Logan: la más triste, cruda y anti-heroica despedida de Jackman

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28 Marzo 2017
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Sagas y superhéroes son quizás los elementos más distintivos del cine a gran escala de lo que va de siglo XXI. Las primeras tienden a nunca acabarse e incluso cuando terminan, o en el proceso, suelen aún palpitar en forma de spin-off o crossover. Luego, principalmente entre los jóvenes, los “súper” ya se consideran todo un fenómeno cultural cuyo límite parece no asomar aún en el horizonte.

Sin embargo, pese a ser un capítulo más de la temporalmente retorcida saga súper-heroica de los X-Men, la anunciada despedida de Hugh Jackman (The Prestige, Les Misérables) como Wolverine en Logan llegó a los cines este marzo de 2017 y no pudo estar más lejos de los clichés típicos del género.

Para los neófitos, el universo de los X-Men plantea la mutación genética como argumento para que ciertos individuos puedan adquirir habilidades extraordinarias, o sea, súper-poderes. Luego los comics, la tele y las pelis obviamente, cuentan los conflictos de estos mutantes entre sí y con el resto del mundo -dosis extra de explosiones y dramatismo incluidos-.

Pero en Logan han querido precisamente echar por tierra  todo esto. En un futuro post-mutantes dos sobrevivientes gestionan lo que parecen ser sus decadentes últimos días.  El profesor Xavier, interpretado por el señor Patrick Stewart (Star Trek), antes fabuloso por sus poderes mentales, ahora padece de demencia senil. De él apenas se hace cargo Logan, el mutante de las garras de adamantio y los poderes regenerativos. Antes conocido como Wolverine, el tiempo parece haber empezado a cobrarle factura a Logan quien, para colmo, ahoga sus penas en alcohol.  Así las cosas, una joven mutante (Dafne Keen) perseguida por esbirros irrumpe en escena para cambiarlo todo una vez más.   

Con estas pintas se presenta la peli de James Mangold, que sin dudas  resulta una apuesta arriesgada, no solo por su guión, adaptado del comic Old Man Logan, sino por su planteamiento en general. Haciendo a un lado las pantanosas arenas argumentales sobre las que toma forma, se trata de una película oscura, sangrienta, realista. Es un ejercicio de la sensación de supervivencia, concentrada en el ahora, sin tiempo para explicar demasiado cómo fue que llegamos a este punto. Todo un giro de autoría  para un público mayoritario adaptado al colorido dinamismo de las andanzas de Marvel y DC-Comics.

¡Menuda interpretación la del señor Stewart! Xavier nos hace plantearnos reflexiones existenciales sobre la familia, la vejez, el bien, el mal y las razones para vivir. Jackman, en su determinación de no volver a empuñar las garras después de Logan, personifica un animal deshecho que apenas responde y reniega de lo mejor de sí ante el dolor de las pérdidas. Luego, la presencia de la morbosa ternura de la niña es el contraste acertado, la medicina para la insana cordura de Wolverine. Todo un personaje catalítico en la historia que, con el resto de protas, intentarán distraerte de turbios asuntos de balística y consumo de fármacos.

La lectura final de la cinta es difícil de describir y polémica de comentar. Quizás la tristeza con sus aires de western. Quizás la empatía con un relato de fronteras, de etnias, de marginados y perseguidos. Quizás ese puntito llegando a sublime pero que en el camino aún sabe a plástico. Sin dudas no es el producto comercial con el que te vas a echar unas risas para “pasar el rato”. Con seguridad, echaremos de menos al Logan de Jackman.

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Comentarios

Me gustan las sagas de

Me gustan las sagas de ciencia ficción y x-men es un agradable entretenimiento para las personas que como yo buscan desconectar de los males que entristecen la vida cotidiana pero este final para la saga con los relatos de LOGAN realmente me decepciona porque al matar los poderes de un súper-héroe se mata el mito con el cual se soñó

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