía. Durante la búsqueda compartida, aproveché para hablar sobre su parecer acerca del interés particular de su retoño: “Mi hija me reta a diario, un día llegó a la casa y me contó de un grupo de capacitación con el tema del tránsito. Tiempo después ya ella identificaba camino a la escuela señales en la vía, muchas no tan comunes, de las que nunca me había percatado. Ahora, aparte de seguir sus motivaciones, soy cómplice de sus primeras andanzas, es una buena señal”, cuenta Isabel Martínez.

 
(Foto: Kianay Anandra Pérez)

En el escenario, los más atrevidos, lucían ocurrentes pasos de baile, cantaban al ritmo de las pistas o formaban parte del coro del grupo Acualina. A unos metros de allí, estaban quienes usaban la lógica a favor del trabajo en equipo, con la tracción de la soga, donde se sumaron familiares a modo de legión.

Álvarez insiste en que los futuros científicos cubanos están hoy sentados en las aulas y a los actuales hombres de ciencia les toca fomentar también ese saber fuera del ámbito académico: “Hasta acá han venido investigadores que de manera voluntaria acuden a compartir sus experiencias y trucos con los más pequeños. Este parque tiene en sus alrededores barrios de muchas procedencias y me alegra ver caras repetidas, tanto de los niños como de sus familiares. En este tipo de exposición es donde los padres se dan cuenta de las aptitudes que su hijo tiene hacia alguna rama de la ciencia y puede aprovechar para instar y cultivar esa inquietud”.

 
(Foto: Kianay Anandra Pérez)

Entre las sonrisas, los aplausos y múltiples sensaciones encontradas, fueron muchos los que esa mañana revivieron su etapa infantil, como en una especie de oasis. A más de uno también se le erizó la piel con tanto talento en las mentes de los que inician el camino desde etapas tempranas. Reconforta el hecho de dejar en buenas manos los días venideros, la premisa de legar el mañana a estos pequeños, seguros herederos de los menesteres de la ciencia.

 

 

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