Herbert 3.1

Autor: 

Miguel Angel Maeda Torres
|
10 Septiembre 2019
| |
0 Comentarios

Crédito de fotografía: 

Ilustración. Luis Enrique Aparicio

Me gusta: 

·3er Lugar

Eran las 7:00 a.m. y Herbert se dispuso a levantarse. Sus movimientos lentos reflejaban el cansan cio y la falta de ganas para comenzar un nuevo día. Mientras se ponía las pantuflas sentado en la cama, su vista se tropezó por accidente con el retrato de su padre. Estaba tumbado. Lo levantó y se quedó mirándolo. Más que un recuerdo, aquella foto era un recordatorio de que él debía ser lo que su padre quiso y no pudo. Por ello se levantaba todas las mañanas. Pero, solo Dios sabía cuánto odiaba hacer lo que hacía.
El retrato parecía más bien un espejo. Herbert y su padre eran idénticos. Aquella foto era lo único verdaderamente suyo en aquella casa, pensó. El resto de la
decoración y mobiliario estaba dispuesto según la estética de Anne, contrapuesta a la de él, pero para complacerla hacía lo que fuera necesario. También había hecho lo que fue necesario para complacer a su padre, mientras estuvo vivo. Y ahora, que no estaba con él, seguía haciéndolo.

Herbert se aseó y tomó un desayuno ligero. Mientras tomaba una taza de café con leche, leyó en el ordenador las directrices de su jefe para el día.
-¡Maldito sea!
- ¿Qué pasa?- preguntó su esposa Anne.
- Nada, es solo otra rueda de prensa, en un estúpido evento de electrónica. No te preocupes. Ya saldré
de esta.
Herbert odiaba cuando el director de la revista le asignaba reportajes de eventos como ese. De hecho, detestaba casi cualquier cobertura que tenía que realizar. Él nunca quiso ser periodista, era el sueño de su padre, no el suyo. Hubiese preferido ser veterinario o doctor, o tal vez ingeniero. En fin, cualquier otra cosa, que al menos hubiese elegido él. Sin embargo, esa mañana tenía que ir a un evento de tecnología en Las Vegas. Sabía que llegaría de noche a casa.
Así se dispuso a partir de casa y tomar el taxi que lo dirigió a la Convención. El lugar estaba repleto de incandescentes luces de neón y pantallas gigantes por doquier. Los nerds y geeks pasaban desenfrenados por al lado de Herbert, mientras que este los contemplaba
sin entender su entusiasmo.

La tarea que su jefe le había asignado era sencilla, realizar la cobertura del lanzamiento del último producto del más importante zaibatsu japonés del momento, Hojo Industries. Debía tomar notas del evento, grabar las declaraciones y realizar par de preguntas inteligentes. El director conocía demasiado bien a Herbert, y precisamente por eso lo enviaba a eventos que detestaba. Por alguna razón esto hacía las ruedas de prensa más interesantes, ya que Herbert se exasperaba con facilidad y esto propiciaba preguntas que dejaban sin habla a los entrevistados. Herbert mejor que nadie había notado la estrategia, pero no podía hacer nada al respecto.
Sin más entró en la sala y se sentó al frente, donde le indicaron, hubiese preferido sentarse atrás. Todo estaba dispuesto para comenzar. Los ingenieros de Hojo Industries se adentraron en la sala. Mientras lo hacían, un grupo de empleados trasladaba en una caja lo que debía ser el último producto de la empresa nipona.
-Sean todos bienvenidos- expresó uno de los ingenieros con un fuerte acento oriental.
-Tomen sus asientos, por favor.

Agradecemos profundamente a todos los presentes por haber venido a contemplar la última creación de nuestra empresa Hojo Industries. Primeramente, debemos decir que nos sentimos orgullos y satisfechos por este producto, puesto que va a revolucionar la sociedad. Creemos que puede ser recordado junto a los otros grandes inventos que cambiaron el mundo como la rueda, la máquina de vapor y la bombilla.

No queremos realizar un preámbulo extenso. Así que contemplen ustedes mismos a Isaac.
Rápidamente algunos empleados develaron el producto tan anunciado. Gritos de sorpresa se escucharon en toda la sala. Hasta la apatía usual de Herbert se transformó en una repentina curiosidad. El producto era un humano colocado en posición fetal. A la orden de los ingenieros se levantó y saludó al público.
-A pesar de lo que parece, nuestra empresa no practica la esclavitud. Este es el primer robot humanoide, verdaderamente exitoso que ha creado la humanidad.
Ha superado en disímiles ocasiones el Test de Turing.
Al entrar en modo imitación, puede emular el comportamiento humano a la perfección. Sus utilidades son disímiles. Casi me atrevería a decir que es un humano perfecto.
Con una capacidad cognitiva superior a la media de los científicos del mundo y una fuerza superior a la de cualquier atleta. Nuestro robot Isaac
3.1, transformará la sociedad, ya que permitirá sortear cualquier barrera. Su condición humana, permitirá una interacción dinámica y funcional como ningún otro
adelanto tecnológico que el hombre ha hecho en el pasado. Pero, más allá de las utilidades, creo que desde el punto de vista científico es la prueba irrefutable, de que es posible crear vida. Para nosotros, Isaac 3.1 es humano, tiene sentimientos, motivaciones, inquietudes… Los invitamos a interactuar con él en su modo
imitación.
Mientras los ingenieros explicaban los detalles de su funcionamiento, sus ventajas y alardeaban de su creación, Herbert había superado su curiosidad inicial para
transformarla en su acostumbrado desdén. Solo esperaba a que comenzara la rueda de prensa. Una vez iniciada, pudo hablar de tercero.
-Señores, agradecemos el habernos permitido participar en esta presentación. Me gustaría realizar algunas preguntas. La primera: ¿Tiene acaso Isaac 3.1 libre
albedrío?

- En realidad el modo imitación es lo que podríamos llamar el estado de libre albedrío. Ya que en ese estado el robot puede elegir según su voluntad la mayoría de las decisiones, sean del lenguaje, del pensamiento, etc.
Es un estado en que se utilizan ciertos patrones de comportamiento aleatorios mezclados con algunos fijos que determinan la personalidad del robot. Por ello, podemos afirmar que Isaac decide en ese estado según su voluntad.
-Pero, tan pronto como un humano decida, ¿saldrá de ese estado? Seguramente existen ciertos límites programados, para que Isaac no tenga un comportamiento inadecuado en determinadas circunstancias.
Sería peligroso de no ser así ¿Verdad?
-En efecto sí, eso es cierto. Por demás están programados para respetar las leyes de la robótica, que alguna vez avizoró Asimov -contestó el ingeniero orgulloso
y confiado.
-Entonces no decide del todo, tan siquiera en el modo de imitación. ¿No?
-Bueno, sí. Es cierto. -El ingeniero no esperaba un
cambio tan brusco del rumbo de la entrevista. Quedó ridiculizado, justamente esa era la especialidad de
Herbert. Pero, no se detuvo ahí y continuó su cruzada personal contra Hojo Industries.
- ¿No cree que el libre albedrío es una condición sine qua non para definir lo humano? Es precisamente lo que nos distingue de los animales. De todas formas, me parecería inquietante que lograse crear un humano, nos lo estarían ofreciendo como esclavo. ¿Acaso es eso lo nos ofrecen o proyectan
ofrecer?
Los ingenieros tuvieron poco que replicar, por lo que quedaron desacreditados. Mientras Herbert salía por la puerta escuchó la voz del más anciano de los ingenieros de Hojo Industries que había permanecido cerca de la entrada:
-¿Es el libre albedrío lo que nos define como humanos?- preguntó con una sonrisa en los labios, Herbert lo ignoró. No estaba para lecciones de filosofía oriental.
El director no se había equivocado en asignarlo, había dado el espectáculo que esperaba. Esto sin dudas aumentaría la popularidad de la revista. Lo habían utilizado como siempre. Herbert tomó un taxi para regresar a casa.

En el vehículo comenzó a organizar sus notas. Otro día de basura, pensaba.
Al entrar en casa, su esposa lo esperaba con la cena lista. Comió sin ganas, no solo por la falta de ánimo, sino porque no le gustaban los empanados que hacía Anne. No importaba cuantas veces él le recordara que no le gustaban. Siempre terminaba comiéndolos. Tomó un baño y se dirigió a su escritorio Herbert se dispuso a sentarse enfrente del ordenador. Pensaba enviar un email a su jefe para adelantarle los acontecimientos del día. Al abrir el servidor de correo introdujo sus datos para iniciar sesión.

El ordenador le pidió que introdujera los caracteres que aparecían en una imagen distorsionada de una casa. Lo hizo. FailedReCaptcha, fue la respuesta del ordenador. Nuevos caracteres fueron presentados, esta vez estaban en una señal de tráfico. De nuevo, FailedReCaptcha. Comenzaba a exasperarse. Los caracteres volvieron a presentarse en la foto de un autobús. Una vez más, FailedReCaptcha.
Estúpido ordenador, no puede reconocer a un humano, pensó. Ya molesto, se dio por vencido y prefirió dirigirse a su cama para dormir. Hablaría con su jefe al otro día.


Sentado en la cama comenzó a arrepentirse de lo que había hecho. Sintió un poco de pena por los ingenieros, luego de tantos años de trabajos, venía un periodista de quinta categoría a echar por la borda tanto esfuerzo. Se preguntaba si lo había hecho porque realmente pensaba
así o porque estaba amargado y canalizó sus frustraciones en un ataque de ira público dirigida a alguien que tal vez no lo merecía. A veces perdía el control de sí mismo, su madre solía decirle que él en realidad no quería actuar así, era el legado genético de su padre. ¿Tenía realmente
el control de su vida, de sus decisiones? Inmerso en sus pensamientos, miró la foto de su padre y dijo:


-Lo siento, papá. No puedo seguir así. Mañana renuncio. Tengo que hacer algo por mí, por una vez. Tengo derecho a decidir qué hacer con mi vida. Mientras hablaba, miró el retrato de su padre y lo derribó suavemente con su mano.
Eran las 7:00 a.m. y Herbert se dispuso a levantarse.
Sus movimientos lentos reflejaban el cansancio y la falta de ganas para comenzar un nuevo día. Mientras se ponía las pantuflas sentado en la cama, su vista se tropezó por accidente con el retrato de su padre. Estaba tumbado. Lo levantó y se quedó mirándolo. Más que un recuerdo, aquella foto, era un recordatorio de que él debía ser lo que su padre quiso y no pudo. Por ello se levantaba todas las mañanas. Pero, solo Dios sabía cuánto odiaba hacer lo que hacía…

 

0 Comentarios

Añadir nuevo comentario