El legado de los ciclones Iota y Eta

Autor: 

Dr Manuel Iturralde Vinent
|
20 Noviembre 2020
| |
0 Comentarios

Crédito de fotografía: 

tomada de https://www.kienyke.com/

Me gusta: 

Los ciclones Eta y después Iota han dejado un legado de devastación en Cuba, y mucho más en Centroamérica, tanto a causa de los vientos fuertes como por las intensas y prolongadas lluvias. Los vientos dejaron casas destruidas y cosechas perdidas, en tanto que las aguas generaron extensas inundaciones. Localmente hubo deslizamientos de terreno, de manera que algunas viviendas cayeron por los precipicios o fueron sepultadas por los sedimentos.

En Cuba, los vientos fueron menos letales, aunque tumbaron paredes, arrancaron techos y algunas viviendas se derrumbaron. Sin embargo, las peores noticias llegaron debido a las inundaciones, que afectaron a la agricultura en muchas provincias, generando enormes pérdidas, debido a que los terrenos solo en parte listos para su recolección y campos recién plantados fueron anegados y las plantas tumbadas. A esto se ha de unir el posible desarrollo de hongos y otras plagas oportunistas.

¿Qué podemos aprender de estas crueles experiencias?

Analicemos algunos ejemplos vinculados a las inundaciones y las construcciones.

Inundaciones

La primera lección es que las inundaciones son casi inevitables como fenómeno que acompaña a las intensas lluvias, de modo que debemos aprender a vivir con ellas, tomando en cuenta que pueden presentarse en cualquier época del año. Esto significa que se han de realizar estudios para lograr minimizar los efectos dañinos de estos eventos, como se ha sugerido antes(1).

Por ejemplo, se debería realizar la cartografía de la extensión de las áreas que resultaron inundadas por Eta, para compararlas con los mapas de pronósticos ya existentes y ajustarlos. Aprovechando estos mapas, se han de determinar las áreas primarias de alimentación de los terrenos anegados, el curso de las corrientes eventuales cuyo flujo generó daños adicionales a la propia inundación, y determinar las áreas de drenaje, tanto primario como secundario.

Sobre esta base, es necesario estudiar si es posible realizar obras de ingeniería que faciliten la conducción de los flujos rápidos para tratar de limitar los daños. Se deberían establecer cuáles obras funcionaron como represas inesperadas (carreteras, muros, etc.) para construir mejores desagües (drenes) a fin de que las aguas no se embalsen.

En un ensayo anterior (2) presenté el ejemplo de la Autopista Nacional durante Irma, en el tramo al norte de la ciénaga occidental de Zapata, el cual funcionó como una represa cuyos drenes fueron insuficientes para que el agua fluyera libremente desde la llanura hacia la ciénaga. Como consecuencia, el vaciado de las aguas acumuladas al norte de la autovía tardó más tiempo del deseado y las inundaciones en Zapata duraron más de lo acostumbrado.

Los ingenieros deberían analizar bien el terreno en las regiones donde normalmente ocurren inundaciones, para evitar la creación de represas inesperadas y para diseñar sistemas de drenaje que conduzcan los flujos más dañinos fuera de las áreas bajas anegadizas.

Las investigaciones realizadas por el grupo de reducción de riesgos de la Agencia de Medio Ambiente han generado mapas de Cuba con las áreas potencialmente inundables por intensas lluvias (Fig. 1), que pueden servir de orientación para diseñar las soluciones que permitan reducir las inundaciones.

Mapa del riesgo de inundaciones por intensas y prolongadas lluvias (Cortesía de la Agencia de Medio Ambiente, 2019)

Construcciones vulnerables

Muchos de los destrozos que causan los vientos y las lluvias están determinados por las vulnerabilidades de la propia construcción, tanto por su inadecuado emplazamiento como por un diseño impropio o su insuficiente resistencia ante los fenómenos naturales.

 


Deslizamiento de tierra en el vial La Máquina — Sabana en la zona de San Ramón Vertiente (Foto: tomada del perfil en Facebook de Miguel Reyes Mendoza)

En Cuba ocurrieron pequeños deslizamientos y caída de piedras en algunos puntos, los cuales obstaculizaron la circulación por carreteras. Limpiar, rellenar y reconstruir no es una solución. En esos puntos hay que tomar medidas ingenieras (reforzamiento de los taludes, construcción de drenajes, etc.) que resuelvan el problema definitivamente, las cuales, aunque son más costosas, a mediano e incluso corto plazo generan ahorro.

En Centroamérica se filmó un deslizamiento en la pared vertical de un barranco, el cual arrastró una vivienda que se encontraba encima. Esto ocurre más a menudo de lo que imaginamos y las lecciones son varias. Primero, toda construcción en el borde de un barranco implica un alto riesgo, independiente del tipo de roca del substrato. Sin embargo, en los taludes inestables, sucesivos deslizamientos desplazan el borde del barranco hasta colocarlo junto a construcciones realizadas originalmente lejos de aquel, determinando el momento de abandonarlas, pero a las personas sin recursos no les sirve esta solución si no reciben la ayuda necesaria.

Una de las causas de este peligro es la gran profusión de suelos formados por ceniza volcánica y arcilla, los cuales son extremadamente vulnerables a deslizamientos. Hay que recordar los enormes embudos que se abrieron en Ciudad Guatemala hace años, vinculados al flujo vertical de las aguas (usadas y pluviales) hacia la profundidad de estos suelos, donde fueron abriendo vacíos (cavernas) que eventualmente se desplomaron. Sin embargo, la ciudad de Querétaro en México aprovecha las reservas acumuladas en estas rocas porosas como fuente para extraer agua potable, de manera que son tanto útiles como peligrosas.

Asimismo, los flujos rápidos y el incremento de la humedad de los suelos provocaron la interrupción temporal de algunos viales y la destrucción parcial de otros, pero la causa no son los flujos, sino las vulnerabilidades de las obras.

En Cuba, una consecuencia de los flujos rápidos de las corrientes eventuales durante las lluvias fue la interrupción de vías férreas, cuyo trazo en lugares puntuales fue interrumpido al ser arrancados los terraplenes que sostienen estas vías durante las lluvias de Eta. La solución a ello está en impedir la acción de dichos flujos en tales puntos, ya sea mediante drenes o con el reforzamiento de las vías para que no pierdan su sostén. Reconstruir el terraplén no es una solución, pues equivale a un gasto de esfuerzos y recursos para paliar el problema hasta la próxima inundación.

Derribo de puente en Honduras a causa del huracán Eta. (Foto: tomada de laverdadnoticias.com)

En muchas poblaciones de nuestro archipiélago, como en Centroamérica, la crecida de los ríos y la acumulación de agua en las partes bajas mal drenadas promovieron la penetración de agua fangosa en no pocas viviendas y diversas instalaciones, destruyendo muebles, equipos y las propias construcciones. Los vientos, por su parte, arrancaron techos y tumbaron paredes. Todo esto ocurre cuando las obras se han ejecutado con pocos recursos, sin los materiales y diseños que soporten los embates de los vientos fuertes y el empuje del agua.

 

Como en otros eventos, los techos mal asegurados o construidos con materiales inadecuados fueron arrancados tanto por los vientos fuertes como por ráfagas huracanadas. La solución es evidente, hay que construir con seguridad, pero esto requiere de recursos que para algunas familias de bajos ingresos no están disponibles. Aunque la otra cara de este problema es la ignorancia, cuando las construcciones se realizan sin cumplir con las normas establecidas.

Quizás la solución para que esos lodos no penetren en las viviendas e instalaciones pase por elevar la altura del piso de estas, hasta procurar que las aguas fluyan por las calles y el alcantarillado, no a través de las casas. En algunas poblaciones con núcleos antiguos como Sancti Spiritus, las aceras y las edificaciones estaban muy por encima de la calle, quizás para obtener el efecto de convertir las calles en canales por donde fluya el exceso de agua caída durante fuertes lluvias.

Es obvio que reconstruir las poblaciones para realizar estas adaptaciones es, al menos por el momento, económicamente inviable, pero la construcción de nuevas comunidades y la ampliación de las ya existentes, sin tomar en cuenta esta experiencia, es injustificable.

La construcción ha de asumir los retos que presupone erigir nuevas obras con el mínimo de vulnerabilidades, ejecutar las así llamadas “construcciones seguras” en comunidades resilientes, y no seguir reproduciendo sistemas constructivos que han demostrado su ineficiencia ante los peligros del entorno (3).

A veces no todo es dinero; las soluciones adecuadas pueden y han de ser más económicas, sobre todo, por su estabilidad y durabilidad.

Referencias

(1) Iturralde-Vinent, M. Lecciones del huracán Irma. Juventud Técnica digital, MEDIUM, 2017.

(2) Iturralde-Vinent, M. Laura: Valoración forense. Juventud Técnica digital, MEDIUM, 2020.

(3) Consulte la página redciencia.cu/paginas/protegete donde se pone a disposición de todos un grupo de publicaciones relacionadas con la prevención.

*Dr. Manuel Iturralde-Vinent, Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba
 

0 Comentarios

Añadir nuevo comentario