Fidel y la fermentación del guarapo

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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29 Noviembre 2016
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Crédito de fotografía: 

Cortesía de Juventud Rebelde

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-      ¿Guarapo qué explota? ¿Cómo va a ser eso, mami? ¿Eso es posible? Me quieres engañar mamá, eso no es así.

-      Niña ¿cómo te voy a querer engañar? El guarapo se fermenta como otras tantas bebidas. En este caso el problema fue que cerraron herméticamente los envases donde echábamos…

-      ¡Para ahí! Detente y empieza desde el principio ¿cómo fue el día que conociste a Fidel?

Toñita, la madre, respiró profundamente. Una vez más tenía que contar aquella historia de su temprana juventud a su curiosa hija pequeña.  Permaneció callada por unos segundos, suspiró una vez más. ¡Tenía tantas cosas que hacer! Pero ya todo eso daba igual. Esa mañana, la del último sábado de noviembre, ya era de por sí triste y quizás ayudarían los recuerdos, las anécdotas.

Se acomodó subiendo las piernas en el sillón de la sala y comenzó a  explicar a su hija, y al resto de la familia, que a los 14 años había formado parte de un Círculo de Interés sobre los ingenios azucareros en el Palacio Central de Pioneros “Ernesto Che Guevara”.

- Junto a mis compañeros de secundaria, íbamos a Palacio todos los miércoles. Nos tocaba hacer pruebas en un laboratorio, idéntico a los de cualquier otro central. Allí debíamos realizar análisis químicos para determinar la calidad del azúcar, del guarapo y de otros derivados producidos en el trapiche. ¡Era muy interesante!

En el año 1980, el círculo de interés al que pertenecía Toñita fue seleccionado entre varios de todo el país para representar la temática del azúcar en la exposición nacional Forjadores del Futuro, un evento concebido para dar a conocer logros científico-técnicos de los jóvenes cubanos. En el stand  dedicado a los pioneros en el capitalino Pabellón Cuba, se montó un laboratorio donde los estudiantes repetirían los distintos procedimientos que realizaban en el Palacio.

- También llevaron el guarapo, en pomos de cristal ámbar, como de dos litros, para tener bastante material con qué hacer las pruebas. Dejaron todo desde por la mañana bien temprano. Pero nosotros fuimos más tarde, cerca de las 5, a la hora que todos sabían que llegaba Fidel para ver las exposiciones de los pioneros.

Los Círculos de Interés estaban representados en el pabellón inicial, que daba a la calle 23 del Vedado. Desde ahí, los estudiantes permanecían expectantes a la llegada del Comandante en Jefe. Por fin, el murmullo de los niños avisó de su llegada. Comenzó a desplegarse el personal que acompañaba a Fidel y los profesores pidieron a los alumnos preparar todo para montar los experimentos. De repente, comenzaron escucharse crujidos y sonoras explosiones.

-      No comprendíamos lo que estaba pasando. Uno de nuestros profesores nos hizo tirarnos al suelo y él se echó por encima de nosotros. Fue entonces cuando comencé a asustarme. Todos estábamos nerviosos. Podía ser un atentado.

Toñita recuerda que se sintieron unas cinco o seis explosiones, casi siempre acompañadas de crujidos de cristales que caían violentamente al suelo. Cuando cesaron los ruidos, trasladaron a los pioneros lo más lejos posible de su stand y los mantuvieron reunidos para poder comprobar qué estaba ocurriendo.

-      Pasó casi una hora y apareció uno de nuestros profesores. Las explosiones habían sido en nuestro laboratorio. Por seguridad, se decidió cerrar completamente los recipientes con guarapo en la mañana y luego de tantas horas seis se fermentaron. ¡Aquellas eran las explosiones! – relata la madre con una risa nerviosa – Ahora todo estaba bien, y Fidel había dicho que quería ver a los muchachos.

Los pioneros fueron trasladados al teatro del Pabellón Cuba, allá los esperaba el líder de la Revolución Cubana.

-           Comenzó a hablarnos con mucha calma. “¡Qué susto hemos pasado todos!”, nos dijo. Sus palabras nos consolaron, nos pidió tranquilidad. Compartió un rato bonito con nosotros; uno que recordaré siempre. Después se tuvo que ir, y nosotros  nos pusimos a limpiar el reguero de nuestro stand.

    La carcajada general ilumina la sala. La madre sonríe, sabe que algunos ya conocían la anécdota, pero su hija más pequeña todavía parece embelesada. Todos se levantan, hay cosas que hacer en la casa a pesar de la  triste noticia del último sábado de noviembre. Solo Toñita se queda sentada con los pies cruzados encima del sillón y se pregunta cuántos recuerdos como el suyo estarán siendo, ahora, desempolvados. 

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