Ingeniería para controlar el clima un debate en desarrollo.

Autor: 

Magda Iris Chirolde
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08 Junio 2019
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Una terminología no tan novedosa — aunque lo pareciera — comienza a escucharse en diversos grupos donde la mayoría son profesionales de la ciencia: la ingeniería climática.

 

Ingeniería, dice el diccionario, no es más que el conjunto de conocimientos científicos y tecnológicos para la innovación, invención, desarrollo y mejora de técnicas y herramientas para satisfacer las necesidades y resolver los problemas de las empresas y la sociedad.

Combinada con climática sería la propuesta que surge de las teorías científicas que abordan el problema del cambio climático, a partir de formular técnicas especialmente desarrolladas para influir en el clima terrestre, con el propósito de combatir el calentamiento global. Es decir, controlar el clima, además de detener la quema de combustibles fósiles, principal causa del calentamiento global.

La Royal Society (2008) define a la geoingeniería, -también se le conoce así- como “la intervención intencional en gran escala en los océanos, los suelos y/o la atmósfera de la Tierra, con el fin de combatir el cambio climático”, expuso Elizabeth Bravo, coordinadora del Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo, en La ecología política de la geoingeniería.

De acuerdo con el Órgano Científico y Técnico del Convenio de Diversidad Biológica (SBSTTA por sus siglas en inglés) - plantea la especialista- esta práctica incluye varias tecnologías que tienen en común producir el enfriamiento global, si se aplica a una escala suficientemente grande. El SBSTTA agrega en esta definición a la forestación y reforestación, también a gran escala.

Según una revisión de la literatura científica, la gestión de la radiación solar y la reducción del dióxido de carbono han sido las propuestas para poner en práctica la voluntad de la geoingeniería.

El 25 de septiembre de 2013 la BBC publicó ejemplos de algunas de las tecnologías que permitirían concretar esas acciones: el Mejoramiento del albedo, que busca aumentar la capacidad reflectante de las nubes o de la superficie terrestre para devolver al espacio una parte del calor del Sol ; los aerosoles estratosféricos, basados en la introducción de pequeñas partículas reflectantes en la termosfera para reflejar parte de la luz del Sol antes de que alcance la superficie terrestre), y la fertilización oceánica,que consiste en añadir nutrientes al mar en lugares seleccionados para aumentar la producción de fitoplancton, que absorbe CO2 de la atmósfera.

Sin embargo, la conveniencia o no de la ingeniería climática se haya en disputa desde hace unos años. Un breve recorrido por Google muestra que en 2010 era “una mala idea cuyo momento ha llegado”. Al respecto, el nervio recorría todavía el cuerpo de algunos científicos en 2015. Y un año antes se trataba de algo “aterrador”.

¿Pero qué sucede? El uso de materiales y de energía por parte del hombre aumenta cada día. Ya en el año 2010, el diez por ciento de la población mundial más rica acaparaba el 40 por ciento de la energía y el 27 por ciento de los materiales, concentrándose el grueso de dicha población en Estados Unidos, Europa Occidental y Japón; así lo refleja un estudio social del 2012, de Gian Carlo Delgado Ramos, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Apunta la investigación que lo anterior advierte un futuro próximo socio-ambientalmente inquietante, pues las proyecciones para venideros años hablan de un consumo creciente y desigual, y si se mantiene dicha situación, el aumento en la extracción de recursos naturales podría triplicarse para el 2050, mientras que si se opta por un escenario moderado, sería en el orden del 40 por ciento para ese mismo año.

Ante ello se aboga por tomar medidas urgentes para lograr un decrecimiento biofísico o del consumo de energía y materiales, por parte de la población mundial que más despilfarra.

Varias son las implicaciones socio-ambientales de peso si no se trabaja para ese fin, como la agudización del calentamiento global de tipo antropogénico hasta una mayor transgresión de los límites del ciclo del nitrógeno y del fósforo, la acidificación de los océanos, la destrucción de la capa de ozono, la ruptura del ciclo hidrológico del agua a la par de un sobreconsumo y contaminación del líquido o la pérdida creciente de biodiversidad, entre otras.

Lo que se avecina

La cuestión urgente, más allá de los términos es, qué hacer frente a un cambio climático que avanza por día. ¿Es recomendable actuar rápido con la geoingeniería para contrarrestar las acciones del ser humano?

Publicado en Gizmodo, el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) explica que el mundo se podría calentar hasta 1,5 grados centígrados para el 2030.

(Foto: Tomada de Stanford Earth — Stanford University)

¿Qué consecuencias traería ello? Noah Diffenbaugh, un experto en ciencias planetarias de la Universidad de Stanford, decidió aventurar cuál sería el futuro que le espera a la humanidad si los acuerdos de París fallaran. Basado en dos modelos climáticos, plantea quela temperatura del planeta aumentaría entre 1,5 y dos grados Celsius, para el primer modelo. En el segundo lo haría entre dos y tres grados.

De acuerdo con el científico, esto quiere decir que, en el primer escenario, las olas de calor con récords de temperatura nocturnos serían tres veces más probables en el 38 por ciento de Europa. En el segundo, la posibilidad de registrar ese indicador durante los meses cálidos se multiplica por cinco en la mitad de ese continente. Por otra parte, habrá regiones con inundaciones y otras con sequía extrema.

Tanto el cambio climático como las tecnologías para hacerle frente, imponen demasiados riesgos / Foto: Douglas Barnum, USGS.

En ese escenario, desde el punto de vista práctico, la producción de conocimiento sobre ingeniería climática se mantiene fuertemente dominada por las principales instituciones de investigación en América del Norte y Europa, como señala un artículo publicado en International Environmental Agreements.

Los académicos Frank Biermann e Ina Möller sostienen que numerosos estudios recientes han proyectado que las tecnologías de ingeniería climática podrían desempeñar un papel importante en el futuro. Pero a la vez, estas pueden ocasionar riesgos significativos para los países en desarrollo, que son especialmente vulnerables y carecen de capacidad adaptativa para afrontar los impactos de esas nuevas tecnologías.

Basándose en la información de 70 eventos de geoingeniería entre 2009 y 2017, junto con un extenso análisis de documentos, los autores asignan una falta de participación de los países en desarrollo y subrayan el grado en que sus preocupaciones permanecen insuficientemente representadas en informes de evaluación científica políticamente significativos.

En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (34 naciones economías de mercado que representan el 80 por ciento del PIB mundial) algunas de estas tecnologías ya se consideran como posibles políticas climáticas.

“Por ejemplo, el Reino Unido ha asignado fondos sustanciales para estudiar las tecnologías de eliminación de gases de efecto invernadero y Suecia tiene como objetivo lograr emisiones negativas después de 2045, incluso a través de la inversión en proyectos climáticos en el extranjero (…) Los más afectados por los posibles impactos negativos serían los países menos desarrollados del mundo”, cita el artículo de International Environmental Agreements.

 

 

Las técnicas de Gestión de Radiación Solar buscan devolver los rayos del sol al espacio / Foto tomada de BBC

Una de las ideas es que las nubes reflejen más rayos solares / Foto tomada de BBC

El debate sobre la geoingeniería es un proceso en desarrollo, pues aún quedan aspectos a resolver, como la exploración de sus riesgos. Por ello hace unos nueve años se aprobaron acuerdos globales que limitan la implementación de técnicas de ingeniería climática en el mundo, debido al desconocimiento de los posibles efectos en el clima y en la diversidad biológica, además de que algunas de ellas no han logrado ser eficaces, seguras ni asequibles.

La investigadora de la Unidad de Investigación de Políticas Científicas, The Sussex Energy Group, Rose Cairns, escribió en 2013 un informe sobre este tema para el Consejo británico de Investigación Social y Económica, en el que expresa que la geoingeniería — en aquel entonces- es un término muy ambiguo debido a la diversidad de tecnologías que incluye.

“Existen preocupaciones de que las tecnologías de geoingeniería puedan contribuir al denominado `bloqueo de carbono’”, dijo la doctora Cairns.

Para el sitio SciDev.Netla ambientalista uruguaya Silvia Ribeiro, directora en América Latina del Grupo ETC — organización global que monitorea el impacto de las tecnologías emergentes — señaló que era injusto que los países que sufren las consecuencias del cambio climático tengan que enfrentar, también, las consecuencias de tecnologías de alto riesgo.

Por tanto, concuerdo con académicos y ambientalistas, quienes coinciden en que los recursos humanos y económicos deben dirigirse a otras formas más sustentables y menos riesgosas de contrarrestar el cambio climático, como la preservación de los ecosistemas, el cambio en los sistemas agroindustriales actuales y, sobre todo, la reducción de las emisiones de dióxido de carbono, por parte de los países industrializados.

Foto: ETC Group y Heinrich Boell Foundation, bajo licencia Creative Commons

Se desconocen aún los efectos de la geoingeniería sobre la diversidad biológica y el clima / Foto: Tomada de internet

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