La edad de soltar lastres

Autor: 

Redacción de JT
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07 Diciembre 2019
| |
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La Habana cumple 500 años y ostenta el mérito de contar, en su historia científica, con varias primeras veces y destacados intelectuales, investigadores, naturalistas… que la engrandecen.

La emisión del primer aviso ciclónico por el padre Benito Viñes, la transfusión de sangre en niños obra del doctor Ángel Arturo Aballí, el establecimiento de un departamento de radiología, el descubrimiento por Carlos J. Finlay del agente trasmisor de la fiebre amarilla, o más recientemente, la creación de medicamentos como el Heberprot-P y la vacuna CIMAVAX EGF, son algunos de los hitos que han enaltecido a la quinta villa fundada por los españoles.

Y es que el desarrollo de la ciencia y la tecnología resulta uno de los principales eslabones para el progreso social y económico de una nación. Además de que nos permite explicar el mundo circundante.

En Cuba, ese enfoque sería una de las banderas de Fidel, quien ya desde 1960 expresaba la necesidad de crear un país de hombres de ciencia y de pensamiento para hacer de nuestro terruño un lugar más próspero, donde gozáramos de las mismas oportunidades.

Así, el gobierno alumbró una política que apostaba al conocimiento y la educación como bases del desarrollo científico y tecnológico, para satisfacer de manera equitativa las necesidades básicas humanas, en áreas como la salud y la alimentación.

En ese tránsito fueron creadas las escuelas vocacionales, universidades, la Academia de Ciencias, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, los Joven Club de Computación y el Polo Científco del Oeste, con instituciones como el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, el de Inmunoensayo y el de Inmunología Molecular, entre muchos otros.

Un movimiento, las Brigadas Técnicas Juveniles, también surgió en ese escenario renovador. Fundadas en 1964 por iniciativa de Fidel, tuvieron (y mantienen) como objetivo primordial apoyar la superación, formación y la incorporación de la niñez, la adolescencia y juventud, al quehacer científico, económico e innovador de la Isla.

A punto de cumplir su aniversario 55, las BTJ poseen en la actualidad, más de 80 mil brigadistas en todas las esferas de la economía y la sociedad: obreros calificados, técnicos medios y profesionales.

Cientos de miles han sido los jóvenes que desde la conformación de las BTJ aportaron al enriquecimiento científico cubano. Podemos nombrar medicamentos como la Didanosina 100 mg, fármaco parte de la terapia retroviral para contrarrestar los efectos del virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH/Sida); o la Azitromicina 500 mg, un antibiótico para el tratamiento de infecciones del tracto respiratorio, ambos concebidos por brigadistas.

Con el país sumergido en un proceso tecno-científco de profundo cariz innovador, respaldado por una nueva Constitución que en su artículo 21 refrenda que “El Estado promueve el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación como elementos imprescindibles para el desarrollo económico y social…”, las BTJ han de soltar el lastre de la costumbre, y apropiarse de todos los espacios de creación o fundar nuevos.

Un ejemplo de estos últimos es la Red Juvenil Ambiental (ReJAC) y sus acciones en la limpieza de playas, la siembra de árboles, vinculadas al Plan de Estado al Enfrentamiento al Cambio climático (Tarea Vida).

La realización de las conferencias nacionales en las que analizan sus fortalezas, debilidades y lances futuros, los festivales Forjando Voluntades que permiten acercar experimentos científicos a los niños y adolescentes y las Exposiciones Forjadores del Futuro, encaminadas a resolver las problemáticas existentes en hospitales, centros de investigación, fábricas, constituyen algunas de las acciones por las que es identificado este movimiento, pero necesitan más visibilidad y precisar su impacto concreto.

Como señaló el entonces primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel en la plenaria de la XI Conferencia Nacional en 2017, celebrada en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, las BTJ hoy son ya maduras y resulta por tanto legítimo revitalizar su papel: “No hablamos solo de ciencia sino de ideología, de compromiso con el presente y el futuro”.

Asimismo, resaltó que “las Brigadas Técnicas Juveniles pueden contribuir a que la investigación científica se convierta en una fuerza productiva del país”. En ese destino que nos hemos dado como país, estas pueden y deben ser un modelo creativo y de comunión, un escenario de rigor y movilización de saberes.

El proyecto de nación que hoy construimos será sólido en tanto estimule la natural pujanza que aportan los jóvenes. Transitar hacia una sociedad que viva del conocimiento, en la cual la ciencia y la tecnología contribuyan de manera expedita al crecimiento económico sustentable, depende en buena medida de la formación y cultura científicas de las nuevas generaciones. A ellas hay que ir.


 

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