Luis Velázquez Pérez: con la ciencia de la raíz al tope

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
|
05 Abril 2018
| |
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Claudia Alemañy Castilla

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Muchas veces, poco después de poner la cabeza en la almohada, el sueño se le escapa. Mientras otros, en su propio hogar, dedican las preciadas horas nocturnas al descanso, la mente del científico permanece activa.

“Como es conocido, el cerebro humano no se detiene, e incluso durante la noche continúa su trabajo. En mi caso, aunque quiera escaparme, no puedo evitar hacer un repaso por mi día y pensar en todo lo que hice, en mis pacientes.

“A esas horas de la noche he generado ideas que luego han servido en investigaciones y para aplicar en nuestros enfermos”, relata el doctor Luis Velázquez Pérez, consagrado al campo de las neurociencias, quien reconoce, con una sonrisa en los labios, que en ocasiones sus horas de desvelo las trasmite a sus colaboradores.

“Un colega me decía siempre que cuando yo no dormía bien había que prepararse. No solo porque llego al día siguiente con miles de planes, sino también porque pongo a todo el mundo patas arriba con tal de llevarlas a cabo.”

Velázquez Pérez disfruta mucho de la interacción con sus compañeros. Mientras trabajó en el Centro para la Investigación y Rehabilitación de las Ataxias Hereditarias (CIRAH) de Holguín, cada mañana iba a saludarlos a todos.

Elegía el comienzo del día, porque su agenda de trabajo siempre era muy intensa. Durante 17 años, tiempo que estuvo como director del instituto, el experto compatibilizó la investigación con las labores administrativas. De ese modo, sus responsabilidades se redoblaron.

“Francamente, las tareas del funcionamiento interno me resultan más complicadas porque de ellas depende todo lo que se haga en el centro. Pero trato de poder hablar con quienes trabajo, sobre todo con los jóvenes”, enfatizó el científico.

En el CIRAH, su horario laboral por lo general se extendía, pues era durante las tardes que encontraba espacio para revisar artículos y hacer las pesquisas que permiten hallar nuevas vías para mejorar la calidad de vida de sus pacientes.

“Después que terminaba, lo único que me relajaba era correr en el área deportiva cercana a mi casa. A veces práctico meditación y yoga, que me ayudan a mantenerme vital. Así, antes de lo esperado, regresa la hora de ir a la cama. A veces el cansancio vence. Pero la mayor parte del tiempo, los ojos permanecen abiertos y el pensamiento atento”.

Pautas de una vida

La vida del doctor Luis Velázquez está modelada por su sentido del deber y la responsabilidad, valores inculcados en la llama sutil de un hogar humilde.

“Nací y me criaron en el campo. No comencé la escuela hasta los siete años porque en casa creían que antes de esa edad era demasiado temprano. Fue mi padre quien me enseñó a leer y a contar.

“De alguna manera ellos siempre aspiraron a que yo estudiara alguna carrera universitaria, sobre todo relacionada con las ciencias médicas. Aunque mis primeras inclinaciones profesionales fueron hacia la ingeniería agrónoma. A las escuelas iban muchos especialistas en esa materia y me llamaban la atención sus ponencias. Más adelante, ya en el preuniversitario, fui cambiando”.

Corría 1982 cuando se compuso el primer Contingente de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay. Velázquez Pérez fue el primer estudiante holguinero en integrarse al proyecto.

“Así me adentré en el mundo de las batas blancas. Fueron muchos años dedicados al estudio, durante los cuales renuncié a muchas cosas importantes para los jóvenes de mi edad. Además de eso, ni siquiera vivía en la ciudad. Diariamente viajaba 16 kilómetros desde mi casa hasta la escuela”.

Durante la carrera, su interés declinó hacia las neurociencias. Al terminar el nivel superior, recibió el Título de Oro de manos del Comandante en Jefe Fidel Castro, quien en sus palabras alentó a los nuevos galenos a pensar pronto en una especialidad.

La labor del Centro de Ataxias Hereditarias obtuvo en fecha tan temprana como 1998 el Premio Relevante con distinción especial del Fórum de Ciencia y Técnica. (Foto tomada de www.trabajadores.cu)

Velázquez Pérez se decantó por la Neurofisiología Clínica, para lo cual tuvo que trasladarse a La Habana, al Instituto de Neurología y Neurocirugía, del Instituto Superior de Ciencia Médicas “Victoria de Girón”. Luego, a pesar de tener la oportunidad de permanecer en la capital, regresó a su provincia y durante los siguientes dos años formó parte del equipo del Hospital Pediátrico Octavio de la Concepción y de la Pedraja, de Holguín.

A la par, iba creciendo su interés profesional por el campo de las enfermedades degenerativas y en particular por las ataxias.

“Desde mi etapa de estudiante me vinculé con el neurólogo Armando Gómez Taboada. Lo ayudaba con las consultas y los recorridos por las salas. Incluso, cuando ya no trabajó más con nosotros, dejó a otro especialista encargado de mi preparación, para que yo no perdiera el vínculo con el entonces Proyecto de Ataxias Hereditarias, radicado en el Hospital cabecera Vladimir Ilich Lenin”, rememoró Velázquez Pérez.

El doctor asumió la dirección del naciente equipo a finales de 1997. Inició así un período donde se realizaron múltiples estudios epidemiológicos en la provincia y acciones de intervención médica y social hacia los enfermos

Con la llegada del nuevo milenio se planteó la necesidad de crear una institución capaz de integrar un grupo de especialistas con mejores capacidades para acceder a los pacientes y sus familias. Emergió el CIRAH y el profesor Luis Velázquez fue nombrado su director.

Ataxias en la diana

La relación entre los pacientes e investigadores del Centro es estrecha y profesional. (Foto: Cortesía del entrevistado)

 

Holguín es la región del mundo con más casos de ataxias hereditarias per cápita. El padecimiento es latente en tres de cada 100 mil habitantes de ese territorio. Las cifras parecieran poco alarmantes si la incidencia del resto del planeta no fuera de 43 en igual total individuos.

Ante tal situación, hacer confluir un conjunto expertos en la materia se convirtió en apremio. Velázquez Pérez reconoció que desarrollar un proyecto, formar jóvenes investigadores, gestionar la ciencia y equipar una institución fuera de la capital es un proceso complejo.

“Requiere de un esfuerzo adicional. No obstante, nosotros tuvimos el mérito de poder contar con apoyo. La primera tarea fue conformar el Centro, algo que hicimos con las mínimas condiciones. Por ejemplo, contábamos con un secuenciador de genes para el área de Biología Molecular que no tenía los reactivos y, por lo tanto, no funcionaba. Sin embargo, teníamos el espíritu y el deseo de avanzar.

“Hicimos el estudio epidemiológico de la provincia, y conocíamos los problemas, no solo médicos, sino los económicos y sociales de los pacientes con necesidad de rehabilitarse. Con la ayuda de otros institutos del país, y con dispositivos fabricados por nuestros investigadores, empezamos una estrategia de intervención”, narró el académico.

El siguiente paso fue reclutar jóvenes científicos: “Siempre he tenido y tendré mucha confianza en ellos. De hecho, los resultados de nuestra institución son el fruto del esfuerzo, trabajo, consagración con que esas personas de corta edad, pero mucho talento, enfrentaron la tarea”.

Entre 2002 y 2003, el equipo científico presentó a la dirección del país un informe sobre la problemática de las ataxias hereditarias. También expusieron los recursos que hacían falta para mejorar esa situación. Poco después se estableció un financiamiento para optimizar la labor de la institución.

“A partir de ese momento entramos en una etapa diferente. Poseíamos la mejor tecnología que había en aquel momento en Cuba para las áreas de Biología Molecular, Neurofisiología Clínica, Rehabilitación y Bioquímica.

Los síntomas de las ataxias dominantes pueden aparecer a cualquier edad del paciente, sin embargo, la mayoría normalmente tienen el inicio entre sus 20 y 30 años… no en vano, durante muchos años varias de ellas han sido conocidas como ataxias del adulto.

“Insertamos egresados de varias provincias de toda la Isla y fue conformado un grupo multidisciplinario que, además de médicos, contó con especialistas de cultura física, enfermeras, entre otros. También se habilitó la posibilidad de que los pacientes fueran hospitalizados en nuestras instalaciones. La idea era que la investigación surgiera con el paciente y terminara en él”.

Los especialistas del CIRAH prepararon un programa masivo de atención en el que evalúan a los dolientes desde el punto de vista físico, clínico, cognitivo y psicológico. También lograron abrir áreas similares en otros hospitales como el Vladimir Ilich Lenin, el Pediátrico y algunos centros municipales de salud.

En la actualidad, cerca de 800 personas han mejorado su estado y calidad de vida gracias a la atención recibida por los disimiles expertos de la institución. De todas las historias personales de pacientes que ha vivido Velázquez Pérez como médico, son los niños con ataxias quienes más afectan su ánimo.

“En el caso de los más pequeños la enfermedad es aún más terrible, devastadora y severa. Los tratamientos difícilmente logran revertir su situación. En muchos de esos casos, uno se siente impotente, y es complicado recuperarse.

“Hemos creado una cultura de trabajo donde nos vinculamos estrechamente con los pacientes y sus familias, siempre sin afectar la condición ética que entraña nuestra profesión. Por eso terminamos llorando con ellos cuando no conseguimos ayudar a un infante al que hemos tratado durante un tiempo prolongado.

“Todas esas situaciones convierten nuestro trabajo como grupo en un reto. No hay un resultado individual. Se trata de un colectivo laboral que ha logrado consagrarse a una actividad muy humana, necesaria y a la vez interesante”, comentó.

Con algunos de sus compañeros más cercanos le unen lazos de amistad y familiaridad. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Juventud e inspiración

En el CIRAH, el profesor Velázquez Pérez ha visto, a lo largo de los años, el avance de los pupilos en diversos campos de estudio. El instituto que dirigió durante casi 20 años es reconocido por la alta cantidad de sus miembros que integran la sección de Asociados Jóvenes de la ACC.

Pero también en su familia los jóvenes destacan. “Tengo dos hijos. El varón estudió Cine y trabaja en la Universidad de las Artes, en La Habana. Mi hija se graduó como flautista y tiene un grupo de música flamenca”.

“Ninguno quiso estudiar medicina, y la verdad es que no me molesta en lo absoluto. De hecho, me siento orgulloso, porque ellos me han enseñado mucho. Tener la oportunidad de escucharlos explicarme cualquier cosa vinculada con sus conocimientos me llena de satisfacción”.

En noviembre de 2017, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente nombró a Luis Velázquez Pérez como nuevo presidente de la Academia. Para el investigador la nueva responsabilidad constituye un reconocimiento no solo a su trabajo, sino al del centro donde se consagró tantos años y también a su provincia.

Con el padrón exitoso de su experiencia precedente, los nuevos desafíos, no obstante, se le anuncian igual de inspiradores.

“Yo diría que entre mis principales retos se encuentran seguir fortaleciendo el proyecto de investigaciones sobre ataxias hereditarias para que el prestigio obtenido no decaiga. Además, cumplir con las expectativas que ha creado este nombramiento y de ese modo contribuir al desarrollo de la ciencia en Cuba, pues, en buena parte, de ella dependerá el avance del país”.

 

La familia es uno de los pilares más importantes en la vida del científico cubano. (Foto: Cortesía del entrevistado)
 

 

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