Desengavetando el desarrollo

Autor: 

Bárbara Maseda
|
11 Enero 2014
| |
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Un indicador elocuente del divorcio entre la economía cubana y la investigación/innovación científico-tecnológica en los años ochenta del pasado siglo pudiera ser el hecho de que el problema llegara a ilustrarse, paso a paso, en una comedia de la época.

En la película (Plaff, 1988), se muestra cómo una ingeniera crea un polímero para la descontaminación del agua, que termina por no emplearse a escala industrial, a pesar de tener mejor rendimiento que sus homólogos de fabricación extranjera y resultar mucho más económico para el país.

Después de un largo proceso de noches sin dormir, callejones sin salida, tiempo y esfuerzo, de nada valen sus buenos resultados y no se autoriza la producción de su invención. En un exabrupto de ira y frustración, la joven inventora menciona, entre otras cosas, que los burócratas prefieren importar productos extranjeros aunque resulte más costoso, porque a nadie le duele malgastar las divisas del país.

La comedia llegó a ser muy popular. No era difícil identificarse con la trama en un país donde, además de episodios similares, abundaban los ingenieros y los científicos –cuyo número ha seguido incrementándose y asciende en la actualidad a 12 mil 900  doctores en ciencias, más de cuatro mil 600 investigadores y 90 mil trabajadores dedicados a la actividad científica, tecnológica y de innovación (de ellos, el 53% mujeres).

Más de veinte años después, y como parte del proceso de actualización del modelo económico que vive el país, muchas de las investigaciones que sufrieron la desventura de quedar empolvándose en una gaveta sin tener ningún impacto en la economía nacional en los años ochenta y noventa, serán aprovechadas, informó el Viceministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) José Fidel Santana Núñez.

“Desafortunadamente,” dijo Santana, “muchos de esos resultados se archivaron, incluso resultados que habían sido premiados a nivel nacional. Por suerte, esas investigaciones constituyen hoy un capital de conocimiento del que disponemos, y que está siendo estudiado para identificar los aportes que puedan hacerse coincidir con nuestras prioridades, y poner sus potencialidades al servicio de la economía.”

La información fue dada a conocer en una conferencia de prensa que ofrece anualmente el CITMA para presentar los principales resultados científicos y de innovación de mayor impacto del período anterior, y anunciar, además, la provincia que será sede de la celebración del Día Nacional de la Ciencia el próximo 15 de enero (La Habana).

El viceministro explicó que casos como el que describimos en el ejemplo inicial envolvieron a la actividad científica en un aura de improductividad: “La ciencia ha sido un lastre para el país en la economía, ha sido un gasto, no ha sido una inversión que se pueda recuperar”, enfoque al que el CITMA busca contraponer lo que ha definido como la “incuestionable la necesidad de producir transformaciones que favorezcan a la innovación como herramienta para el desarrollo estratégico de la empresa, de la economía y la sociedad en su conjunto”.

Entre ejemplos de tecnologías introducidas en décadas pasadas y que están siendo rescatadas como parte de esta línea de trabajo, María Esther Cruells Freixas, una de las especialistas de la Dirección de Ciencia, Tecnología e Innovación, mencionó las del área de producción de alimentos, que favorecen la sustitución de importaciones en la producción de alimentos para animales.

Cruells aludió a la inclusión de la zeolita en piensos para cerdos y aves; la tecnología de NUPROVIM con miel B o con otras fuentes energéticas (guarapo, harina de yuca y de boniato, sorgo) para la explotación porcina; alimento ensilado para cerdos (AEC) a partir de mezclas de boniato, miel B, vinazas y levadura; el rescate de la tecnología de bloques multinutricionales para la producción bovina; y la producción de miel/urea/bagacillo para la producción bovina.

Nuevos oídos (y nuevas “buenas caras”) para la ciencia

Si bien este gesto de desagravio a los investigadores e innovadores del pasado es un buen paso de avance, las autoridades del sector no pierden de vista que la recuperación de esos trabajos es apenas un porciento muy pequeño de lo que Cuba necesita para sacar adelante su economía. Un segundo beneficio en este sentido sería entonces, la nueva actitud –ya no una de desdeño y subutilización– a los aportes que puede hacer la ciencia a la economía.

Es significativo, en este sentido, que entre los resultados de investigación destacados por el CITMA en su conferencia en saludo al Día Nacional de la Ciencia, se encuentren varios salidos del sistema de educación superior.  

La Universidad de Holguín, por ejemplo, diseñó un molino de rodillos pendulares para la puesta en explotación de una línea de micro pulverización de mineral, y los repuestos necesarios para el mantenimiento y la reparación del equipo.

La Universidad de Matanzas, por su parte,  aportó un paquete tecnológico para la producción de cinco productos anticorrosivos para el fosfatado en la planta piloto del Centro de Estudios en Anticorrosivos y Tensoactivos (CEAT) de ese centro de altos estudios, una invención que permite la sustitución efectiva de importaciones.

El CITMA también puso de relieve el desarrollo de torres de enfriamiento autoventiladas (TEA) por parte de la Universidad de Oriente, que permite evitar los altos costos de estos equipos en el mercado internacional. Se trata de un modelo de matemático de TEA que, mediante la sustitución de ventiladores por inyectores, permite garantizar la circulación de aire necesaria para el enfriamiento del agua, sin consumo adicional de energía. Esta invención, con aplicación en sectores como la producción de alimentos, la salud pública, energía y minas, no necesita usar acoplamientos, rodamientos, ni piezas móviles, por lo cual sus costos de mantenimiento son menores. Tiene también la ventaja de ser menos contaminante para el medio ambiente, puesto que al no emplear motores eléctricos, consume menos energía eléctrica y funciona con bajo nivel de ruido.

¿Anotará la ciencia cubana?

En Plaff hay otra escena sugerente: el novio de la joven frustrada, un pelotero, aprovecha la oportunidad que se le presenta cuando un periodista quiere entrevistarlo durante la transmisión de un juego. El deportista ignora la pregunta beisbolera y de buenas a primeras, lo tenemos ahí, hablando en televisión nacional de todas las trabas que ha sufrido el invento de su novia y de cómo podría ahorrarle miles de pesos al país.

La información divulgada por el CITMA parece indicar que lo tragicómico de esa situación (un pelotero cuyo interés y compromiso con el desarrollo del país parece más coherente que el de los propios decisores del sector económico) es un absurdo del pasado. Ahora que las bases están llenas, la Ciencia pudiera jugar un buen papel al bate.

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