La extinción en las islas. Una importante lección

Autor: 

Giraldo Alayón
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22 Mayo 2019
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Dr. Giraldo Alayón, investigador del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba

Para las personas que han nacido en islas o archipiélagos, es familiar cierto sentido de pertenencia. En algunos casos, esto ocurre porque una buena parte de los animales y plantas con que conviven son especies que, fuera de esos territorios, no existen.

Esta circunstancia, un magnífico don de la naturaleza, responde a mecanismos, características e historia geológica del proceso evolutivo de nuestro planeta. Por lo tanto, no es raro que la teoría más coherente de la evolución naciera de la visita de dos jóvenes ingleses a igual número de archipiélagos: Charles Darwin a los Galápagos, en 1835, y Alfred Rusell Walllace al Archipiélago malayo, en 1854.

Colonización, Especiación y Competencia.

La probabilidad de que en un archipiélago se dé la especiación aumenta con la distancia desde el área original de la cual provienen los colonizadores. A su vez, alcanza un máximo en ínsulas que se hallan en el mismo límite de las capacidades de dispersión del taxón del que se trate. Esto obedece principalmente a la diferenciación genética que origina el trayecto, al actuar esta como una barrera entre las dos poblaciones que se han separado.

Cuando dos especies estrechamente emparentadas, con requerimientos ecológicos similares, invaden una isla y coexisten con éxito, sus diferencias de dieta y morfología tienden a hacerse todavía mayores. También sus modos de vivir pueden distinguirse: algunas son activas durante la noche, otras durante el día, etcétera. Este fenómeno es denominado desplazamiento de caracteres. Como resultado, se reduce la competencia entre ambas. Cuando esto no sucede, una de las dos se extingue; la mejor adaptada a las nuevas condiciones y a la propia rivalidad es la que se impone.

Aunque el destino último de las poblaciones es su eventual extinción, las especies insulares parecen ser particularmente susceptibles. Por ejemplo: cerca del 90 por ciento de todos los mamíferos antillanos se han extinguido. Desde el año 1600 han desaparecido 171 especies y subespecies de aves, de estas 155 vivían en islas.

Las poblaciones que viven en islas serán siempre más vulnerables con respecto a las continentales, debido a su menor tamaño y distribución restringida. Por esa razón, se han visto particularmente afectadas por las actividades del ser humano, entre ellas la caza, la destrucción de sus hábitats y la introducción de especies exóticas, depredadores y enfermedades.

Hay cada vez más evidencia de que cuando una especie invade una isla a partir de un área de origen, inicia una secuencia de cambios evolutivos que, eventualmente, aumentarán la probabilidad de su extinción o de la de otras criaturas .

Un debatido concepto: el Ciclo taxonómico.

Durante esta serie de acontecimientos — que por analogía con el ciclo biológico de un organismo individual se ha denominado Ciclo taxonómico — una especie se expande y diversifica, pero después decae y finalmente se extingue.

El proceso, observado ya en hormigas, arañas y aves, se ve con mayor claridad en cadenas de islas donde se reciben colonizadores a partir de un área de origen.

Existen cuatro estadíos a través de los cuales pueden pasar todas las especies invasoras:

1. Especies que han invadido el archipiélago en fechas relativamente recientes, que están ampliamente extendidas o expandiéndose y que no muestran sub-especiación o muy poca
2. Invasoras más antiguas, cuya capacidad de dispersión, por algún motivo, se ha reducido y que, debido a su aislamiento genético, muestran una sub-especiación considerable.
3. Especies con muchas subespecies, pero en las cuales las extinciones en varias islas están llevando a una distribución fragmentada, proceso que culmina en el estadio 4
4. Corresponde a especies endémicas de islas concretas.

Se ha demostrado, de manera fehaciente que, a medida cuando las especies se desplazan a lo largo del ciclo taxonómico, su probabilidad de extinción aumenta.

En las islas tropicales

Por lo general, en los trópicos las especies se ven restringidas a hábitats estables y maduros, en particular la pluvisilva montana o zonas boscosas de montaña. Aquellas que tienen requerimientos de especialistas pueden verse limitadas, u otros hábitats tales como marismas o bosques áridos. De acuerdo con estos resultados, se observa una clara tendencia a que las especies se vean restringidas en cuanto a su hábitat a medida que el ciclo avanza.

En las islas, y de forma particular en los archipiélagos, priman los fenómenos de especiación peripátricos, también conocidos como, mecanismos de aislamiento en pequeñas poblaciones. Esto implica cambios tipostróficos o novedades macroevolutivas de desarrollo rápido.

A su vez, se aprecia una diversificación acelerada y el establecimiento de poblaciones diferenciadas altamente vulnerables, debido al escaso número de sus miembros y a la estrechez de sus nichos estructurales, es decir, de la utilización funcional del lugar en el cual viven. Ello condiciona selectividad en la búsqueda del alimento, poca capacidad competitiva y baja respuesta a las modificaciones del ambiente. Cualquier cambio puede extirparlas completamente.

Resumiendo, podemos considerar que las biotas insulares, en términos generales, se caracterizan por poblaciones pequeñas y raras; endemismo, generalmente en poblaciones relictas; y extrema fragilidad ante los avatares de la naturaleza y los provocados por el ser humano.

Por otro lado, Conservación Internacional ha designado seis puntos calientes (hot spots), de la biodiversidad, que destacan entre los demás en la Tierra. Ellos son: Islas Caribeñas; Madagascar; Islas oceánicas índicas; Complejo Polinesia- Micronesia; Nueva caledonia; Wallacea (Indonesia). Todos son Islas o Archipiélagos

Un ejemplo criollo

El Archipiélago cubano (la isla de Cuba es la mayor de la región Neotropical), cuenta con más de 18 mil especies descritas por la cienciaDe ellasaproximadamente 6 mil140 especies de plantas, de las cuales el 51,3 por ciento son únicas en el territorio, y 13 mil especies de la fauna, con un endemismo de cercano al 50 por ciento. La nación se encuentra entre las más importantes del Caribe Insular, tanto por su diversidad como por su endemismo.

Así, no está exento de todos los fenómenos explicados. Por ello, no es posible, dado el crecimiento de nuestra población en los últimos 50 años, mantener costumbres otrora no tan perjudiciales, como la cacería deportiva o la captura de aves silvestres con el fin de tenerlas encerradas en jaulas, entre otras. Estas actividades deben ser limitadas estrictamente; y en el caso de los pájaros silvestres enjaulados, prohibirlas.

Publicado originalmente en el semanario Orbe, p.13 Número 34 17–23 de Enero del 2004

 

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