Luz larga en la buhardilla

Autor: 

Dr Ernesto Chico
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16 Enero 2017
| |
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Crédito de fotografía: 

Estudios Revolución

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El Centro de Inmunología Molecular (CIM) nació en los laboratorios de investigación del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR). Allí nuestro grupo científico fundador realizaba investigaciones sobre la biología del cáncer y experimentaba con anticuerpos monoclonales como herramientas terapéuticas contra la enfermedad.

Hasta los laboratorios del último piso del INOR, "la buhardilla" (como llamó posteriormente al lugar), llegó el Comandante en septiembre de 1989.  Ese primer contacto con nuestro colectivo duró varias horas, en las cuales hizo muchas preguntas sobre los fundamentos científicos de lo que allí se hacía, de cómo obteníamos los anticuerpos monoclonales y acerca de las perspectivas reales de que estas moléculas pudieran ayudar a combatir la enfermedad.

Del encuentro salió la decisión de mejorar las instalaciones y el equipamiento de los laboratorios del INOR, y se reforzó el espíritu de consagración y responsabilidad del grupo, que pudo apreciar de manera directa el interés del Comandante en el trabajo que realizábamos y su confianza en el futuro de nuestras investigaciones.

El primer reto

Durante aquellas conversaciones con los trabajadores, la preocupación fundamental de Fidel siempre fue cómo hacer para aumentar las capacidades de trabajo y acelerar la aplicación de estos resultados científicos en el tratamiento de los pacientes.

 Para ello había una dificultad clave: la limitada capacidad para la fabricación de los anticuerpos. En esos momentos, en el INOR solo producíamos unos 20 gramos al año, con los cuales podían ser tratados experimentalmente apenas unas decenas de pacientes. Informado acerca del desarrollo de esta naciente industria en otros países, preguntó: ¿Y ustedes no piensan competir con ellos?"

Así nació el primer gran reto: diseñar y construir un centro de nivel mundial que pudiera fabricar hasta cinco kilogramos de anticuerpos al año, una capacidad cien veces superior a la que manejábamos entonces.

El Comandante se involucró personalmente en muchos detalles de la creación del nuevo centro.  Entre ellos, en la selección del lugar para su construcción: un platanal adyacente al Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ), donde explicó a los cultivadores la necesidad de demoler la plantación para levantar allí un centro científico.

Entre las decisiones técnicas más complicadas de esta etapa estuvo la relacionada con la tecnología de fermentación a utilizar. Como industria joven en todo el mundo, había un fuerte debate en el campo del cultivo de células sobre la aplicación de dos tecnologías diferentes para la producción, cada una con sus ventajas y limitaciones. Nuestro colectivo no tenía la experiencia práctica para decidirnos por una de ellas. Equivocarse podía tener fuertes implicaciones económicas.

Fidel apostó entonces por equipar al CIM con las dos tecnologías, pues confiaba en que seríamos capaces de controlar con el tiempo sus secretos y escoger cuál de las dos emplear para futuros crecimientos. Tal como predijo, el dominio tecnológico del CIM sería reconocido años más tarde por las principales empresas de los países desarrollados.

El 5 de diciembre de 1994, en los momentos más duros del Periodo Especial, se inauguró la nueva sede del CIM. Fueron varios años de batallas contra la falta de recursos y las presiones de la tensa situación económica; sin embargo, Fidel no dudaría en priorizar lo necesario para que se terminara de edificar.

Luego, en su discurso de inauguración, el Comandante dejó clara la misión del CIM: "es una promesa de salud para nuestro pueblo, es una promesa de ingresos para nuestra economía". En aquel momento, todavía el CIM no comercializaba ningún medicamento para el tratamiento del cáncer, y las pequeñas exportaciones que realizaba no alcanzaban siquiera para cubrir los gastos. Sin embargo, el joven colectivo salió de ese acto convencido de que crecería hasta alcanzar esa alta misión.

Un experimento organizacional

Quizás la mayor contribución que hizo Fidel a nuestro colectivo fue su indicación de agrupar en el mismo centro la investigación, la producción y la comercialización.

Fue este concepto el que más tiempo nos tomó comprender. Implicaba un sacrificio adicional para los científicos fundadores, muchos de los cuales debieron dejar la meseta del laboratorio para convertirse en directivos empresariales o analistas de la calidad de los medicamentos. Otros debieron adentrase en el mundo de los negocios internacionales y las patentes, ajenos a su vocación y formación ideológica.

Tuvimos que incorporar a ingenieros, técnicos, farmacéuticos, abogados, jóvenes en su mayoría, quienes se consagraron a la investigación científica, al desarrollo de nuevos anticuerpos y vacunas para el tratamiento del cáncer, a la producción y exportación de medicamentos a muchos países del mundo.

En ese trabajo multidisciplinario, prendió la enseñanza ética del Comandante, expresada aquel 5 de diciembre: "un hombre solo no logra nada, no construye nada, el éxito está en el trabajo de todos unidos".

Ese experimento organizacional, el del "ciclo cerrado" dentro de un mismo colectivo, comprometido a la vez con la salud del pueblo y con el aporte económico al país, es la labranza inicial de lo que hoy debe tomar forma en la Empresa Estatal de Alta Tecnología.

En el CIM, una vez más, Fidel sembró el futuro: previó el éxito de los anticuerpos monoclonales (las armas más prometedoras para la lucha contra el cáncer) y anunció el valor económico de la ciencia. Hoy nuestras exportaciones han devuelto al país más de treinta veces los recursos que se invirtieron en la construcción del centro. Con el desarrollo de la biotecnología cubana, él anticipó, una nueva fuente económica para nuestro país.

A casi treinta años del primer encuentro con los científicos de la "buhardilla", y de sus interminables preguntas sobre el cáncer y los anticuerpos monoclonales, el CIM es y seguirá siendo un centro de Fidel. En estos días lo hemos jurado los jóvenes y los veteranos. Mientras continúe la difícil batalla contra el cáncer, y por el desarrollo del país, la misión que nos dejó el Comandante será para siempre la principal inspiración para trabajar y para vencer.

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