Fama, ¡Qué tontería!

Autor: 

Nilo Noel González Cabrera
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01 Diciembre 2015
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Crédito de fotografía: 

Ilutraciones Yuri Díaz Caballero

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—Sí, amigo periodista, le voy a contar la historia de lo ocurrido hace quince años.

 —Cómo  recordarás, yo no pasaba de ser un fuerte jugador de cafetería,  nunca había ganado un torneo, ni de distrito siquiera,  me gustaba el juego, el ajedrez es maravilloso. Fue así que una tarde me encontraba jugando partidas rápidas en una Academia cercana a mi casa  cuando escucho una voz que  dice:

—Juega Dh6,  estás ganado.   

—No sé ni por qué, la hice.  Mi rival, sin pensarlo mucho capturó la dama. Ya iba a despotricar contra el intruso, miré alrededor. Estábamos solos mi contrincante y yo.

—Tf1 —me volvió a decir la voz,  al parecer sólo yo la escuchaba.   

—Un escalofrío recorrió mi espalda pero le seguí la corriente, cinco jugadas más tarde, le daba mate a mi rival.

—Contrá mi socio, eso te salió,  tú no puedes haberlo calculado todo.

— ¡Qué saben del cielo los que nada saben de la tierra! —me limité a decirle.

—Cuando llegué a casa  fue que lo vi por primera vez.  Casi al instante de cerrar los ojos para dormir apareció su imagen en mis párpados.

—Mi nombre es Kros —me dijo—. Yo soy el de la partida de esta tarde.

—No, no estoy bromeando, amigo periodista, ¿tú no querías una entrevista? Has logrado con tu insistencia lo que muchos buscaron.

—Me dijo que estaba haciendo unas investigaciones, junto a otros visitantes, sobre nuestra compleja humanidad,    había conocido el juego y le llamó mucho  la atención, tanto como ninguno  visto en los innumerables planetas visitados por él.  Agregó:

—Hace  como un año terrestre  lo  aprendí, quiero probar mis fuerzas con los humanos. Te escogí para ser mi compañero de equipo. No juego personalmente porque no conviene que me vean.

—Y, ¿cómo puedes jugar a través de mí? —Le pregunté curioso.

—Sencillo, tus ojos harán la función de cámaras,  donde quiera que mires estaré yo mirando,  los cierras me verás, si lo deseo, claro. A  ver, ábrelos y convéncete.

—Así lo hice,  Kros me detalló:

— Ahora  miras el armario, ahora la lámpara de techo, ahora la puerta.

—Al entrar mi mujer semidesnuda Kros se esfumó. A la mañana siguiente regresó.

—Disculpa por lo de anoche, no sabía que iba a entrar alguien.

—Así comenzó todo, amigo.  Ese año me hice campeón nacional invicto. Cuatro tablas y diez victorias en la final.  En mi debut internacional obtuve... obtuvimos, para ser más exacto, el primer lugar fácilmente y empezaron a hablar de mí  Me invitaron después a aquel famoso evento en Amberes, ¿recuerdas? El de más alto rating Elo por aquel entonces. Allí sufrí, sufrimos, la primera derrota. En una posición, que parecía tablas,  estábamos apurados de tiempo.  Observo  atentamente en espera de Kros, pero el tiempo pasaba y nada.  Cierro los ojos para poder verlo. Todo oscuro. Los aficionados expectantes. Al fin  veo que llega apurado.

—Te1 —me dijo—.  Ya era tarde...

—También nosotros tenemos necesidades impostergables  —fue la explicación que me dio.

—Sólo sufrimos tres reveses en el camino al match por el  mundial. Sí, yo sé que esto es historia; pero es bueno recordarla y que la conozcan los jóvenes.  Después de ese partido   en Amberes, perdimos en la final del torneo  de candidatos donde se demostró que podemos vencerlos a pesar de su ventaja evolutiva,  la última derrota fue por mi culpa,  no le hice caso, olvidé mi condición de jugador de café y creí ver una hermosa combinación.  Perdí rapidísimo... 

—No, ni se molestó conmigo, solo me dijo que era él quien quería probar fuerzas.

—Así llegamos al Campeonato del Mundo, pactado, como sabes, a 26 partidas.  Tablas las cuatro primeras, ganamos la quinta, la séptima y la novena.  Perdimos la décima: después hicimos cuatro tablas más, ganamos la quince y la 16.  Loues estaba muy mal sicológicamente,  creo que hasta yo podía ganarle.  Comencé a sentirme mal conmigo mismo, pero el interés por proclamarme Campeón Mundial, con todo lo que eso significaba en todos los aspectos, era más importante, o lo creía así en ese entonces.  Tablas la 17, la 18 y la 19. Tenía 11,5 puntos y faltaban siete partidas. La prensa no hallaba como ponerme.  El Increíble, el Tornado, el Súper combinador.  El planeta bullía, cada partida era una joya del ajedrez.  Las conoces y estarás de acuerdo conmigo.  A veces Kros me recriminaba por mirar a todos lados.

— ¿Tú nunca has tenido 27 años y fama? —le pregunté una noche—.

—Fama, ¡que tontería! —Fue su respuesta.

—Tablas la 20 y la 21.  Solamente me faltaba un punto.  Partida 22, posición claramente ventajosa.  Se decía  que era sólo cuestión de tiempo para tener un nuevo Campeón Mundial.  El reloj caminaba y Kros no respondía.  Cierro los ojos pero no veo nada.  Al rato aparece, se notaba apenado.

—Lo siento amigo,  debo irme.  Hubiera sido hermoso poder terminar.  ¡Qué se le va a hacer! Pero no puedo permanecer ni un minuto más. Órdenes son órdenes.  Tal vez algún día regrese.

—Desapareció. Mi título se iba a la velocidad de un cohete, en el real sentido de la palabra…

—Ante tal situación una idea comenzó a tomar forma en mi cerebro.  Estaba   mejor en la partida y le propuse tablas.  Aceptó, consternado y sorprendido. Ya había alcanzado la mitad de los puntos,  necesitaba medio más pues en caso de empate el campeón retenía el título. Al día siguiente iba con blancas estaba  seguro de entrar en una variante muy conocida por mí, de tanto jugarla, era la favorita de Kros, mi plan era proponerle tablas cuando estuviera superior como había ocurrido tantas veces a lo largo de los campeonatos mundiales, donde el jugador que triunfa con unas tablas, se las ofrece a su contrincante como prueba de ética.  Era mi última posibilidad.  En la jugada 25, cuando terminó lo teórico...

— ¿Tablas?

—No meditó ni cinco segundos.

—No maestro, gracias, prefiero perder luchando.

—Lo demás es sobradamente conocido, han pasado 15 años y todavía se habla de ello.  Incliné mi rey y abandoné la sala y el país, rumbo a un lugar donde nadie me conociera ni me preguntara. Avisé a la prensa que nunca daría ninguna explicación, lo cumplí hasta hoy. Que me crean o no, me tiene sin cuidado.

—Así fue todo amigo periodista. Si quiere lo publica.  Hace tres lustros  no juego ajedrez y quiero volver a hacerlo, aunque sea en la cafetería de la esquina, pero por mí mismo.

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