Lo nuevo, lo viejo y lo teórico del fósil de dinosaurio de Viñales

Autor: 

Yasmani Ceballos Izquierdo Instituto de Geofísica y Astronomía de Cuba
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11 Septiembre 2019
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Este trabajo fue escrito exclusivamente para Juventud Técnica, por lo que no está autorizada su reproducción total o parcial sin previo consentimiento de la revista.

Encontrar fósiles de dinosaurio en Cuba sería una sorpresa rara, pero ya sabemos que no imposible. Las rocas donde aparecen los fósiles jurásicos en la Isla se formaron mayormente en un ambiente marino durante la Edad de los Dinosaurios (Era Mesozoica).

Los fósiles de plantas terrestres y algunos huesos ocasionales muestran claramente que vestigios de los continentes circundantes alcanzaron la región que después se transformaría en Cuba. Cualquier dinosaurio muerto pudo ser arrastrado y su cadáver tumefacto flotar varios kilómetros antes de que las partes del cuerpo se separaran y hundieran en el suelo del mar hasta petrificarse.

Millones de años después las piedras alcanzaron la superficie para exponer los huesos que, con suerte, se notarían y recuperarían por un paleontólogo o un “cazador de fósiles”. Los científicos saben ahora que estos raros eventos pudieron suceder porque por lo menos un hueso de dinosaurio se ha encontrado en Cuba.

Hallazgo histórico en Viñales

La historia se remonta a 1909, cuando el sabio naturalista Carlos de la Torre y Huerta (1858–1950), quien alcanzó renombre internacional con sus estudios de sobre moluscos vivientes que apoyaron las teorías evolutivas de Darwin, informó de la existencia de vertebrados jurásicos cerca del pueblo de Viñales en Pinar del Río. El biólogo, y después paleontólogo, realizó varias expediciones a Pinar del Río entre 1911 y 1919 en busca de reptiles marinos y dinosaurios, junto a Barnum Brown (Museo Americano de Historia Natural de New York).

A inicios de los años cuarenta, el sobrino de Carlos de la Torre, Alfredo Arturo de la Torre y Callejas (1917–2002), siguió los pasos de su famoso tío estudiando paleontología. Otro de los parientes de Alfredo, el geólogo y paleontólogo Ricardo de la Torre y Madrazo, le propuso el estudio de un hueso largo descubierto en las piedras jurásicas viñaleras para su doctorado en ciencias naturales en la Universidad de La Habana, donde Ricardo enseñaba.

El hueso podría pertenecer a un dinosaurio, el primero para Cuba. Alfredo venció su doctorado con la disertación en 1942 y publicó el primer informe oficial sobre el hueso fósil en un corto artículo en 1949, junto con una fotografía. Al hueso de casi 45centímetros lo identificó como un húmero o fémur de dinosaurio saurópodo, similar a Diplodocus o Brontosaurus, pero mencionó que este no existió en la propia Cuba, sino que fue transportado por el mar después de su muerte.

En la publicación, Alfredo acreditó el descubrimiento del hueso fósil a América Ana Cuervo, profesora que enseñaba geología y paleontología en la Universidad de la Habana y quién también publicó varios trabajos sobre reptiles fósiles cubanos. Según parece, ella donó el fósil al museo universitario. Confusamente, Alfredo mencionó en una entrevista que su tío Carlos de la Torre había encontrado el hueso a principios del siglo XX, en el tiempo que colectó fósiles con Barnum Brown. Es por eso que la mayoría de las fuentes citan erróneamente a Carlos como la persona que descubrió el primer hueso de dinosaurio en Cuba.

Desgraciadamente, hoy el hueso de dinosaurio está perdido. Se guardó en el Departamento de Geología y Paleontología de la Universidad de la Habana, pero al parecer fue robado a finales de la década de los 50. La tesis original de Alfredo de la Torre y Callejas (1942) permanece como parte de la biblioteca del Departamento de Biología de la Universidad de La Habana, pero le faltan las primeras cuatro figuras, donde probablemente estaban las del hueso. Todo lo que han tenido los investigadores modernos como prueba son la antigua fotografía y la descripción bastante general de la publicación de 1949.

A pesar de la escasa evidencia, el renombrado especialista en dinosaurios, Leonardo Salgado (Museo de la Plata, Argentina), reconoció en 2006 que el hueso cubano perdido podría ser un hueso metatarsiano (del pie) de un grupo de dinosaurios relacionados a Camarasaurus, un cuadrúpedo gigante comedor de plantas muy común en el Jurásico Superior de América del Norte.

En una más reciente valoración, sin embargo, el paleontólogo cubano Manuel Iturralde-Vinent pudo comparar la fotografía y descripción con un esqueleto de Camarasaurus mientras visitaba el Museo Smithsoniano en 2011 y concluyó que el hueso cubano es más parecido a un hueso metacarpiano (de lamano), en lugar de un metatarsiano.

El hueso fósil pertenece al primer o segundo metacarpiano de la mano de un dinosaurio gigante herbívoro, probablemente de uno de los más antiguos representantes del grupo de los Somphospondylos o Titanosaurios (imagen: cortesía de Jorge A. González).


El hueso fósil pertenece al primer o segundo metacarpiano de la mano de un dinosaurio gigante herbívoro, probablemente de uno de los más antiguos representantes del grupo de los Somphospondylos o Titanosaurios (imagen: cortesía de Jorge A. González).

A finales de 2016, el paleontólogo argentino, Sebastián Apesteguía, un experto en manos de dinosaurios, quien ha publicado trabajos acerca de la evolución de los metacarpianos en saurópodos, se interesó por el hueso cubano.

Para resolver el largo enigma del fósil, Apesteguía y los investigadores cubanos Manuel Iturralde Vinent y quien escribe este texto volvieron a examinar la evidencia disponible, en una investigación de casi más de un año. Los resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Historical Biology de la editorial Taylor & Francis (Gran Bretaña). El nuevo estudio ha identificado el hueso fósil como el primer o segundo metacarpiano de la mano de un dinosaurio gigante herbívoro, probablemente de uno de los más antiguos representantes del grupo de los Somphospondylos o Titanosaurios que habitaron las costas del continente Laurasia.

 

¿Pueden encontrarse más dinosaurios en Cuba?

Escena imaginaria del Jurásico Superior con los grupos de reptiles gigantes que habitaron las costas del Caribe primitivo (imagen: cortesía de Tuomas Koivurinne).

En Cuba se han descubierto restos de reptiles marinos y dos pequeños saurios voladores que habrían vivido en tierra,y que quizás murieron mientras cazaban peces mar adentro o en una tormenta violenta que los barrió fuera de la orilla. Dada la construcción ligera de sus cuerpos, se hundieron al fondo hasta enterrarse rápidamente y conservaron bastante material para ser identificados firmemente como dos nuevos tipos de pterosaurios, Nesodactylus y Cacibupteryx.

Pero los reptiles marinos y pterosaurios no son dinosaurios, a pesar del (mal) uso popular del término. La búsqueda de restos genuinos de dinosaurios continúa, pero cuando aparece un hueso fósil aislado, distinguir con precisión si viene de un dinosaurio, o de un reptil marino puede ser muy difícil. Por ejemplo, en el año 2002 la revista National Geographic anunció el descubrimiento de una vértebra de un dinosaurio en la Sierra de los Órganos (Pinar del Río); sin embargo, fue una mala identificación.

Pero la falta de evidencia no descorazona a científicos, que permanecen convencidos de que pueden encontrarse dinosaurios en lo que es ahora Cuba. El paleontólogo Manuel Iturralde-Vinent, junto con el norteamericano Mark Norell en los años noventa, la argentina Zulma Gasparini en 2006, y quien escribe, han realizado una investigación rigurosa y sistemática de los vertebrados jurásicos encontrados en la Isla.

Este proceso significó catalogar y revisar los ejemplares que estaban etiquetados con información inadecuada y rastrear los fósiles colectados en Cuba, pero guardados en museos de otros países, en particular en el Museo Americano de Historia Natural, el Smithsoniano, y en el museo de la Universidad de California, en los Estados Unidos.

A pesar de que ningún resto adicional de dinosaurio se ha identificado en las colecciones de museo o como resultado de nuevas excavaciones en Cuba,los hallazgos de plantas y troncos de árbol sugieren que restos de animales terrestres también pudieron llegar al mar por diluvios o tormentas a lo largo de la costa, un evento que habría pasado muchas veces durante el Jurásico.

“Nosotros buscamos huesos de dinosaurios en Puerto Rico, La Española, y Cuba durante muchas temporadas, pero esta búsqueda ha sido infructuosa, quizás porque las rocas del Cretácico están muy erosionadas y los huesos potenciales son difíciles de encontrar en la superficie. Pero la búsqueda continua…”, dice Iturralde-Vinent, quien no está listo para rendirse y perder el interés en los dinosaurios cubanos.

¿Qué más pueden aprender los científicos sobre el origen e historia del hueso de dinosaurio? ¿Cómo apareció un hueso de dinosaurio en sedimentos marinos? ¿Qué le pasó al resto del cuerpo?

Como Alfredo de la Torre sugirió en su tesis, el cuerpo del dinosaurio debió flotar hacia el mar. Hoy los geólogos tienen una idea más clara de cómo fue la región caribeña durante el período Jurásico y saben que en el área de suelo marino que se levantó para más tarde formar parte de Cuba había un estrecho pasaje oceánico que unía las aguas del océano Pacífico con un antiguo mar (llamado Tethys) y el entonces Atlántico Norte.

El lado norte de aquel canal marino caribeño fue una costa con aguas poco profundas que lindó con una larga franja de tierra en forma de arco ocupando lo que hoy es Florida, parte del Golfo de México y la Península de Yucatán. Al sur del canal estaba lo que es ahora América del Sur. Aunque se conoce que los dinosaurios fueron frecuentes en Norteamérica, quizás el grupo que incluye a los titanosaurios, pudo tener una distribución mucho más amplia, por lo que es probable que el dinosaurio encontrado en Cuba viviera a lo largo de aquellas costas.

Otra hipótesis sugiere que el pasaje entre las Américas que tuvo lugar a fines del Cretácico Superior no se dio por la actual Centroamérica, entonces parte del fondo oceánico, sino por un puente continental que pasaba por la actual Cuba.

Geografía del Caribe durante el Jurásico hace unos 156 millones de años, cuando los saurios dominaban la región(imagen: cortesía de Manuel Iturralde-Vinent).

Cómo murió el dinosaurio es un misterio: ¿fue cazado por carnívoros, pereció en un desastre natural (como un huracán), enfermo, o simplemente la vejez? El cuerpo hinchado habría flotado en el mar durante un tiempo, pero el cadáver se debió dispersar, quizás desmembrado por reptiles marinos, mientras algunas partes se hundieron hasta el fondo. Como los extremos del hueso parecen dañados, quizás fueron masticados por reptiles o peces, aunque, el paleontólogo Manuel Iturralde-Vinent señala que “en la época de Alfredo era muy común separar a martillazos los fósiles de la roca, lo que pudo originar roturas en el hueso”.

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