Guardianes, o los superhéroes que surgieron del hielo

Autor: 

Enio Echezábal Acosta
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31 Mayo 2017
| |
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Decir que fueron muchos los cambios sucedidos allá, al Este de Europa, cuando comenzaron a caer muros reales e imaginarios a inicios de la última década del pasado siglo, sería una aseveración demasiado facilista y simplona para explicar lo que ocurrió luego del fin de la Guerra Fría en las ahora naciones ex socialistas.

El proceso, que involucrara a no pocos estados de esa zona geográfica, significó un replanteamiento, como una crisis de identidad, que terminó por conducirlos a un proceso de metamorfosis que se extiende en muchos casos hasta la actualidad. Así, la búsqueda de sí mismos llegó a ocupar buena parte de su tiempo.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, punto de mira para aquellos que vivían del otro lado de la “metálica cortina”,  fue transformada con el giro de los eventos en la Federación Rusa, y más de 25 años después aún lucha por acomodarse en un escenario cada vez más dominado por los ideales de occidente.

Tal vez fuera ese uno de los motivos que impulsara al realizador Sarik Andreasyan, de ascendencia rusa y armenia, a meterse en un terreno hasta ahora vedado para la cinematografía de ese país durante cualquiera de las etapas precedentes: los superhéroes, esos arquetipos “encapados” nacidos en tiempos de la prensa de masas, y que luego se convertirían por sí mismos en un fenómeno que ha servido de entretenimiento y ha forjado ideológicamente a varias generaciones de jóvenes.

Guardianes (Защитники), cuenta la historia de un grupo de personas convertidas en seres “especiales” mediante modificaciones genéticas, y cuyo destino es proteger a la Madre Patria de posibles amenazas. El equipo,guiado por la Mayor Elena Larina (Valeriya Shkirando), tiene cuatro miembros: Lernik (Sebastien Sisak), maestro del elemento tierra; Arsenyi “Arsus”(Anton Pampushnyy), un soldado capaz de transformar su anatomía parcial o totalmente en la de un oso; Khan (Sanzhar Madiyev), letal guerrero con velocidad sobrehumana y habilidades para el manejo de las espadas; además de Kseniya (Alina Lanina), mujer invisible e inmune al contacto con temperaturas extremas.

Ocultos por más de dos décadas, todo se complica cuando, ya desaparecido el mundo que los creó, deben enfrentarse al científico August Kuratov (Stanislav Shirin), con una preocupante inestabilidad psicológica, convertido por accidente en un temible enemigo con poderes tecnópatas y afanes guerreristas.

Más allá de lo meramente comercial, la puesta en escena resulta en una obra claramente nacionalista. Se trata de un intento de los creadores por reafirmar el vínculo con el pasado de una forma mínimamente coherente, a la vez que el guionista Andrei Gavrilov se apoya en los sucesos superheroicos para dar la bienvenida a los personajes, “objetos” de antaño que aun mantienen su sentido en la actualidad como parte del país que se ha ido conformando.

Las actuaciones resultan bastante planas, y a excepción de algún que otro intento por sacar una sonrisa de los espectadores (destaca la escena del grupo entrando al elevador, oso incluido), el elenco se muestra más bien incapaz de transmitir los conflictos –si es que los tienen– de los caracteres, cuyo único móvil parece ser la venganza contra sus creadores.

El miedo constante de “Arsus” a perder su humanidad, la hija de Lernik, o la amnesia de Kseniya, son algunas de las historias que se introducen a partir de pequeñas subtramas, aunque debe señalarse el poco aprovechamiento que se hace de ellas, a modo de condimento, para enriquecer el filme.

Importante mencionar una escena en donde salta a la vista la diferenciación de los súpers con su contraparte del otro lado del Atlántico. Luego de la épica batalla contra Kuratov, que causa grandes destrozos en Moscú, aparece una presentadora de televisión anunciando –para tranquilidad de todos los ciudadanos afectados –que el gobierno ruso se responsabilizará por las reparaciones de la ciudad.

Una respuesta a las omisiones realizadas por las casas productoras norteamericanas, cuyas creaciones parecen ir matando “mosquitos a cañonazos”, sin importarles en lo absoluto quién pagará luego para levantar lo que ellos tan “heroicamente” destruyen.

La recomendación es que no deje usted de ver este filme, estrenado en las salas rusas en febrero de 2017. Si bien no le garantizamos que salga totalmente satisfecho, sí estamos seguros de que si es amante del género, no le hará ningún daño enfrentarse a otra realidad.

Por ahora, le auguramos nuevas noticias de los Guardianes, cuya secuela será filmada en China, e incluirá nuevos personajes Made in… el Gigante Asiático. A ese paso, quién sabe si en el futuro quieran darse todos un paseo por el Caribe.

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