La endemia sigilosa: nefropatía mesoamericana

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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05 Enero 2021
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La enfermedad renal crónica (ERC) es un trastorno donde se ve comprometida la función de los riñones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que tal daño ocasiona el inadecuado filtro de la sangre corporal y la acumulación de los desechos.

El deterioro se produce, por lo general, a lo largo de años. Muchos individuos no tienen síntomas hasta que se encuentran ya en un estado grave. También se vincula, por su lenta progresión, con personas de avanzada edad.

Al mismo tiempo, no existen tratamientos que curen del todo a los enfermos. Quienes reciben este diagnóstico quedan a merced de medicamentos que solo contribuyen a retrasar el deterioro de la salud de los afectados.

Los casos más graves pueden desarrollar insuficiencia renal, la cual conduce a fallas superiores en el organismo. Estos enfermos tienden a requerir diálisis o trasplante del órgano afectado.

Históricamente se ha mencionado a la diabetes y la hipertensión arterial como factores que incrementan el riesgo de aparición de la enfermedad. Pero lo cierto es que, con el paso del tiempo, se han identificado otros factores que favorecen el padecimiento.

¿Qué ocurriría si algunos factores relacionados con esta condición clínica experimentan una transformación y modifican el entorno social? Por ejemplo, ¿y si el padecimiento se extiende? ¿Si alcanza una elevada presencia en un grupo, población o región? En este caso, no sería descabellado pensar en algunas consecuencias económicas y políticas.

En América Central, las cifras apuntan a que esta compleja situación ya ha comenzado. Una epidemia de la enfermedad renal crónica se ha desplegado en el área y las alarmas saltan, fundamentalmente, desde los espacios académicos. Más allá de la multicausalidad constatada del padecimiento, la comunidad investigativa se pregunta si el elevado número de casos encontrados a nivel local podría estar relacionado con un detonante en particular.

Tras la cronología de los eventos

Los primeros análisis científicos llegaron hacia principios de la primera década del siglo XXI. En 2005 se desarrolló un estudio en Costa Rica donde se afirmaba que los departamentos del país cercanos al Océano Pacífico presentaban cuantiosos casos de ERC. Los enfermos eran en su mayoría hombres jóvenes, de entre 20 y 40 años, dedicados a cultivos como la caña de azúcar.

A lo largo de los siguientes años, una Organización no Gubernamental (ONG) dedicada a temas de salud en Centroamérica, empezó a notificar afectaciones similares en países como Nicaragua, Honduras y El Salvador. Durante ese tiempo, la Sociedad Latinoamericana de Nefrología realizó una sesión, precisamente en la capital costarricense, donde varias ponencias se refirieron al fenómeno como la “nefropatía mesoamericana”

Las autoridades sanitarias de El Salvador certificaron que en 2011 la ERC se convertía en un serio problema de salud pública nacional. Ese año, esta dolencia fue la primera causa de muerte hospitalaria en hombres y la quinta en mujeres.

Para 2013, se completó un análisis de prevalencia de la afección. Entre 2009 y 2011, se pesquisaron de manera activa los factores de riesgo en personas mayores de 18 años. Dicha investigación se centró en dos mil 388 personas (976 hombres y mil 412 mujeres).

La ERC estuvo presente en el 18 por ciento de los sujetos estudiados (23,9 para el sexo masculino y 13,9 en el femenino). Además, según reza en el estudio, la afección “predominó sin diabetes, ni hipertensión arterial, ni proteinuria”.

En el mapa se muestra la prevalencia de pacientes que reciben tratamiento sustitutivo renal, por regiones, en
El Salvador. Foto tomada de http://scielo. isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=
s0211–69952016000700631.

Sin embargo, la prevalencia de la enfermedad crecía cuando se examinaban los individuos según su vínculo con profesiones agrícolas (31,2 por ciento) y al contacto con agroquímicos (46,7).

En ese texto científico aparecerían por primera vez los nombres de investigadores cubanos involucrados en los proyectos investigativos.

El Doctor en Ciencias Luis Carlos Silva Aycaguer, quien se insertó tempranamente en la investigación más abarcadora de esta emergencia sanitaria en El Salvador, comentó a Juventud Técnica que la inclusión de especialistas de la Mayor de la Antillas fue una solicitud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y autoridades salvadoreñas de aquellos años.

“Mucha gente aportó al estudio. Pero de manera sobresaliente, lo compusieron dos destacados nefrólogos cubanos y un especialista salvadoreño formado en la Isla. Además, se contó con la colaboración de dos estadísticos de Cuba y dos homólogos de la nación centroamericana, así como con la de otros investigadores del país sede de las pesquisas, quienes participaron de manera intermitente, ya que ocasionalmente se movían hacia frentes de trabajo que no consentían la continuidad”.

Durante la sesión №52 del Consejo Directivo de la OPS, en octubre de 2013, las autoridades sanitarias regionales declararon el carácter epidémico del fenómeno de salud. Además, se hizo énfasis en que podría ser provocado por causas no tradicionales.

Al mismo tiempo, los informes de la reunión apuntan que los salubristas “se comprometieron a realizar más esfuerzos para abordar los factores ambientales y ocupacionales asociados al problema”. Por otro lado, se establecieron acuerdos para continuar indagando en las causas de la emergencia sanitaria.

Una encuesta, muchas pistas

Encontrar respuestas contrastables sobre problemas de salud no es una tarea sencilla, y mucho menos corta. Al igual que se necesitan en-sayos clínicos para demostrar la fiabilidad de un producto médico, también se necesitan reitera-das comprobaciones para determinar las causas de un padecimiento. Más si se trata — como en el caso que nos ocupa — de una afección que se comporta de forma epidémica en determinadas regiones.

Por eso no es de extrañar que, a pesar de que haya transcurrido una década de análisis, los científicos todavía no señalan categóricamente al detonante fundamental de la epidemia. Dada la prevalencia del fenómeno en poblaciones agrícolas, una hipótesis sostiene que los productos agroquímicos podrían tener un peso en la aparición de los casos.

“Se hacen estudios en Guatemala, Honduras, Nicaragua o los propios Estados Unidos. También en Sri Lanka, India y otros países”, explicó Silva Aycaguer.

El equipo, en el cual participa este científico, ha centrado sus pesquisas en esclarecer la conjetura para El Salvador.

“Fue allí donde coyunturalmente se dieron las condiciones para llevar adelante un esfuerzo de esta magnitud. Se contó con el respaldo del Instituto Nacional de Salud, del Ministerio de Salud Pública en aquellos años, así como con el apoyo financiero de algunas entidades, tales como la OPS y la Agencia Española de Colaboración”.

Entre 2019 y 2020, los investigadores salvadoreños y cubanos publicaron dos artículos científicos con los resultados obtenidos tras analizarlos mediante pesquisas finalizadas en 2015.

La Encuesta Nacional de Enfermedades Crónicas no Transmisibles en Adultos de El Salvador permitió a los expertos acercarse a cuatro mil 817 personas mayores de 20 años. Se identificaron tanto casos (personas confirmadas con el padecimiento) como controles (sujetos libres de ERC).

A su vez, los especialistas también delimitaron una submuestra compuesta por dos mil 898 individuos.

“Fue un estudio con dos vertientes: una descriptiva, basada en una muestra nacional representativa de todos los adultos en ese país, y otra analítica o explicativa, mediante un estudio de casos y con-troles anidado en dicha muestra”, comentó Silva Aycaguer.

Hasta el momento no se había completado una investigación que abarcara una muestra de sujetos tan grande, a nivel de país, para profundizar en el fenómeno en cuestión.

Además, la recopilación nacional de datos sirvió para que los expertos seleccionaran variables de carácter general (sexo, edad, condición urbano-rural) y todas aquellas relacionadas con la exposición a agroquímicos.

Mediante las respuestas ofrecidas por los encuestados, se evidenció el contacto previo con un total de 39 pesticidas. El paraquat un herbicida no selectivo de amplio espectro que actúa por contacto — resultó el producto más utilizado.

 

La ciencia apunta en ciertamedida a los agroquímicoscomo una de las causas
del ascenso de la epidemia. Foto tomada de infocampo.com.arg

Se emplearon varias estrategias y métodos para examinar variables tales como la exposición a los agroquímicos en general y a los nefrotóxicos en particular. También para determinar los intervalos en que las diferentes condiciones potenciadoras del fenómeno estuvieron presentes en la vida de los encuestados y para evaluar el grado de cercanía a los productos y el inicio del padecimiento.

Los resultados permitieron a los expertos aseverar que existen evidencias para sostener la hipótesis donde se atribuye a los pesticidas un peso relevante en la expansión de la epidemia.

“La plausibilidad de la hipótesis que atribuye peso causal a los agroquímicos en la epidemia alcanza un respaldo empírico consistente, sistemático y notorio, complementado con evidencias previas y las numerosas indicaciones teóricas que lo sustentaron. El impacto de los agroquímicos parece converger de manera decisiva en la causal red social, probablemente reforzada por el estrés por calor y la deshidratación en situaciones sociales y condiciones laborales”, se afirma en las conclusiones de la más reciente publicación académica y que apareció en la Revista Cubana de Medicina Tropical.

Aunque estos resultados parecieran halagüeños, los investigadores salvadoreños y cubanos están conscientes de que todavía no es posible alzar el grito de ¡Eureka!

Entre voluntades “ocultas” y debates

Para reforzar la conjetura del rol de los agroquímicos en la epidemia de ERC fueron necesarios otros estudios, indirectamente relacionados. Los autores salvadoreños y cubanos referenciaron en su artículo otras publicaciones que destacan la presencia de agentes nefrotóxicos en pesticidas y similares.

“Muchos de estos productos son desestimados en los países donde se producen; sin embargo, se utilizan en grandes cantidades y, con frecuencia, sin ninguna o muy poca protección, como es el caso de América Central”, resalta el artículo de 2020.

El DrC. Luis Carlos Silva Aycaguer advirtió que, de ser corroborada enteramente la hipótesis causal de los agroquímicos, ello tendría enormes implicaciones económicas y políticas.

“Incriminaría a las empresas productoras, como Bayer-Monsanto, así como a los políticos y agricultores que se han opuesto a implantar prohibiciones y/o regulaciones para el manejo de los agro-tóxicos”.

En 2013, el diputado de derecha Francis Zablah presentó al senado salvadoreño una propuesta de decreto que reformaba el empleo de plaguicidas y fertilizantes, así como ilegalizaba el uso de 53 de ellos por contener metales pesados.

El entonces presidente Mauricio Funes, observó (modificó) la ley, con lo cual bloqueó la prohibición de 11 de esos agroquímicos, entre los cuales se encontraban el Paraquat y el Glifosato. El FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) no contradijo a Funes en la Asamblea, por lo que la Ley fue archivada y la prohibición nunca se llevó a efecto.

En cuanto a estos temas, la derecha del país centroamericano ha demostrado disponibilidad para alinearse a los intereses de las empresas que defienden el empleo de tales productos.

“Todo el asunto está atravesado por elementos de tipo económico. La actividad agrícola se incrementa con el uso de estos agroquímicos. Los beneficios de las transnacionales (en particular las del azúcar) también sacan rédito y otro tanto ocurre con quienes comercializan las sustancias.

“Es difícil separar el mundo de la política y el de la economía. Es un problema mundial; hasta el punto de que algunos afirman que desde ha-ce mucho son los sectores empresariales y financieros los que realmente gobiernan.”, señaló Silva Aycaguer.

Se necesitan acciones políticas y sociales que limiten el uso de los agroquímicos a nivel nacional, pero también a escala regional. Foto: tomada de https://agua.org.mx/

Otro indicador de que las figuras públicas dejan de lado la relevancia de este fenómeno es el alcance del debate ético al respecto. Estas discusiones se producen fundamentalmente en el campo académico y no trascienden a los escenarios públicos.

“En el ámbito de las instancias de decisión sanitaria, la situación varía notablemente en función de quiénes estén ejerciendo los actos de gobierno. Los partidos se alternan en el poder y tienen visiones diferentes: desde la oposición al empleo indiscriminado de los agroquímicos, hasta la connivencia con dicho empleo, pasando en ocasiones por no prestar atención adecuada al problema”.

No obstante, el equipo de investigadores distingue claramente la necesidad de hacer públicos los resultados obtenidos. Por un lado, con ello facilita que las fuentes especializadas tengan acceso a la información, así como la ciudadanía interesada. Además, aviva los debates e interrogantes sobre una problemática de carácter regional.

“La información de los resultados ha sido reciente; no obstante, he observado que quienes sostienen opiniones diferentes a las conclusiones del estudio han tendido a no hacerse eco ni a pronunciarse sobre ellas. Pero aún es pronto para aquilatar los efectos de estas publicaciones”, apuntó Silva Aycaguer.

¿Completar respuestas pendientes?

Más allá de los resultados obtenidos y publicados en los artículos científicos, el estudio salvadoreño-cubano cuenta con limitaciones. Así lo reconocen sus propios autores.

Una de estas dificultades es el hecho de que, para recopilar la información plasmada en las encuestas, se necesitó apelar a la memoria de los entrevistados sobre sus acciones en el pasado. Además, el proceso en ocasiones se vio afecta-do por la intervención de terceros que ejercieron violencia para frenar la recogida de información.

Juventud Técnica quiso saber además por qué no se estudiaban poblaciones menores de 20 años. Según un informe de la Organización de la Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en El Salvador más de 440 mil niños trabajan y el 55 por ciento de ellos lo hace en áreas rurales o agrícolas.

Al respecto, el DrC. Luis Carlos Silva señaló que el diseño investigativo no incluyó a este grupo por-que la ERC ha sido mucho menos estudiada en ellos de manera general.

“En nuestro caso, se excluyeron los menores por razones prácticas (es complicado tomarles muestra de sangre) y éticas (exigía el concurso de padre o tutores que lo consintieran)”.

A pesar de que todavía no se puede corroborar del todo la causalidad de los agroquímicos en la aparición y extensión de la epidemia, los científicos insisten en que no es momento de quedar cruzados de brazos.

El propio carácter multifactorial del padecimiento obliga a tomar acciones en más de un sentido. Máxime cuando hay fuertes indicios capaces de soportar hipótesis como las que aportan los artículos de 2019 y 2020*.

De no atajar el problema a tiempo, la epidemia de ERC continuará ascendiendo y afectará la calidad de vida de muchas personas. La mayor parte de ellos, no tendrán acceso a costosos tratamientos como diálisis y trasplantes renales, por lo que el padecimiento, casi con seguridad, conducirá a muchos a una muerte evitable.

*Textos revisados:

Orantes CM, Almaguer M, Alonso P, Díaz M, Hernández S, Herrera R, Silva LC, et al. “The chronic kidney disease epidemic in El Salvador: the influence of agro-chemicals”. Rev Cuba Med Tropical. 2020; 72(2).

Orantes CD, Almaguer M, Alonso P, Díaz M, Hernández S, Herrera R, Silva LC. “The Chronic Kidney Disease Epidemic in El Salvador: A Cross-Sectional Study”. MEDICC Review. 2019, 21 (2–3): 29–37.

Carlos Antonio Bolaños

Carlos Antonio Bolaños es un hombre salvadoreño de 35 años. Hace más de un lustro fue diagnosticado con insuficiencia renal crónica, uno de las secuelas de la ERC.

Vive en Comalapa, una ciudad interior de El Salvador. Sin embargo, dos veces por semana debe transportarse por casi 90 kilómetros hacia la capital de su país. Ahí recibe el tratamiento de hemodiálisis que necesita para mantener el funcionamiento de sus riñones.

La primera vez que fue internado corría el año 2014. En el Hospital Médico Quirúrgico del ISSS lo mantuvieron bajo estricta supervisión durante más de 15 días hasta que lograron estabilizarlo. Le dieron de alta bajo prescripción con el mandato de regresar a la institución periódicamente. ¡Ah! También le recomendaron abandonar sus labores como trabajador agrícola.

Aprendió a trabajar en el campo desde pequeño. Solo completó el sexto grado escolar, pero con 12 años ya ayudaba a su padrastro a cosechar 36 sacos de maíz y frijol en terrenos alquilados.

De acuerdo con las recomendaciones de sus médicos, abandonó esa ocupación desde el primer año del diagnóstico. Sin embargo, confiesa, todavía siembra una pequeña cantidad de maíz para ayudar al sustento familiar.

Ahora trabaja como vigilante en la Aduana Aérea de Comalapa. Con este trabajo, recibe apoyo del Seguro Social para poder costear los tratamientos que requiere.

Este 2020 fue un año especialmente duro. La suspensión del transporte público a causa de la pandemia de COVID-19 le obligó a ir a trabajar en bicicleta. El esfuerzo físico le ocasiona molestias. Sin embargo, perder el trabajo le ocasiona peores desvelos y podría costarle su propia vida.

Carlos es un hombre enfermo, pero todavía tiene un hijo que alimentar, una esposa y otros familiares necesitados de su apoyo. No puede detenerse. Mantiene una disciplina estricta en cuanto al cuidado de su salud y, sobre todo, ya no trabaja en el campo.

Con información tomada de https://www.elsalvador.com/

 

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