Hollywood se va al centro de la diana

Autor: 

Alberto C Toppin
|
10 Abril 2019
| |
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Cuando hace 80 años se terminó de producir la versión cinematográfica que hiciera Metro-Goldwyn-Mayer de El mago de Oz, difícilmente Victor Fleming imaginaba que entre los años sesenta y setenta caería en declive la ciudad que sirvió de escenario a su filme. Aunque lo que sucedió con Culver City, el mencionado lugar, es bastante común con las locaciones de la industria del entretenimiento: pasan de una productora a otra y, cuando no se les puede extraer más zumo, se demuelen.

Pero lo que está viviendo este pueblo californiano es bastante singular, más allá de su renacimiento a finales de siglo y las películas que se hayan rodado recientemente en sus cercanías.

A finales de octubre de 2017 se confirmó que Amazon, el gigante transnacional de las ventas online, movería a más de 700 empleados hacia los históricos estudios Culver — fundados en 1918 — para que continuaran allí sus quehaceres de, entre otras divisiones, Amazon Video. Para ese momento, también se sabía que Apple estaba en conversaciones con el propósito de adquirir unos 7 mil 900 metros cuadrados de la misma ciudad, aunque en enero se confirmaría que otros 11 mil 900 estaban ya bajo su posesión.

¿Qué hacen dos corporaciones sin mucha relación con el cine en un espacio así? Pisarle los talones a Netflix en cuanto a producir entretenimiento con sus propios recursos. Y lo mejor: no son las únicas.

Vender, sí, pero no solo lo ajeno

Más de una década después de que se creara Amazon, la compañía de las ventas minoristas hizo surgir una división que se encargaría de comercializar videos a aquellos usuarios que contrataran este servicio en específico o que formaran parte de su comunidad Premium; es decir, la de abonados a Amazon Prime. Su contenido original comenzaría a transmitirse el 19 de abril de 2013 y se trataba entonces de cinco web series: una comedia (Betas), una sátira política (Alpha House) y tres programas infantiles (Annedroids, Creative Galaxy y Tumble Leaf).

Amazon Prime Video dio realmente el salto cuando en 2017 colgó en la Play Store una aplicación para acceder directamente al servicio desde los dispositivos Android. Desde entonces, la compañía apuesta por la producción propia o tener la distribución exclusiva. Por ejemplo, en enero de 2019 se estrenó el anime Dororo únicamente en su plataforma, y puede que ocurra lo mismo con lo que ya se anuncia como “el segundo Juego de Tronos”: una serie de varias temporadas basada en La Comunidad del Anillo. Según Reuters, en noviembre de 2017 Amazon compró no solo los derechos para la transmisión televisiva de esta primera parte de la trilogía El Señor de los Anillos, sino de la saga completa. El costo fue de 250 millones de dólares.

Por supuesto, esto no es más que una manera de asegurar suscriptores al servicio Premium, pero significa también un alza en la venta de productos. Como explica la agencia británica de noticias, los miembros de Amazon Prime compran más que quienes no lo son. No obstante, Prime no es solo acceso a programación original: también abarca más inmediatez en las entregas, por ejemplo; de ahí que el comportamiento de su membresía no se traduzca en audiencia exclusivamente.

Parrots Analytics refiere que durante el 2017 disminuyó la demanda hacia Amazon Prime Video, aunque hasta septiembre de 2018, al menos una de sus web series se mantuvo entre las 20 de mayor audiencia en algunos países como Israel, India, Finlandia y Dinamarca. En esto influye también la existencia de competencia que ya está liberando todo su contenido original.

¿Pagar por ver youtubers?

La mayor plataforma de video del mundo, YouTube, solo tiene una cosa gratis: el acceso a la visualización. Precisamente este ha sido el gancho para atraer a millones de espectadores en todo el planeta e, incluso, revolucionar los patrones de consumo: si antes se buscaba a los famosos, hoy también entran en las búsquedas personas con las que el público se identifica o se divierte. Y a esas personas, por atraer potenciales consumidores de publicidad, se les paga una comisión y se les llama, muy cordialmente, youtubers.

El problema radica en que cada vez un número mayor de usuarios hacen uso de bloqueadores de publicidad. Tal y como escribiera Felix Kjellberg en su blog, el 40 por ciento de los más de 40 millones de seguidores de su canal en YouTube usa esa herramienta, cuando al inicio era solo un 15–20 por ciento. Sin embargo, YouTube tuvo la solución: YouTube Red, hoy YouTube Premium.

Con esta variante, se ponían en consumo bajo demanda películas exclusivas y series protagonizadas por los vloggers más reconocidos, todas sin publicidad alguna y por unos diez dólares mensuales — 12 a partir de junio de 2018 — , además de permitir el acceso a Google Play Música — luego YouTube Music — y la descarga de contenido para verlo offline. La primera salida al público del contenido original fue el 10 de febrero de 2016 con tres películas (A Trip to Unicorn Island, Dance Camp, Lazer Team) y una serie protagonizada por el propio Felix (Scare PewDiePie).

Que en noviembre de 2018 Google anunciara que paulatinamente costearía con anuncios publicitarios y no con suscripciones el contenido original de YouTube fue, a la larga, dar el brazo a torcer ante las críticas iniciales. No era para menos: días antes de estrenado el primer contenido original, desde la revista TechCrunch se preguntaban si el público realmente pagaría por ver algo de la programación, que ni de lejos se acercaba a la de otras plataformas. Lo que no dijo el equipo del popular buscador fue que ya otra compañía se le había adelantado en eso… desde hacía un año.

Dale Like al TV

Visualidad de Facebook Watch al inicio, en móviles y televisores inteligentes. Fotos tomadas de Facebook Newsroom.

En agosto de 2017, Facebook hizo pública en Estados Unidos una nueva pestaña en todo tipo de dispositivos. Dando clic en ella, se accedería a los videos de las páginas seguidas por el usuario e, incluso, un plus: la red social más visitada en el mundo comenzaría a introducir producciones de socios comerciales, de las que obtendría el 45 por ciento de las ganancias por publicidad.

La pestaña, denominada Watch, no pudo estar mejor concebida y el equipo lo supo desde el inicio: en 2017, Parrots Analytics tenía identificada a la comunicación interpersonal — sea verbal o mediante redes sociales — como la principal manera de descubrir nuevas series y espacios televisivos en el 34 por ciento de los espectadores. A esto se le suma que, de acuerdo con un comunicado de prensa, Facebook estableció cuatro grupos: shows que conectan con los seguidores y las comunidades, otros que se dirigen solo a los fanáticos, unos terceros que siguen una narrativa o un asunto en específico y, por último, aquellos que son eventos en vivo para unir comunidades. Así, aseguraba que las audiencias podían tanto interactuar con autores literarios reconocidos como ver un partido semanal de la MLB.

Además, para adecuarse más a los patrones de comportamiento de los usuarios, a las recomendaciones de las páginas seguidas se adicionan algunas listas que agrupan lo más hablado, qué está haciendo reír a la gente y shows que ven tus amigos. Sin embargo, la fortaleza está en que los con­tenidos también apa­recerán en la sección de noticias de los usuarios, de manera que los encuentren, incluso, sin bus­carlos.

Por si fuera poco, ya Facebook tiene su éxito de audiencia en cuanto a serie dramática. El 13 de septiembre de 2017 lanzó cuatro capítulos de Sorry for your loss, que trata sobre la vida de una mujer que enviuda. Para el 16 de enero de este año, el programa tenía unos 369 mil seguidores a la espera de una segunda temporada ya confirmada.

Al parecer, no fue tan mala la idea de reciclar la experiencia que Mina Lefevre, la actual directora de desarrollo de Facebook Watch, adquirió previamente durante la realización de programas en la mega cadena musical MTV. Aun así, estaría por verse si los cuatro millones de dólares que la compañía de Zuckerberg estaría dispuesta a pagar por cada nuevo episodio no sería un precio demasiado alto para una empresa de servicios. Para las productoras de hardware y software sí sería más que factible. Especialmente para una.

Oprah y Spielberg muerden la manzana

 

Los 11 mil 900 metros cuadrados ocupados en Cuver City son solo la punta del iceberg dentro de los planes de Apple para lanzar programación propia. La compañía de Cupertino ha destinado más de mil millones de dólares para asegurarse de tener de su lado, sino lo mejor, al menos lo más consumido. Y no empieza tan en pañales.

Desde hace unos años, los derechos de un programa de audiencia notable están en las manos del gigante tecnológico: Carpool Karaoke. Se trata de una suerte de karaoke en el que los músicos cantan sus propias canciones mientras se trasladan en auto. Su temporada inicial se transmitió por Apple Music de manera gratuita para todos los usuarios con un dispositivo fabricado por Apple. Pero con la programación original no sucederá tan así: será por suscripción libre de publicidad.

En junio del año pasado, Kirk Burgess, analista y accionista de Apple y otras compañías tecnológicas, había dicho en un tuit que el grupo otrora liderado por Steve Jobs estaba produciendo la misma cantidad de series que HBO, la cadena de éxitos como Juego de Tronos y Westworld. En septiembre de 2018, The Wall Street Journal afirmó que 24 series estaban realizándose, mientras que un mes más tarde, NBC contactó a una fuente anónima que aportó otro dato: todo el contenido estaría libre de violencia y sexo.

Los fichajes también demuestran qué tan alta es la apuesta de los de Silicon Valley. A mediados de 2017, Jamie Erlicht y Zack Van Amburg — responsables de series tan populares como The Blacklist, Breaking Bad y The Crown — pasaron de la presidencia de Sony Pictures Televisión a la división de programación de Apple. En octubre, se firmó un contrato con NBC Universal y Amblin Television — propiedad de Steven Spielberg — para revivir Amazing Stories, la serie que condujera el director de ET en los 80, en diez episodios. En junio de 2018, se reveló que la empresa de la manzanita también había contratado a Oprah Winfrey — una de las actrices y presentadoras más prestigiosas en Estados Unidos — para crear programación original. Y la lista continúa: Jennifer Aniston — la Rachel de Friends — , Damien Chazelle — el director de La La Land — , Kevin Durant — el afamado basquetbolista de la NBA, que fungirá como productor ejecutivo en un documental sobre su vida — …

El preview de lo que finalmente lleva el nombre de AppleTV+ — y que fuera oficialmente presentado el pasado 25 de marzo en el teatro Steve Jobs — lo dice (y muestra) todo. Y, por si fuera poco, absorbe a buena parte de la competencia en cuanto a programación televisiva: HBO, Showtime, Starz and CBS All Access.

Al parecer, Hollywood no será el mismo dentro de algunos años. O quizá meses. Basta tomar en cuenta que Netflix ya es miembro de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, por sus siglas en inglés), cuando solo seis productoras cinematográficas pertenecen a ella. Y hasta hoy, nadie sabe quién será el próximo.

 

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