Desempolvar la historia.

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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28 Abril 2017
| |
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Crédito de fotografía: 

Cortesía de las investigadoras y Karla Betancourt

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Los años pasan y pasan, y ellos siguen ahí. Los tres se acompañan en su eterna soledad. Nadie parece percatarse de su presencia hasta que necesitan explicar a otros una dirección o seleccionar un punto de encuentro.

El escultor francés Philippe Garbeille fue el responsable de labrar sus pétreas figuras en los primeros años del siglo XX. Desde entonces, los bustos de José de la Luz y Caballero, Ramón Zambrana y Félix Varela, se ubicaron al fondo de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana.

Con solemnidad, el pequeño espacio comenzó a llamarse Jardín de la Fama. Hoy pocos lo identifican por ese nombre. Algunos prefieren “parque de los ilustres”, pero la mayoría lo reconoce como el “parque de los cabezones”.

Los tres pensadores cubanos inmortalizados en mármol de Carrara resaltan por sus desproporcionadas testas – de ahí lo de “cabezones” –, lo cual ha incitado el chiste entre los estudiantes desde tiempos lejanos. Muchos de quienes han estudiado en la Universidad de La Habana en los últimos años no saben de la existencia de las piezas.

Además de la suciedad visible por la falta de cuidados, las obras exhiben costras negras y manchas pardas, y hubieran permanecido así de no haber captado la atención de estudiantes y especialistas del Laboratorio de Tecnología Láser del Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales (IMRE), de la Universidad de La Habana, interesados en la restauración y el cuidado del patrimonio.

Ivette Ravelo Cabrera, miembro de dicha institución, licenciada en Física y especialista principal encargada del proyecto de estudio de la restauración de las esculturas y de la posterior limpieza de las figuras del Jardín de la Fama comentó que esta labor se corresponde con el desarrollo de la tesis de grado de una estudiante de la Escuela de Restauración, de la Universidad de las Artes (ISA).

La especialista, desde su vínculo con el Laboratorio de Láser del IMRE, tutorea investigaciones relacionadas con la limpieza por desincrustación con energía fotónica y con el análisis de los componentes físicos y químicos de obras de arte.

Láser que descubre

Prototipo LIBS de la División de Tecnología Láser del IMRE. (Foto: Cortesía de las investigadoras)

Para determinar los componentes de las piezas escultóricas, los investigadores encabezados por Ravelo Cabrera emplearon la técnica conocida como espectroscopia de plasma inducido por láser (LIBS, por sus siglas en inglés).

“El LIBS consiste en usar una propiedad de la energía fotónica que, además es la misma empleada para limpiar superficies. Nosotros sometemos una parte, un fragmento de la obra, a la acción del pulso láser. Cuando este acciona sobre la superficie extrae parte del material y se produce una ablación”, apuntó Ravelo Cabrera.

La investigadora destacó que así se obtiene un plasma, una chispa, la cual tras ser observada con un espectrómetro permite apreciar el espectro de los materiales presentes en las obras.

“Poder emplear la técnica de LIBS es muy útil en la restauración porque hace poco daño, casi ninguno. Con un pinchacito se puede hacer un estudio de la obra completa”, sentenció la especialista.

Para determinar las propiedades y componentes de las pinturas y esculturas existen técnicas invasivas y no invasivas. Las primeras se valen frecuentemente del raspado de la superficie de las piezas artísticas.

Muchas veces el material obtenido no se gasta y puede ser reutilizado en experimentos posteriores. Sin embargo, generalmente se trata de fragmentos relativamente grandes que son separados definitivamente de las obras.

Entre los métodos no invasivos encontramos gran variedad de sofisticadas herramientas. En Cuba estos son escasos debido a sus altos costos.

“La Oficina del Historiador tiene un equipo que usa un método similar, aunque no es exactamente LIBS. En su Gabinete de Restauración se utilizan varias técnicas no invasivas, específicamente en el Laboratorio de Arqueometría, pero la herramienta no está al alcance de todos los restauradores”, puntualizó Ravelo Cabrera.

Debido a las dificultades para acceder a las tecnolo­gías de LIBS, la División de Tecnología Láser del IMRE comenzó el desarrollo de prototipos de esos equipa­mientos, gracias a las inves­tigaciones del centro, afines a la espectroscopia de plas­ma inducido por láseres. También a los competitivos alcances del propio labora­torio en el desarrollo de tec­nologías láseres de diverso uso.

Según Ravelo Cabrera, los diseños de LIBS del IMRE emplean láseres de Nd: YAG pulsados, con una longitud de onda fundamental de 1064 nanómetros, al cual se ha acoplado un estereos­copio.

Bradies Lambert Navarre­te, investigador y jefe de la División de Tecnología Láser del IMRE, fundamenta que el Nd: YAG es el medio activo del láser y es un material resultante del gra­nate, neodimio y el aluminio. Su longitud de onda es siempre la misma y para el experto es muy adecuada para el análisis y limpieza de suciedades.

“El prototipo que utilizo actualmente fue confor­mado por Lesther Moreira Osorio para su Tesis de Maestría aquí en el IMRE, durante los años 2009 y 2010”, explicó la investigadora.

El LIBS es portátil. Ayuda al análisis de las obras in situ y es de fácil utilización. Estas propiedades favo­recen a los restauradores que lo necesitan.

“Tener las obras caracterizadas; es decir, que todos sus materiales estén identificados, es de mucho inte­rés para los museos, restauradores y coleccionistas. Tales datos son precisos para la conservación adecua­da de la pieza, los peritajes judiciales y los procesos de autentificación”, ejemplificó la especialista.

“También empleamos el LIBS para determinar las causas de las manchas en las paredes de la Catedral de La Habana, por ejemplo. Además, analizamos las esculturas de la colección egipcia del Museo de Be­llas Artes, estudiamos las tuberías y las piedras de la fuente del patio del Convento de Santa Clara. Ahora estamos caracterizando una pintura de Antonia Eiriz,con alto grado de deterio­ro”, explicó Ravelo Cabrera.

¿Qué dijo el LIBS  sobre “los cabezones”?

El diagnóstico realizado con el LIBS del IMRE reveló la presencia de elementos químicos como hierro, plo­mo, calcio, azufre y carbono en estas esculturas.

“El calcio es el elemento más encontrado, debido a la propia composición del mármol de Carrara. Por otro lado, los niveles de azufre indican que la sus­tancia se encuentra en el ambiente de forma natural. De la reacción de este con el carbonato de calcio del mármol se forma el yeso en la costra negra”, especificó Ravelo Cabrera.

De acuerdo con la espe­cialista, el carbono, el hie­rro y el plomo se aprecian debido a la deposición de partículas extrañas arrastra­das por el viento y que son absorbidas por el yeso cuando está húmedo. Seña­ló, además, que estas explican la aparición del color oscuro sobre la superficie pétrea.

… y ahora: ¿cómo quitar la suciedad?

El descubrimiento del láser se remonta a los años sesenta del pasado siglo. Solo una década más tarde aparecieron investigaciones que proponían el empleo de la energía fotónica para la limpieza de superficies.

J. F. Asmus fue el primero en promover el aprove­chamiento del láser en la conservación de las obras de arte. El científico demostró la posibilidad de re­mover placas negras de materiales escultóricos.

Los equipos iniciales de limpieza con tecnología láser desarrollados por los científicos del IMRE en Cuba no estaban pensados originalmente para dedi­carlos a la restauración de piezas de arte. Estos eran analógicos. La electrónica y parte de la óptica fue­ron desarrolladas por los investigadores del centro universitario en la década de los noventa.

Bradies Lambert Navarrete afirma que los equipos de limpieza de superficies con láser y los propios LIBS iniciados en la institución han sido rediseñados y modernizados con el paso del tiempo.

 
Modelo más reciente del láser de limpieza desarrollado en el IMRE.
 
Impactos del LIBS en cápsulas de óxido de cobre.
(Foto: Cortesía de las investigadoras)

El equipo más reciente desarrollado por la Divi­sión de Tecnología Láser del IMRE para abluciones  cuenta con una pantalla digital donde se regulan los parámetros de funcionamiento. No necesita de una computadora personal, como los otros modelos in­termedios.

El modelo es portátil, se programa desde el lugar don­de se desee emplear y puede ser conectado a 110 o 220 voltios. Toda la óptica se encuentra en la pistola: la barra láser, el resonador y los lentes. Lambert Navarrete tam­bién comenta que los dos equipos de láser son similares.

El ingeniero destaca que con el modelo para lim­piezas también se puede hacer LIBS en caso de ser necesario. Sin embargo este no posee un espectros­copio. Es decir, el análisis del plasma resultante sería más complicado.

“Una de sus aplicaciones es la de limpieza de superficies pétreas y obras de arte que estudia la

profesora Ivette, pero no son las únicas. En es­tos momentos, un estudiante de la Universidad de Oriente usa este láser para su Tesis de Maestría, en el tratamiento térmico de materiales”, expresó Lambert Navarrete.

Al respecto, Ravelo Cabrera señaló que sus estu­dios se han centrado en las esculturas de mármol, paredes y superficies pétreas en general. Sin embar­go, el láser con que cuentan no ha sido probado en otras texturas como el papel.

La limpieza en acción

Karla Betancourt, estudiante de la escuela de Restauración del ISA dedicada a la renovación del Jardín de la Fama, explica que antes de usar el equipo se realizaron pruebas en una probeta con materiales afectados de forma similar que las tres estatuas para determinar los valores óp­ticos ideales.

Limpieza previa con agua a presión. (Foto: Karla Betancourt)

“Fregamos las obras escultóricas con agua a pre­sión. Luego preparamos una disolución química que actúe absorbiendo la suciedad y cubrimos todas las piezas con un tisotrópico a base de pulpa de papel. Dejamos que esos materiales actuaran durante unos días y analizamos los restos que quedaron”, puntua­lizó la alumna.

El instrumento fue usado para remover las duras y oscuras incrustaciones que no desaparecieron con los otros métodos.

“Empleamos el equipo para trabajar los puntos negros que queden. Podríamos rasparlas con un bisturí, pero, por supuesto, es mucho más agresivo para la pieza”, destacó Ravelo Cabrera.

Luego de los tratamientos, la superficie de las obras quedó limpia y retomó su color original. Sin embargo, los especialistas prestaron especial aten­ción a verificar que no hubiera amarillamiento o ero­sión en las superficies.

“Muchos detractores de estos métodos afirman que no usan el láser porque oscurece el mármol, punto de vista que no ha sido comprobado. Otras personas no emplean la tecnología porque no la conocen”, comentó Ravelo Cabrera.

La aplicación del láser para caracterizar y limpiar obras de arte es todavía una práctica por perfeccio­nar. Mientras, los especialistas devuelven a la vida fragmentos de historia y cultura.

 

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