Los futuros de la ciencia cubana

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18 Abril 2017
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Crédito de fotografía: 

Rolando Padilla Hernández

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Aniuska estaba nerviosa, preocupada porque las palabras no salieran de su boca con la debida entonación o pasara cualquier imprevisto. Quería estar concentrada. La expresión de su rostro transitaba constantemente de la emoción a la inquietud. Por fin llegó el momento esperado, y la muchacha holguinera subió al estrado con solemnidad.

La joven intelectual fue seleccionada para leer las palabras de agradecimiento en representación de todos los laureados con los máximos galardones y menciones de los Premios Estudiantes Investigadores, Jóvenes Investigadores y Tecnólogos, otorgados por el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio ambiente (CITMA) en su edición de 2016.

Esos reconocimientos se entregan a estudiosos de hasta 35 años de edad de acuerdo con su recorrido y desarrollo estudiantil y profesional hasta el momento de la selección.

Sin dudas, Aniuska Ortiz Pérez no podía quedar fuera del podio. El pasado año, la también profesora y jefa del Departamento de calidad de la Universidad de Holguín alcanzó el título de Doctora en Ciencias Tecnológicas por la rama de Ingeniería Industrial con solo 26 años.

De esa forma, se convirtió en la persona más joven en obtener el máximo grado científico en 2016. Pero la mayor recompensa de la investigadora a su labor son los resultados alcanzados con la aplicación de sus estudios relacionados con la gestión integrada y la calidad de procesos en universidades. Por ellos obtuvo el lauro al Mérito Científico del Ministerio de Educación Superior.

Ortiz Pérez destacó a Juventud Técnica que una de las razones por las cuales pudo realizar su Tesis de Doctorado a tan temprana edad fue la continuidad entre sus investigaciones realizadas en grados anteriores.

La investigadora holguinera, con sus proyectos y su tesón, es un ejemplo para los noveles científicos cubanos, pues desmitifica un poco la idea de que el grado y la experiencia vienen solo con los años.

Ir y aprender, volver y aplicar

“Yo estoy en el límite de la edad”, enfatizó a JT la matemática cibernética Yailen Martínez Jiménez luego de recibir el Premio a Jóvenes Investigadores del CITMA en la categoría dedicada a las Ciencias de la Computación e Informática.

La investigadora de la Universidad Central “Marta Abreu” se graduó en el año 2004 y desde entonces ha mantenido la atención de sus estudios en la el campo de la programación.

“Me acerqué a la carrera principalmente por las matemáticas, pero poco a poco la rama de la cibernética me fue atrayendo más”, explicó Martínez Jiménez.

La inteligencia artificial, aplicada a problemas relacionados con la optimización es el tema al que se dedica fundamentalmente Yailen.

El grupo de investigación de la casa de altos estudios villaclareña, donde trabaja Martínez Jiménez, ha obtenido buenos resultados vinculados a la secuenciación de tareas. Gracias a ellos, el proyecto logró una contraparte en una universidad de Bruselas, Bélgica.

“Allá hice mi Doctorado y perfeccioné los saberes en cuanto a la optimización e inteligencia artificial con elementos o propiedades que no teníamos acá, y eso nos ha permitido el avance en nuestra área”, enfatizó la experta.

La primera parte de los análisis implementados por Martínez Jiménez se desarrollaron de forma teórica, pero actualmente se realizan otros estudios vinculados con sus aportes para obtener el mayor grado científico. Una de esas tesis busca aplicar los resultados empíricos en un taller de reparaciones de piezas de repuestos para centrales azucareros.

Además, Martínez Jiménez señaló que el vínculo con Bélgica se ha mantenido y otros miembros del centro donde ella trabaja han continuado los estudios y las colaboraciones, siempre con el objetivo de aprender y traer los nuevos conocimientos a la Isla.

Dilemas por resolver

Carlos Tamayo Castro no ha cumplido un año de graduado todavía. Sus planes de continuidad de estudios se materializan paso a paso. Trabaja en el grupo de investigación de análisis complejos de la Universidad de Holguín y ya tiene casi aprobado el tema de maestría, la cual realizará en la Universidad de La Habana.

El joven matemático también está vinculado con otros proyectos y ha publicado al menos dos artículos con algunos de sus profesores de la carrera. Por su trayectoria fue seleccionado galardonado en la categoría de Ciencias Naturales y Exactas del Premio Estudiantes Investigadores.

Pero, como cualquier otro muchacho de su edad, Carlos tiene inquietudes. Aunque le encanta su profesión, considera que las condiciones para desarrollar adecuadamente sus análisis no son las ideales.

Creo que el Ministerio de Educación Superior, como otras instituciones del país, debe buscar la forma de estimular a sus investigadores. Los incentivos económicos son necesarios y hay muchas instituciones que hoy pagan por resultados. Puede que sea complejo, pero debe tenerse en cuenta esta problemática”, comentó Tamayo Castro a Elba Rosa Pérez, titular del CITMA en un conversatorio posterior a las premiaciones.

Brevemente, el matemático también reflexionó sobre cómo esos estímulos podrían ayudar a evitar las conocidas “fugas de cerebros” en nuestras instituciones de educación superior.

Sus criterios probablemente son compartidos por muchos de sus compañeros y por los propios directivos presentes en el debate, quienes aseguraron que “todas las propuestas e ideas serán debidamente atendidas”.

Algo más por hacer

No todo está dicho, descubierto o hecho. Aparentemente, eso todo el mundo lo sabe. Pero con frecuencia se olvida. La mayor parte del tiempo son los más jóvenes quienes se amedrentan ante la posibilidad de no tener algo nuevo que decir o con que contribuir.

Pablo Suárez Marrero no es uno de esos muchachos. Es recién graduado del Colegio San Gerónimo en la disciplina de Conservación del patrimonio y ha encontrado un espacio propio donde sus investigaciones tengan aplicaciones prácticas y teóricas.

El joven es también flautista y logró vincular esa formación con su carrera universitaria. Sus estudios se han enfrascado en la preservación del patrimonio musical cubano.

La labor de este joven de 28 años recuerda, entre otras cosas, que no todas las ciencias sociales y humanísticas todavía han recorrido un largo camino. Las nuevas temáticas están ahí, esperando a los valientes que se arriesguen a desenlazarlas.  

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