Impulsado por la curiosidad
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Ir tras las pistas que le permitan descifrar el lenguaje de la naturaleza, conocer los secretos que entraña y describir los fenómenos que en ella ocurren parece ser una necesidad para Ernesto Altshuler.
Al conversar con el actual Decano de la Facultad de Física de la Universidad de la Habana, siempre acompañado por el humor y amante de la ciencia y el arte, por momentos parece que no es él quien habla, sino el niño curioso que vive en su interior.
- Usted trabaja la Física experimental, ¿siempre prefirió esa rama?
- Digamos que sí. La Física es una sola, pero suelo autotitularme “Físico experimental”, para recalcar que hago trabajo de investigación directamente con las manos. En general, diría que hay dos grandes clasificaciones del experimento: una comprueba (o rechaza) una teoría o hipótesis previamente existente. La otra te lleva a un resultado totalmente inesperado, que no se conecta –al menos de forma directa – con ninguna teoría anterior. Ésta última situación, que es la que más disfruto, tiene su propio nombre acuñado en inglés: serendipity.
¿Qué parte de su trabajo disfruta más?
- Sin duda, concebir un nuevo terreno para empezar a explorar es algo muy interesante, pero hay un momento especial, donde el disfrute adquiere una intensidad suprema, y es cuando alguna idea hace “click”, encuentras de golpe una explicación, y se “arma el muñeco”, como solemos decir en Cuba. Es un momento en que hay un pico no sólo intelectual, sino emocional. En lo personal, eso vale más que cualquier cosa. Después viene el trabajo duro de nuevo: comprobar si el “click” de verdad lo era. Así que la búsqueda es como una pendiente en que el disfrute va en ascenso, hasta llegar a un clímax, como ocurre en muchos otros escenarios de la vida. También es reconfortante el momento en que ves la publicación de tus resultados. Yo intento publicar todo lo nuevo que hago; en ese sentido soy disciplinado.
- Usted es autor del primer artículo cubano, publicado en 2004, en Reviews of Modern Physics, la revista de más impacto absoluto en la Física, ¿qué representa esto para usted?
- Hace diez años ni soñaba que podría lograrlo. Imagínate: esa revista publica ni más ni menos que las “Nobel lectures”, de las cuales creo, por demás, estar a una respetable distancia. Supongo que lo logré escogiendo un tema motivante, trabajando muchísimo y, ¿por qué no?, con un poco de suerte.
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Fotocopia de la primera página del texto Experiments in vortex avalanches, publicado en Reviews of Modern Physics en el año 2004. La revista invita a ciertos científicos a escribir artículos que describan el estado |
- En la introducción a su libro A través de los ojos, dice que al científico le debe ser inherente la curiosidad. ¿El compromiso es con la curiosidad o debe trabajar por la aplicación de su trabajo?
- Lo ideal es que las dos cosas converjan. Pienso que, según la personalidad del científico, a veces una prevalece sobre la otra. Para mí, que pienso que el arte y la ciencia son cosas equivalentes desde el punto de vista emocional, la curiosidad es fundamental. Aunque el summum de mi carrera científica sería hacer algún trabajo, algún descubrimiento que me motivara intensamente y que a la vez
tuviera una extraordinaria aplicación.
- ¿Puede decirse que el científico es un romántico?
- Pienso que sí. Al menos en su versión más “clásica” es romántico. Aunque, lamentablemente, la ciencia a partir de la segunda mitad del siglo XX se ha alejado del romanticismo, al hacerse más utilitaria y depender más del financiamiento asociado a proyectos de investigación.
Cuando escribes los proyectos, prácticamente se pretende que seas capaz de predecir los resultados. Eso es burocracia, no verdadera ciencia.
“La ciencia absolutamente romántica es aquella donde obtienes resultados inesperados. Aunque la otra, la de los proyectos, sea útil, ha provocado también que se hayan “enfriado” las personalidades; hay líderes científicos más parecidos a gerentes que a investigadores, en el sentido romántico.
A veces tienen 500 publicaciones en su currículo y ni siquiera las han leído todas. Eso, en mi opinión, está muy mal. Éticamente es una deformidad de la ciencia de hoy día. Yo tengo en mi currículo unas 60 publicaciones, pero por esas pongo las manos en el fuego; en casi todas ellas participó hasta la última célula de mi organismo y no quiero ni una más si no es así.”
- ¿Tiene un científico preferido?
- No creo tener científico preferido. Quizás Newton es el más genial de todos los físicos. Einstein anda bien cerca, desde luego. Pero, a decir verdad, sus personalidades no se pueden idealizar.
Todo parece indicar que Newton era un individuo con muy serios problemas de conducta. Einstein, aunque tiene a su favor sus preocupaciones sociales, en especial su lucha contra el armamentismo, tampoco creo que sea un ejemplo a seguir en cuanto a sus relaciones familiares.
Hubo una época en que fui un gran admirador del afamado físico norteamericano Richard Feynman, pero después empecé a leer su biografía extendida y tampoco me gustó mucho su vida personal. Pienso también que a una altura muy importante están otros científicos fuera de la Física, por ejemplo Charles Darwin. Me considero un evolucionista empedernido. Pero la conclusión es que no tengo un científico predilecto.
- ¿Cuál sería, según usted, el rasgo más distintivo de su personalidad?
- Como científico considero que no soy particularmente más inteligente que el físico promedio ni particularmente hábil para las matemáticas, pero creo tener la capacidad o el olfato de buscar problemas originales, solubles y divertidos.
Un defecto que tengo como investigador es que no me gusta estudiar. Como persona, trato de ser en todos los terrenos de la vida lo más objetivo posible, sin dejar de ser humano. Objetividad en el sentido de que, ante cualquier conflicto, hago todo lo posible por ponerme también del lado de la contraparte y ver cómo lo vería desde ese ángulo. Uno de mis principales defectos (¿o virtudes?) es que tiendo a ser conciliador... excepto en los contados asuntos que considero realmente importantes.
- Tengo entendido que dibuja, escribe… ¿Qué arte prefiere?
- No sabría decirte cuál. Pienso que el arte tiene mucho en común con la ciencia, pero mi actitud, incluso ante la vida, es más científica que artística, una deformación profesional típica de los físicos, según parece. Pero me gustan las dos cosas casi por igual.
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A la vista parece uno más entre sus alumnos. Hace unas semanas Atshuler elaboró el guion y dirigió |
Escribo divulgación científica, me agrada, quizás es en lo que me siento mejor, y también cuentos, pero son básicamente despreciados por los escritores. Me da la impresión de que no puedo desprenderme de mi parte racionalista y eso me echa a perder los cuentos, o al menos los separa de lo que se espera de un cuento. Ya no toco guitarra, pero lo hacía y componía bastante bien para un aficionado. En otra época de mi vida hacía caricaturas compulsivamente... hoy las sigo haciendo, pero en menor medida; mi hija de 4 años me ha forzado a despertar un poco esa faceta últimamente.
¿Pintar? El desastre total. ¿Otros instrumentos musicales?
También desastre, aunque en la percusión no me iría tan mal... ¿Bailar? Eso sería una falta de respeto al ornato público.
-¿Tiene algún sueño profesional?
- Un sueño concreto, grandioso, nunca me lo he planteado; pero en mí el romance y la frescura de hacer ciencia se mantienen como si lo hubiera hecho. Sigue gustándome como el primer día.







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