Genes de maestra

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
|
05 Febrero 2018
| |
0 Comentarios

Crédito de fotografía: 

Foto Daymaris Martínez Rubio

Me gusta: 

Si escucharas el nombre Helene Langevin-Joliot, ¿sabrías de quién se trata? Como pista se pudiera agregar que es una investigadora francesa reconoci­da en el campo de la física nuclear. Si todavía no dis­tingues de quién se trata, no te sientas mal. Muchas personas, aún estrechamente vinculadas al mundo de las ciencias, tampoco sabrían.

Este personaje no solo es conocido por sus tra­bajos y méritos. En su ascendencia encontrarás la clave de su identidad. Irene, su madre fue hija de los ganadores del Premio Nobel, Marie y Pierre Curie. Frederic Joliot, su padre, fungió como asistente de sus celebres abuelos en muchos experimentos. Mi­chel Langevin, con quien se casó la investigadora, y su hermano Pierre Joliot-Curie, resaltaron en sus respectivos estudios de la Física. Helene es un ejem­plo de cómo la ciencia también puede convertirse en una tradición familiar.

María Sánchez Colina se considera a sí misma como el fruto de un peculiar árbol genealógico, cuya principal costumbre ha sido trasmitir el amor por la docencia.

“Todas mis tías-abuelas y mi abuela por parte de padre fueron maestras del otrora prestigioso Cole­gio de la Luz, en Matanzas. Mi abuelo Felipe Sán­chez era un estudioso de los moluscos y también ta­xidermista del Museo Felipe Poey de la Universidad de La Habana (UH).

“En el campo de la malacología, incluso, hay una polimita cubana que lleva el nombre de uno de mis tíos, porque mi abuelo participó en su descubri­miento cuando trabajaba con Carlos de la Torre.

“Por otra parte, mi mamá es maestra normalista y mi padre ingeniero químico. Creo que todo eso me convierte en un producto de una tradición, y, a la vez, yo combino las dos cosas que más me gusta hacer: enseñar en la universidad vinculada a la in­vestigación”.

Y es que Maruchy, como todos la conocen, ha in­corporado la Física a la arraigada práctica parental.


“Mi esposo también es físico, el profesor Osvaldo de Melo Pereira, así como mi hija y mi yerno. Ellos dos se hicieron novios mientras estudiaban en la Facul­tad. El papá de él también es profesor y compañero nuestro. En total somos cinco físicos, siendo la única excepción mi consuegra. Imagino que a veces se tie­ne que sentir un poco excluida. Cuando nos reunimos siempre se nos escapa la profesión al conversar.

“Cuando yo era vicedecana, mi esposo fue deca­no. Hemos trabajado juntos durante mucho tiempo. Creo que nuestra relación se basa en la admiración mutua y en lo mucho que él se divierte conmigo. En la Facultad de Física he pasado gran parte de mi vida. Aquí me gradué, conocí a mi pareja, también estudió mi hija. Este lugar es una parte muy impor­tante de mí”.

Mientras se entretejen los hilos de la descenden­cia y antepasados de Maruchy, una nueva interro­gante se hace cada vez más latente. Ahora ya es imprescindible conocer cómo ella se inclinó por esa rama de la ciencia en la cual ha trabajado durante tantos años.

“En mi época de estudiante, sobre todo en la se­cundaria –aunque también durante el pre– tuve muy buenos profesores de Física, quienes me terminaron de inclinar hacia ese campo. A pesar de que al prin­cipio tuve mis dudas, ya en la UH decidí que no pude escoger mejor.”

Durante el segundo año de la carrera tiene lugar el primer encuentro de los estudiantes con la inves­tigación. Sánchez Colina en su momento se vinculó a un grupo de estudio. Posteriormente permaneció en esa línea de indagación, al punto de que el direc­tor de ese equipo llegó ser su tutor en la tesis para alcanzar el título de Doctora en Ciencias.

Al terminar la licenciatura en el año 1982 fue re­conocida como graduada integral más destacada. Entonces le propusieron un puesto como docente en su propia Facultad.

“Yo no fui ni alumna ayudante, porque eso ni si­quiera existía. Por lo tanto, yo no di nunca una clase hasta que me gradué. Lo cual, a causa del “factor genético”, me resultó una experiencia atractiva.

“Fue un proceso que se me dio de forma natural. Empecé con las clases prácticas y los laboratorios, y la verdad, hasta la fecha, me sigo divirtiendo dando clases y espero que mis alumnos también lo hagan”.

Para Sánchez Colina, la relación entre la docencia e investigar en su profesión requiere de constante aprendizaje, lo cual le encanta.

“Me paso la vida estudiando para preparar las cla­ses, incluso cuando haya impartido el mismo tema un montón de veces. Lo hago con la idea de siempre incorporar novedades. Me da gusto que los mucha­chos entiendan todo y sean capaces de explicárselo a otros.

“Ese es un momento que se disfruta. Se trata de buscarle el punto divertido a todo para que tanto los estudiantes como yo la pasemos bien y aprenda­mos juntos, sin apegarnos estrictamente a la parte académica”.

La otra mitad de una profesión

Dentro del amplio diapasón de temáticas por ana­lizar desde el punto de vista de la Física, la profesora Sánchez Colina se interesó desde la universidad por el campo de los láseres semiconductores.

La especialista relata que ya desde finales de los años 50 y en los 60 en Cuba se consolidó la rama de estudios dedicada a la materia condensada o Física de estado sólido. Esas investigaciones comprendían dispositivos como las celdas solares, diodos emi­sores de luz y láseres y circuitos integrados, entre otros. En los 70, cuando Maruchy comenzó la en­señanza superior, la Facultad de Física de la UH y el país contaban con resultados de nivel competitivo en esas áreas.

“La Física estaba de moda, con la Guerra Fría an­dando, y los rusos y norteamericanos inmersos en la carrera espacial. Fue un fenómeno al cual Cuba no escapó. Se enviaron personas a estudiar a otros paí­ses y en solo diez años se hicieron cosas increíbles”.

La primera vez que la investigadora participó en un evento internacional, en México, presentó un trabajo acerca de equipos láseres fabricados en Cuba. Aquello se consideró como algo fuera de lo común. Por lo general, la mayoría de los investiga­dores en América Latina se desenvuelven en la física teórica, debido a los costos de los equipos.

Como en el resto del país, la década del 90 repre­sentó grandes dificultades para la labor de los profe­sores y estudiantes de la Facultad. Muchos dispositi­vos no se terminaron de instalar, otros se dejaron de usar o se destruyeron por el paso del tiempo.

“Como método de supervivencia buscamos una mayor colaboración internacional, sobre todo con Brasil y México. De este último país fue fundamen­tal la ayuda del Centro de Investigación y de Estu­dios Avanzados (Cinvestav), pues recibió a varios de nuestros investigadores para que hicieran sus expe­rimentos allá.

“Personalmente, yo pasé de hacer los equipos a realizar cálculos teóricos y simulaciones en dispositi­vos semiconductores. Para ello me baso en los resul­tados que publican otras instituciones y universida­des, e intento optimizarlos y proponer mejoras a los equipamientos en base a las conclusiones previas. Esto no es que no tenga ningún valor, pero no es igual sin los instrumentos para poder llevar a cabo las investigaciones como antes”.

A pesar de las complejidades, Maruchy siguió en­señando en la misma institución donde se formó. Con el paso del tiempo pasó a ser vicedecana de Investigación, jefa de uno de los laboratorios del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Materiales (IMRE) y de uno de los docentes dentro de la Facul­tad. Entre noviembre de 2009 y hasta julio de 2014 se desempeñó como Decana. Desde ese último año y hasta la actualidad, ha sido electa, en dos perío­dos consecutivos, como presidenta de la Sociedad Cubana de Física, siendo la primera mujer en ocupar el puesto.

Muchos de quienes la conocen saben de su en­trega al trabajo, pero también de su agudo sentido del humor y de su alegre desenvoltura que la ayuda a subirse a un escenario y bailar y cantar junto a las Anacaonas.

Sueños concretados

A nivel preuniversitario existen concursos, tanto mundiales como iberoamericanos, de Física, Ma­temática, Biología y Química. Muchos de los estu­diantes que compiten en algunas de esas disciplinas terminan estudiando en la enseñanza superior las carreras de iguales nombres.

Los muchachos que ingresaban a la Facultad de Física de la UH, luego de pasar por esas experien­cias, no tenían forma de seguir consolidando sus habilidades competitivas, a pesar de ser jóvenes en­trenados para resolver problemas relacionados con esa rama de la ciencia.

Bajo esas condiciones se comenzó a manejar la posibilidad de crear un concurso donde los estu­diantes pudieran medir sus conocimientos. Se tomó como ejemplo un proyecto similar realizado por los matemáticos en donde también podían participar los físicos. Maruchy se involucró de lleno con la rea­lización de unas Olimpiadas de nuevo tipo.

“Ese concurso me dio mucha alegría, porque dis­fruto estimular el talento y verlo obtener resultados. Entre otros objetivos, el proyecto da continuidad al trabajo hecho con los muchachos en las preselec­ciones”.

En 2013, la competición se extendió más allá de la Facultad de Física e incorporó la participación de estudiantes de matemáticas y otras disciplinas, así como los del Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas (INSTEC) y de las universidades Central de Las Villas Marta Abreu y la de Oriente. Tuvo lugar entonces la primera Olimpiada Nacional Universitaria de Física (ONUF).

“Como parte de mi relación con el Centro Latinoa­mericano de Física (CLAF), en 2016 logramos que participaran alumnos de tres universidades: la Autó­noma de México (UNAM), Federal de Minas Gerais (UFMG), de Brasil y la Universidad de El Salvador.

“Este año hicimos una convocatoria a todos los cen­tros de educación superior de América Latina. Además, yo expuse los resultados de las competiciones anteriores a la Representante regional de la UNESCO, a quien tam­bién le pareció una excelente idea y decidió auspiciar el evento. El resultado: ¡78 estudiantes de 28 universida­des diferentes!”.

Maruchy reconoce que la Olimpiada Latinoame­ricana Universitaria de Física (OLUF) fue una expe­riencia complicada. Los problemas técnicos relacio­nados con la conexión o la lejanía entre aquellos que debían calificar los exámenes son solo algunos ejemplos.

“Al final nos sentimos satisfechos. Actualmente recibimos la noticia de que el Centro Internacional de Física teórica (ICPT, por sus siglas en inglés), radi­cado en Italia pero con una subsede en Sao Paulo, quiere invitar a los ganadores –cuatro primeros lu­gares– a una escuela de verano que se organiza en julio para estudiantes talentosos”.

El evento ya es parte de su legado hacia la Facul­tad, al igual que la actual estructura de la Jornada Científica. En ella, los estudiantes deben presentar sus trabajos en el mismo formato de artículo que solicita la Revista Cubana de Física. De esa forma se les prepara para las futuras publicaciones que vayan a hacer.

Otro de sus aportes a su Alma Máter fue su dedi­cado trabajo en torno a los programas de maestría y doctorado de la Facultad. Todavía ocupaba el pues­to de vicedecana cuando dirigió el proceso de dar forma por escrito a los proyectos y posteriormente a acreditarlos.

¿Y para el futuro…?

Sánchez Colina sabe que no todo es color de rosa y de alguna forma se inquieta por el futuro de sus estudiantes y de esa rama investigativa donde se ha desenvuelto durante tantos años. Según la experta, la situación actual de la física es catastrófica y no se le concede suficiente importancia, como tampoco a la ciencia en general.

“Es grave porque compromete el futuro. En el caso de nuestra rama, la falta de maestros debi­damente preparados provoca que los alumnos de preuniversitario no se motiven por estudiar carreras de ciencias exactas y mucho menos piensan en el magisterio.”

La profesora, que lleva casi cuarenta años ense­ñando a generaciones de físicos cubanos, parece incansable. Se siente feliz de la relación que sostiene con sus alumnos, en especial con quienes tutorea, pues con ellos llega a alcanzar un vínculo casi fa­miliar.

“Me siento orgullosa de ver cómo siguen supe­rándose y cómo repiten elementos que les he ense­ñado; cómo imparten sus clases siguiendo un estilo que de alguna forma aprendieron de mí”.

Galería
0 Comentarios

Añadir nuevo comentario