El futuro en malas manos

Autor: 

Dr Jorge Bergado Rosado
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28 Julio 2018
| |
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Crédito de fotografía: 

(Tomado de Mundiario)

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“La ciencia bajo asedio. Detrás de la escena en la preocupada agencia ambiental de Trump”. Así titulaba el comentarista Jeff Tollefson su artículo en News Feature de la revista científica Nature, publicado el 12 de Julio de 2018. El subtitulo era más explícito: Inseguridad, hostilidad e irrelevancia son ahora parte de la vida cotidiana en la Agencia de Protección Ambiental de los EEUU.

Desde antes que el presidente electo tomara posesión del cargo había dado muestras claras de hostilidad hacia esa agencia gubernamental. Y tales temores se han confirmado con creces. La incompatibilidad de la nueva administración se hizo evidente cuando designó a Scott Pruitt como director de la agencia estatal a cargo de la protección del medio ambiente (EPA). Pruitt, es un conocido negacionista del cambio climático, un abogado litigante y activo servidor en decenas de demandas de la industria en contra de restricciones impuestas por la EPA. ¡Lucifer dirigiendo el Paraíso!

Pero entonces la pelea apenas comenzaba. En marzo de 2017 Trump avanzó una propuesta de recortar el presupuesto de la agencia ambiental en un 31 por ciento y eliminar tres mil 200 empleados de los 15 mil que laboraban en ella.

Entre las más golpeadas por esta medida estaba la Oficina de Investigación y Desarrollo (ORD), el principal brazo científico de la EPA y que ha contribuido notablemente a sentar las bases científicas de las regulaciones ambientales en Estados Unidos. La reducción de casi la mitad del presupuesto de la ORD dejó a todos perplejos. Es posible que los recortes al presupuesto que la administración propone no se concreten en el congreso, que es quien decide, pero el mensaje ha sido claro, fuerte y agresivo: no permitiré que unos cuantos científicos afecten mi programa industrial; cueste lo que cueste.

Pruitt demostró ser el más entusiasta partidario de esta aberrante política. El 28 de marzo Trump le autorizó a eliminar restricciones dirigidas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero introducidas por Obama. Al día siguiente, Pruitt declinó la propuesta de los científicos de la EPA de prohibir el pesticida clorpyrifo por sus efectos negativos sobre el desarrollo cerebral de los niños.

En julio de 2017 se filtró al público una lista de nombres de negacionistas del cambio climático que, supuestamente, serían valorados para ocupar posiciones de dirección en la EPA. Tres meses después Pruitt lanzó una bomba: quedaba prohibido a científicos financiados por la EPA participar en el comité asesor de la agencia ambiental. Este comité realiza evaluaciones de expertos que sustentan las regulaciones ambientales que emite le EPA.

Con esa decisión Pruitt impidió a los científicos más destacados en temas ambientales tomar parte en esos procesos. La justificación de tal acción era perversa: recibir fondos federales para su investigación podría sesgar los juicios de esos científicos. Esto, sin embargo, contrasta con lo que es práctica en otras agencias federales como el Instituto Nacional de Salud (NIH).

Pruitt hizo más: redujo a 44 el número de miembros del comité asesor, de los cuales 18 son ahora personas designadas por él, en particular su nuevo presidente Michael Honeycutt, un toxicólogo tejano bien conocido por su oposición a establecer controles de la calidad del aire en su natal Austin. En este sentido, vale mencionar la designación como director, nada más y nada menos que del Comité Asesor Científico para Aire Limpio, de Tony Cox, un consultor muy amigo de la industria, quien ha cuestionado los estudios científicos que vinculan la contaminación del aire con la mortalidad humana.-.

Dice el articulista “la revuelta ha afectado a todos (en la agencia). La mayoría mantienen la cabeza baja, con la esperanza de que la ciencia prevalecerá de algún modo. Otros se han autocensurado y moderado su lenguaje, evitando palabras como clima o calentamiento global para evitar la atención. Algunos han retrasado su jubilación para mantener la agencia funcionando. Otros se han ido”.

Scott Pruitt (Foto: Tomada de Corrientes primero)

La primavera de 2018 fue turbulenta para Pruitt. Acusaciones de transgresiones éticas comenzaron a emerger. Hubo audiencias en el congreso e investigaciones. Finalmente, Pruitt anunció su renuncia, pero permanecería seis meses más en el cargo, tiempo suficiente para continuar su trabajo de minado.

El 24 de abril de este año anunció la propuesta de impedir que los resultados de cualquier investigación pudieran justificar decisiones regulatorias hasta que los datos y métodos fueran de conocimiento público. En aras de la transparencia, dijo. Pero los investigadores han alertado que tales datos muchas veces están restringidos de hacerse públicos para proteger la privacidad de las personas involucradas en los estudios. Un grupo de antiguos investigadores y directivos de la EPA publicó un análisis que de haberse implementado tal restricción dos décadas atrás se hubieran impedido regulaciones que han salvado unas 50 mil vidas anuales por contaminación del aire.

El sustituto de Pruitt, desde julio 2018 es Andrew R. Wheeler, abogado y lobista contra el cambio climático y las regulaciones ambientales. Algunos en la EPA tienen la esperanza de que su pasado en la agencia imponga límites racionales a sus acciones. Wheeler trabajó como asistente en la dirección de información de la EPA entre 1991 y 1994, antes de pasarse al otro bando.

El futuro del planeta y el de todos los que en él habitamos está virtualmente en sus manos.

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