Lentes de contacto: el sí y el no

Autor: 

Dra Daylin Cárdenas Chacón
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29 Mayo 2018
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Las lentes de contacto (también conocidas como lentillas o pupilentes) son una especie de “capa” correctora o cosmética que se coloca en el ojo sobre la capa lagrimal, a la cual cubre, y mantiene así lubricada la  superficie ocular.

Existen dos tipos principales de lentes de contacto: duros y blandos.

Los duros, más comúnmente utilizados hoy en día, son los lentes de contacto rígidos permeables al gas (RGP, por sus siglas en inglés). Están hechos de plástico o materiales como la silicona y fluoropolímeros, mantienen su forma y son fáciles de manipular.

Al ser permeables, este tipo de lentillas permite un libre flujo de oxígeno. Además, se fabrican de casi de cualquier tamaño y graduación, con lo cual la visión obtenida con ellas suele ser mejor y más estable que con las blandas. También pueden ser útiles en astigmatismos elevados, donde se hace necesario modificar la forma de la córnea debido a la acción que ejerce el lente duro sobre la superficie corneal. Su uso es preferible cuando una persona tiene alergias o tiende a formar depósitos de proteínas en los lentes de contacto.

Por otro lado, los lentes de contacto blandos constituyen la elección preferida entre la mayoría de pacientes o usuarios, ya que resultan cómodos y se necesita menos tiempo para acostumbrarse a ellos. Igualmente, al ser más grandes, poseen más estabilidad y suelen desplazarse menos, razón que los hace ideales para deportes con riesgo de impactos. Tampoco es habitual que deformen  la córnea y resulta más difícil que se introduzcan partículas entre el lente y esta.

Los pupilentes de uso diario son los menos costosos; se cambian cada noche y se reemplazan con una frecuencia individualizada. No deben emplearse de manera dilatada. En cambio, los de uso prolongado se colocan durante la noche, pero se remueven por lo menos una vez por semana para su limpieza y desinfección a fondo. Estos son recomendados con menor frecuencia, ya que existe un mayor riesgo de infección de la córnea con la aplicación nocturna.

Los desechables cuestan más, pero resultan muy prácticos. Se remueven todas las noches y se sustituyen, diaria, semanal o mensualmente. En ocasiones son recomendados para personas con alergias y para quienes tienden a formar depósitos de proteínas en los lentes.

En cuanto a las lentillas cosméticas, estas son  de variados colores y su propósito es cambiar la apariencia de la tonalidad de los ojos;  en el caso de lentes circulares también hacen que el iris parezca más grande.

Estos lentes decorativos están disponibles por medio de receta médica y solo deben usarse después de un examen de la visión y tras ser probados en presencia de un oftalmólogo y/o optometrista especializado en lentes de contacto. Su venta sin prescripción representa un grave peligro para la salud ocular, ya que pueden causar lesiones e infecciones en los ojos e incluso la pérdida de este sentido tan importante. .

Los lentes de contacto tóricos blandos pueden corregir el astigmatismo, pero a veces no tan bien como lo hacen los RGP y, por lo general, son más costosos. Mientras, las lentillas bifocales o multifocales están disponibles en variedades blandas y RPG. Logran corregir miopía, hipermetropía y astigmatismo en combinación con la presbicia. La limpieza y desinfección dependen del material del lente. Con frecuencia la calidad visual no es tan buena como con lentes de visión sencilla; sin embargo, la capacidad de corregir una presbicia vale la pena para algunas personas.

¿Qué sucede cuando usamos lentes de contacto sin prescripción médica o inadecuadamente?

(Infografía: Dary Steyners)

El uso incorrecto o una higiene deficiente de los lentes de contacto puede provocar diversos problemas oftalmológicos; entre ellos, la inflamación de la córnea o queratitis, que se produce por sequedad, hipersensibilidad o infección (queratitis infecciosa también conocida como  úlcera corneal), la cual puede conllevar a cicatrices corneales con la consecuente mengua o pérdida de la visión.

En caso de infección corneal grave, considerada así cuando existen signos tales como una úlcera corneal central acompañada de una intensa reacción inflamatoria o en casos de perforación secundaria a la infección, se requiere internamiento para tratamiento antibiótico intensivo y algunos pacientes llegan a requerir cirugía corneal (transplante).

La asociación entre las úlceras en la córnea y el uso de lentes de contacto ha sido probada científicamente. Entre 1998 y 1999 un  equipo dirigido por Gritz y Bennie Jeng, de la Universidad de California, en San Francisco, estudió a un millón 93 mil 210 pacientes atendidos en el Programa de Atención de la Salud de Kaiser Permanente.

La investigación arrojó que 302 pacientes (0,03 por ciento) desarrollaron la patología en un período de 12 meses.

Eso, extrapolado a la población de Estados Unidos, donde 38 millones de personas disponen de lentes de contacto, indica que cada año se diagnosticarían 71 mil nuevos casos de úlcera de la córnea, o 23 casos por cada cien mil individuos. Varias indagaciones más modestas habían estimado con anterioridad una tasa anual de aproximadamente 11 casos cada cien mil personas.1

En Cuba no estamos ajenos a dicho panorama. Un estudio realizado en el Servicio de Córnea del Instituto Cubano de Oftalmología "Ramón Pando Ferrer" durante el período 2010 – 2014, encontró que el 30,8 por ciento de 39 ojos con diagnóstico de úlcera corneal infecciosa tenían antecedentes de uso de lentes de contacto. 2

Otra investigación durante el mismo periodo encontró que en 223 ojos el factor predisponente más frecuente para la queratitis infecciosa fue el empleo de lentes de contacto, el cual estuvo presente en el 22,4 por ciento del total de casos, que ascendía al  31,3 por ciento para las pacientes femeninas, una diferencia significativa.3

 

Nota .* Dra. Daylin Cárdenas Chacón, especialista de Segundo Grado en Oftalmología, Profesora Asistente, Editora del sitio Glaucoma del portal Infomed. Instituto Cubano de Oftalmología “Ramón Pando Ferrer”

Bibliografía

1. Jeng BH, Gritz DC, Kumar AB, et al. Epidemiology of Ulcerative Keratitis in Northern California. Arch Ophthalmol. 2010;128(8):1022–1028. doi:10.1001/archophthalmol.2010.144

2. Pérez Parra, Z., Castillo Pérez, A., Moreno Ramírez, M., Hernández Fernández, Y., & Casas Arias, X. (2016). “Caracterización clínico-epidemiológica y microbiológica en úlceras corneales bacterianas y micóticas”. Revista Cubana De Oftalmología, 29(3). Recuperado de http://www.revoftalmologia.sld.cu/index.php/oftalmologia/article/view/480

3. Pérez Parra, Z., Arpasi Huanca, N., Padilla González, C., Castillo Pérez, A., & Guerra Almaguer, M. (2016). “Comportamiento clínico-epidemiológico de los pacientes con diagnóstico de úlcera grave de la córnea”. Revista Cubana De Oftalmología, 29(2). Recuperado de http://www.revoftalmologia.sld.cu/index.php/oftalmologia/article/view/446

 

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