La innovación y sus formas

Autor: 

Dr Luis A Montero Cabrera
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07 Junio 2018
| |
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La presencia prioritaria de la ciencia y la tecnología en la conciencia social cubana del último medio siglo es una consecuencia inequívoca de la forma de pensar y obrar de un líder de la talla, el carisma, la influencia, la cultura y el amor por el saber como fue Fidel Castro. Paradójicamente, escribíamos en 2012[i], que una de las amenazas en Cuba para el avance en estos aspectos era--y sigue siendo-- que:

“Los actuales estilos de dirección de la economía nacional y local no cuentan con provisiones metodológicas ni regulatorias que faciliten que los sectores productivos y de servicios de la sociedad demanden a los científicos y tecnólogos resultados de interés. En cambio, el discurso generalizado, desde las instancias de dirección política y económica, con frecuencia les sigue pidiendo que produzcan resultados para resolver los problemas de la economía y, a menudo, hasta que los introduzcan en la práctica social, en un esquema de ciclo cerrado que pocas veces puede realizarse. Es evidente que los científicos no cuentan con herramienta alguna para conocer qué es lo realmente necesario en cada caso, ni pueden movilizar medios para implantar los resultados. Por otra parte, las direcciones administrativas del sector científico en el aparato del Estado casi nunca ejercen el papel que les correspondería como facilitadoras de estas conexiones entre la ciencia y la sociedad.”

Se trata de una contradicción entre la proyección avanzada de un dirigente visionario y la cultura formal emergente de gestión del conocimiento en nuestros esquemas de dirección. Se sabe que si Fidel se hubiera ajustadoal plan central de la economía en el momento de concebir e impulsar nuestras grandes acciones en este campo, nada tendríamos hoy de ciencia y tecnología nacionales en términos prácticos.

Una de las concepciones huérfanas de patrocinio en esta incultura administrativa suele ser la gestión de “creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado”. Ni más ni menos que la innovación, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.

La innovación es un motor indispensable de creación de riqueza. En nuestro país se ha desarrollado y estimulado dentro de la actividad empresarial, pero esencialmente limitada a tareas de supervivencia, mediante la Asociación Nacional de Inventores y Racionalizadores (ANIR). Ante la escasez o rotura de algo, el inventor, conceptualizado como innovador, ha buscado una solución que permite seguir operando. No se suele practicar para la introducción de algo nuevo al mercado o progresar tecnológicamente, salvo honrosas excepciones. Eso se le deja casi siempre a la inversión de algo importado.

Un sistema económico eficiente debe tener su centro en la innovación. Sin ella no hay progreso en términos de pura dialéctica marxista. Y si se quiere hacer un sistema ordenado y planificado, tal ordenamiento y tal planificación deben servir a la innovación, nunca al revés. Nadie planeó la invención de la rueda, ni podía. Lo que si se pudo fue tomar la iniciativa para usarla inmediatamente en cuanto dispositivo fuera útil, una vez que se conoció de sus bondades. Y eso conllevó, probablemente éxitos y fracasos de prueba y error, pero la resultante de progreso fue evidente en todo momento. Por otra parte, innovar no es patrimonio exclusivo de científicos y tecnólogos, ni de organización alguna. Innovar es acción debida de la sociedad entera y de cada uno de sus integrantes en cualquier escenario.

La innovación cotidiana sí que aparece con frecuencia en nuestro entorno actual, en el escenario popular. Se trata de la que surge de un sector privado constituido como mercado paralelo,a precios y con un esquema de retribución al trabajo muy diferenciados, que estimula la creatividad e iniciativa en muchos lugares. Se palpan ofertas de nuevos productos y algunos otros, no tan novedosos, pero que habían desaparecido hace décadas de nuestro acceso local. Se hacen reconstrucciones insólitas de objetos que han sido desechados, o son desechables en cualquier parte.

Se observatambién la utilización y venta de servicios de tecnologías de punta, como las de telecomunicaciones para el consumo popular, que asombrosamente son importadas y aplicadas por microempresas con los vestidos de trabajadores por cuenta propia. Y esto ocurre en un entorno de rigorosos controles para la importación de tecnología para el sector estatal, donde hay instituciones públicas que no tienen autorizado desde hace más de una décadahacer “inversiones” si no han sido “nominalizadas” en planes de siempre dudoso cumplimiento tras la ineficiente espera de un año para saberlo.

En general, quienes innovan en estos casos, están estimulados por la satisfacción de intereses directos o indirectos de visitantes que pueden pagar precios que les resultan relativamente módicos para su concepción de mercado aunque sean inaccesibles para la inmensa mayoría de los cubanos que viven de un salario estatal. Así, la capacidad adquisitiva del turista queda artificialmentemultiplicada en el mercado local, gracias a una reconocida política monetaria nacional obsoleta, manifiesta, además, en tasas de cambio inamovibles desde hace mucho.Adicionalmente, el sector privado  usa el lado indefenso de la economía estatal y de quienes debemos cumplir con  regulaciones administrativas que limitan la capacidad liberatoria del dinero que utilizamos. Así la economía emergente afronta más fácilmente los riesgos de innovar en un entorno seguro y un mercadodonde toda oferta es francamente deficitaria, pues las entidades públicas que tienen un potencial mucho mayor no pueden realizarla y mostrar su capacidad de competir por ataduras dogmáticas.

Innovar es más riesgoso para las entidades del Estado que no hacerlo si lo rutinario funciona al menos aceptablemente bien y responde a un plan seguro, aunque conservador. Las palabras y los conceptos de innovación, iniciativa y creatividad no forman siquiera parte de las evaluaciones periódicas que hacen los directivos de todos los niveles a sus subordinados. Solo algunos convencidos o escogidos harán algo por innovar en su campo de actividad socialista al servicio de todo el pueblo. Si la innovación y su implementación no tienen espacio en una planificación centralizada es muy difícil que alguien se atreva a ella.

La gestión de los países históricamente más exitosos en lo económico o en franco crecimiento, desde los EEUU hasta China[ii], pasando por Viet Nam[iii], tienen hoy en la innovación un estandarte político y económico. Su gestión no solo se conforma o intenta conformar para promoverla, sino que incluso disponen de legislaciones que la incentivan, y los riesgos los asumen los financiadores, ya sean los bancos, los accionistas o el propio estado socialista.

Una forma moderna y bastante generalizada donde las avanzadas de la generación de conocimientos tienen el lugar que les corresponde en la sociedad es la creación de empresas de “alta tecnología”. Los documentos recientes de los congresos del PCC le dedican un buen apartado a este aspecto yse trabaja activamente en los instrumentos que guiarán su implantación.

Incubadoras naturales de ideas y empresas innovadoras son los concentrados de conocedores y de creación de conocimientos por excelencia: las universidades.

En muchos países se estimula que las iniciativas científicas y tecnológicas con potencial productivo se constituyan en estas instituciones en forma de pequeñas empresas, a riesgo. Son simientesde la alta tecnología en forma de“escisiones” o “spin off”,dirigidas por académicos y gestionadas por el personal que sea útil y necesario. A veces tienen solo uno o dos empleados, las dirigenuno o algunos profesores, y en ella también pueden trabajar un cierto número de estudiantes graduados y no graduados como mano de obra eficiente y de muy alta calificación.

De esta forma, un nuevo material prometedor, una posibilidad de medicamento, un modelo avanzado de gestión empresarial, un inéditosistema de programas para computadoras o móviles, cualquier innovación, tiene un lugar donde puede crecer, o también extinguirse, con mínimos riesgos para los inversores y máxima libertad de promoción. Los dueños son los financiadores, los que ponen los fondos. Son ellos los que verán multiplicar lo invertido si la innovación resulta exitosa en el mercado, aunque también los que deben absorber los eventuales fracasos. Pueden ser los accionistas de la bolsa de valores, fundaciones de grandes corporaciones, los bancos… o el Estado socialista, ¿por qué no?

Visto desde nuestra perspectiva: ¿qué fue lo que hizo Fidel cuando fundó el Centro de Investigaciones Biológicas, embrión del actual Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, para que produjera el interferón, uno de los avances más prometedores entonces? En realidad, puede verse como una pequeña empresa científica, a riesgo, con personal de altísima calificación aportado por las universidades. En este caso, el resultado fue exitoso al realizar y poner al servicio de la sociedad socialista un producto de última generación.

La creación de esta pequeña empresa, que más tarde condujo a una mucho mayor, no podía estar en un plan nacional rígido. Solo una autoridad visionaria como Fidel podía hacerlo entonces en Cuba. El Estado, la representación de todo el pueblo, puso el capital a riesgo. ¿Pudo haber fracasado? Por supuesto, y Fidel lo sabía seguramente. Pero apostó a lo más seguro y valioso, que eran la buena voluntad, la entereza y el conocimiento acumulado de los hombres y mujeres involucrados.

¿Cómo puede un Estado socialista promover la innovación? Según la literatura consultada, este es todo un campo de investigación científica en sí mismo. Lo que nadie duda es que debe haber una política efectiva y muy activa. Por ejemplo, un experimento importante está teniendo lugar periódicamente en la acción “InCUBA UHHU”. Se trata de una iniciativa conjunta entre la Universidad de La Habana y la Universidad Humboldt de Berlín. Se convoca en ella periódicamente a todo universitario que tenga una idea, un propósito, algo que pueda tener valor económico por lo novedoso. Allí identifican las ideas viables con potencial comercial y las orientan adecuadamente para estos fines. Se pretende cultivar de esta manera una naciente comunidad emprendedora al servicio de toda la sociedad, incluyendo el propio beneficio de los que generan las ideas.

Iniciativas de este tipo deberían proliferar. De alguna forma es hacer hoy lo que Fidel hizo en su tiempo. Puede ser inmenso su potencial en universidades técnicas y agrícolas. Pero también urge implementar medidas de organización económica, de las tantas ya aprobadas en las políticas del Partido y el Estado cubano, que favorezcan que estas ideas innovadoras tengan su espacioen nuestra sociedad, incluidos sus riesgos. Probablemente sea una de las formas imprescindibles para que de verdad seamos prósperos y sostenibles.

 

La Habana, 31de mayo de 2018

 

 

 



[i]Montero Cabrera, L. A., Visión de la ciencia y la tecnología: problemas actuales. TEMAS 2012,(69), 4-11.

[ii] Liu, F.-c.; Simon, D. F.; Sun, Y.-t.; Cao, C., China's innovation policies: Evolution, institutional structure, and trajectory. Research Policy 2011, 40 (7), 917-931.

[iii]Quan Vu Le, Yolanda Sarason, Entrepreneurship and Innovation and Social Entrepreneurship in Vietnam: An Examination from Institutional and Ideographic Lens, DLU Journal of Science, 8 (1) 2018. http://tckh.dlu.edu.vn/index.php/tckhdhdl/article/view/448

 

 

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