GUTL: Por el uso de tecnologías libres

Autor: 

Bárbara Maseda
|
27 Febrero 2015
| |
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En uno de los extremos del diálogo sobre la conveniencia de emplear software libre y de código abierto  en Cuba hay un grupo no muy grande y bastante desconocido que lleva años trabajando estos programas. Se trata del Grupo de Usuarios de Tecnologías Libres (GUTL), una organización que reúne expertos y aficionados en todo el país.

Su coordinador nacional, Pablo Mestre Drake, compartió con Juventud Técnica esta compilación de altibajos, satisfacciones, perspectivas y demás coordenadas de sus primeros cinco años de vida.

—¿Cómo se fundó el grupo?

—El Grupo de Usuarios de Tecnologías Libres surge el 23 junio de 2009, a raíz de una reunión en el Palacio Central de Computación, en Centro Habana, donde participaron personas de varias provincias y muchos miembros de lo que hasta ese momento se conocía como “Linux Habana”. La idea era crear un nuevo grupo con nuevos objetivos, que hiciera un trabajo mucho más amplio y ayudara a crear una asociación legal que verdaderamente representara a la comunidad de usuarios de tecnologías libres.

Pablo Mestre Drake, coordinador nacional del Grupo de Usuarios de Tecnologías Libres durante una sesión de trabajo del FLISOL. (Foto: Cortesía del entrevistado).

—Y antes de ese momento, ¿qué había?

—Grupos más locales, como el pionero “Linux Santiago”. La gente que tenía interés en el uso no solo de Linux, sino de software libre (SWL) en general, comenzó a reunirse, a conocerse… Hubo iniciativas aisladas en La Habana, Santiago, Pinar de Río, Matanzas, Sancti Spíritus y Cienfuegos. Estaban dispersas; cada uno hacía lo suyo en su parte. Así que la idea era unir toda esa fuerza de trabajo en una organización, para que no se repitieran esfuerzos y que todo el mundo trabajara por un fin común.

Por esos años estas comunidades recibieron el apoyo del grupo que llevaba el proyecto nacional de migración a software libre, que involucraba actores como el Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC)*, ETECSA y otras empresas. En ese contexto, el Estado puso a disposición de la comunidad un servidor para alojar diferentes servicios accesibles a través del portal SoftwareLibre.cu, como repositorios, una wiki, una lista de soporte. Pero un día un usuario no identificado envió un mensaje con contenido contrarrevolucionario y sin preguntarnos nada nos apagaron el servidor; así, sin previo aviso. Y nunca más volvió a encenderse.

“Dos años después, en 2009, pasamos la información a un sitio en Internet, lo cual violaba ciertas normas de seguridad informática y políticas que había en aquel momento. Además, no cumplía con el requisito de estar a disposición de todos los miembros, porque algunos solo tenían acceso a sitios en dominio “punto cu” (.cu) o correo electrónico, pero no a Internet. Luego nos acercamos a los directivos de los Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE), fundamos GUTL, y con el apoyo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) creamos un sitio web que luego pasó a alojarse en JCCE cuando el MIC les orientó que nos apoyaran.

—¿Por qué  “Tecnologías libres” en lugar de “Software Libre”?

—“Tecnologías” porque no queríamos promover software libre nada más, sino también conocimiento y hardware. El hardware no tiene mucho desarrollo en Cuba, pero la intención era no tener que cambiar de nombre después, si se llegaba a ese punto, ni que el nombre limitara nuestro alcance.

—¿Actualmente qué hace GUTL?

—En Cuba no hay un movimiento de hardware libre. Nosotros promovemos el uso de tecnologías, damos soporte a los miembros de la comunidad  y a quienes quieren iniciarse. Eso es lo que hacemos: soporte y promoción de Software Libre.

—¿Qué tipo de apoyo han recibido de las instituciones cubanas?

—Al inicio solo teníamos el apoyo individual de algunos funcionarios de instituciones como el Palacio de Computación y los CDR. Un año después, logramos que el Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre (FLISOL) se extendiera a muchas sedes del país y el evento creció tanto que el MIC, a través de los Joven Club, nos llamó y comenzó a atendernos. Llegamos incluso a lograr que se ocuparan de apoyar la existencia de al menos una representación de GUTL en cada provincia. Después de eso fue que pasamos a alojar nuestro sitio actual con ellos.

—¿A lo largo de estos cinco años, ese apoyo ha ido mejorando o decayendo?

—Ha decaído. A los JCCE lo que más nos une es tener nuestros servicios montados en su servidor, pero realmente es una institución que no tiene una verdadera afinidad con GUTL. Su programa no está orientado al uso de tecnologías libres. A excepción de lo que pueda estar instalado en los servidores por conocimiento de un administrador de red y algún curso muy puntual, el trabajo de los JCCE y la mayoría de los cursos que ofrecen al público van orientados a software privativo. Antes había una persona que era nuestro contacto con esta institución, pero en un punto comenzaron a cambiarla una y otra vez, y con los cambios hubo menos y menos interés en darnos atención. Es un vínculo que quisiéramos recuperar.

—¿En la actualidad tienen participación en un proyecto nacional de migración a SWL?

—No. En 2010 nos ofrecimos para ayudar a migrar todos los Joven Club a software libre, empezando por los servidores. Recuerdo que después de hacerlo en las primeras tres o cuatro instalaciones, se paró el proyecto, no porque no hubiera personal disponible (nosotros), sino porque dejaron de asignarnos los lugares a migrar.

Nos quedamos a la espera y con el tiempo vimos que todo murió.

Si el país toma la decisión de migrar nosotros estamos en la mejor disposición de apoyar. Más que todo, podemos brindar la experiencia que los miembros de la comunidad han acumulado a lo largo de más de 20 años.

—¿Cuáles dirías que son las principales dificultades a las que se enfrenta GUTL hoy?

—No disponer de un servidor propio, lo cual influye directamente en nuestras posibilidades de crear software. Una de las dificultades que identificamos en algún momento a lo interno es que mayormente éramos consumidores de SWL creado por otros, y el propósito era que la comunidad cubana no solo consumiera, sino que también aportara software a Cuba y al mundo. En esa línea, pedimos a los JCCE que nos dieran la posibilidad de crear una forja, que no es más que un espacio al cual los programadores suben sus proyectos, donde todo el mundo puede verlos y hacer aportes. Pero es algo que no hemos podido lograr hasta el día de hoy.

No tenemos un equipo de programación, ni siquiera un banco de problemas, un banco de proyectos donde las personas puedan conocer qué es lo que hace falta y ponerse a trabajar sobre eso. Funciona de la siguiente manera: alguien tiene una necesidad específica, desarrolla un inicio de solución, comenta o publica lo que hizo, y a partir de ahí hay quienes opinan, dan sugerencias. Es así como los proyectos que se han hecho en la comunidad han crecido y han llegado a publicarse.

Tampoco hemos podido llegar a ser una organización legalmente constituida. Se hicieron varios intentos sin resultados, porque la ley de asociación requiere que un organismo oficial te represente. El Ministerio de Justicia nos exige el amparo de un ministerio afín, en este caso el Ministerio de Comunicaciones. Pero lamentablemente lo que ha hecho [el MC] es poner a los JCCE como intermediario entre ambos”.

—¿Cuál es la dinámica de contacto al interior de la comunidad? ¿Cuántas personas la integran?

—La comunidad es virtual, aunque tuvimos espacios donde intentamos tener contactos más personales. Antes nos reuníamos los últimos sábados del mes, luego los domingos. Pero ya no se hace. Me parece que la gente no está muy motivada a asistir. No es que todo el mundo tenga acceso a Internet, pero ha mejorado la conectividad de los miembros. Tenemos la lista, el portal, el foro… Y el repositorio está en muchos lugares. Así que eso puede haber hecho disminuir el incentivo de ir a estos encuentros. Ahora solo nos queda el FLISOL. La lista actual de soporte tiene 454 miembros y yo personalmente conozco a menos del 20 por ciento.

—¿Cuál es el procedimiento para hacerse miembro?

—El único requisito es usar, promover o divulgar tecnologías libres. Hay quien quizás tiene interés, pero solo puede usar software privativo porque en las computadoras de su centro de trabajo no hay SWL instalado.

—En Cuba hay mucha gente que ni siquiera tiene acceso a la Intranet nacional, ¿no han pensado en otras formas de distribución que no dependan de una conexión? ¿Aprovechar las redes criollas o el paquete semanal?

—Mediante esas vías no, pero en algún momento creamos nuestra propia versión de paquete, no uno que llevaran a tu casa, sino que en la wiki creamos un espacio donde la gente interesada en compartir publicaba la lista de lo que tenía y si a alguien le interesaba algo podían ponerse de acuerdo entre ellos sobre cómo ir a copiarlo.

—¿Cuáles dirías que son los resultados positivos del grupo en este tiempo?

—Hemos logrado que las aplicaciones que desarrollan nuestros miembros  no se queden en un marco local, sino que ya se están subiendo al portal o comentándose en la lista. Ya no se está trabajando de manera tan aislada como antes: alguien programaba en su casa y producía para sí, o para su empresa y ahí se quedaba.

Y por otro lado, el FLISOL 2014, que superó mis expectativas con creces. Debo agradecer en especial a la dirección del Planetario y a los muchachos de la Dirección de Informática de la Oficina del Historiador de la Ciudad, que nos ayudaron muchísimo. Desafortunadamente no asistió todo el público que hubiésemos querido, porque tuvimos poco tiempo para hacer promoción (conseguimos el lugar con solo 15 días de antelación). También nuestra participación en la Feria Internacional del Libro demostró que la comunidad tiene la capacidad de organizarse y convocar y llevar a cabo encuentros sin apoyo”.

Notas:

*Este ministerio ha tenido diferentes denominaciones en diferentes períodos: Ministerio de Comunicaciones (1980s-2000); Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC) (2000-2013); Ministerio de Comunicaciones (MINCOM) (2013-actualidad). En la entrevista se utiliza la denominación correspondiente a la fecha de los sucesos que se citan.

 

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