Jardines de Hershey, un paraíso a merced de la desidia

Autor: 

María Lucía Expósito
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07 Marzo 2019
| |
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Crédito de fotografía: 

María Lucía Expósito

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A menos de un kilómetro al norte del pueblo de Hershey, algo más que un microclima estira sus brazos verdes.

Detrás del pórtico, un interior promete susurrar recuerdos de 1930, fecha en que Milton Hershey creara allí un sitio recreativo y de descanso para los trabajadores del central que él mismo había levantado.

Los Jardines de Hershey son una transición natural entre las alturas Habana Matanzas. Por sus adentros fluye el río Santa Cruz, antes de seguir y desembocar en la costa.
 De sus aguas se nutría la industria del central del norteamericano, seducido por aquel pedazo de Cuba.

 

La vegetación es tupida y la fauna, vistosa, lo que hace del sitio una zona ideal para prescindir del humo, del ruido con sus bocinas mediante, de otros jaleos y pesadillas del siglo XXI.

 

 

 

 

Se suman a la postal un restaurante con comida criolla, bar, sitios de baile, un parque recreativo infantil y un área de baño con su ranchón, aunque hoy solo funciona uno de los ranchones.

 

 

Uno de los carteles en madera prohíbe la caza y la pesca. El río, como un amigo viejo, deja ver no pocos peces y es la repisa donde se exhiben flores, mariposas y aves que asoman entre los árboles de la orilla.

Amén de huracanes, reformas y cambios, el parque levita en una especie de limbo constructivo del que se es avisado antes de entrar. Los pronósticos no dejan ser demasiado optimistas. Tampoco dice lo mejor la estructura original que queda de 1930.

Más ocupados en la herencia arquitectónica, en Cuba se omite con frecuencia el destino de estos patrimonios naturales. De a poco se olvidan casi cien años de historia.

Aun así, esta hendija medioambiental funciona hasta el día de hoy, con su belleza, su linaje y su abandono.


 

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