Marta Beatriz Infante Abreu sin fronteras

Autor: 

Magda Iris Chirolde López
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26 Agosto 2018
| |
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Crédito de fotografía: 

Magda Iris Chirolde López y cortesía de la entrevistada

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Una mujer muy inteligente. Esa es la sensación que se tiene cuando se habla con Marta Beatriz Infante, la cuarta mujer en ser decana de la Facultad de Ingeniería Industrial de la Cujae, gracias, según dice, a la “devoción por el estudio”.

Quienes la vieron crecer y le desearon lo mejor para su vida, cuenta a Juventud Técnica, le inculcaron la idea de aprovechar cada momento y con esa filosofía asumió sus estudios universitarios en la propia Universidad Tecnológica, la tesis de Maestría y las estancias doctorales en Alemania para su superación científica y formación cultural.

En el camino acumuló excelentes calificaciones y un sólido prestigio como investigadora, que le han permitido desafiar obstáculos profesionales en aras de “transformar la sociedad cubana y mejorar la calidad de vida de la población”.

De Marianao… a Marianao

 

Durante su graduación de la Cujae en el año 2007 . (Foto: Cortesía de la entrevistada)

En la más famosa de las edificaciones de ese Marianao turbulento y lleno de niños y jóvenes en uniforme, la Ciudad Escolar Libertad, Marta Beatriz aprendió letras y números. Y en otra igual de célebre, la vocacional Vladimir Ilich Lenin, hizo el preuniversitario y abrazó la ciencia.

“Me encanta estudiar, pero siempre fui dirigente en la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) y en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), lo cual fue un gran reto. Recuerdo que en la primera clase de Física de la universidad recibí prácticamente todo el contenido del preuniversitario y pensé: no imagino lo que viene después. Fue difícil, pero tuve un grupo de estudio muy unido en la FEU y eso hizo más grata mi estancia en la universidad. Así pude alternar los cargos de dirección estudiantiles y las clases.

“Ese hecho te impone nuevas disciplinas, porque uno termina sus clases y luego sale a organizar procesos. Los ingenieros industriales tenemos, entre las competencias en las que debemos formarnos, la capacidad de dirigir, organizar, ejecutar y controlar procesos; o sea, gestionar.

“Si los alumnos ganan esas capacidades, tendrán una aptitud adquirida para convencer, tener elementos y criterios sobre algún tema que en las aulas es muy difícil impartirla. Desde ese punto de vista la carrera está bien diseñada. Ya en el primer año el estudiante tiene práctica laboral, lo cual le permite hacer análisis críticos del entorno, observar la realidad empresarial u organizacional y realizar transformaciones.

Marta Beatriz creció rodeada de ingenieros, en un ambiente de cibernéticos e informáticos, mas se inclinó por la Ingeniería Industrial. “Durante mi formación preuniversitaria recuerdo a un maestro decir que, desde el punto de vista ingenieril, era posible cambiar las organizaciones sin grandes recursos y eso me llamó la atención, al punto de preferir dicha ocupación.

“Primero pensé en Automática o en Telecomunicaciones, pero cuestioné que requeriría de muchos recursos tecnológicos, de determinados sistemas para automatizar; o sea, dependía de objetos físicos, y la Industrial no tanto.

“El primer reto del ingeniero industrial es obtener un resultado de impacto con las técnicas, métodos y herramientas que se tienen para ejercer la ingeniería. En el poco tiempo de práctica durante la vida estudiantil, uno debe probar si la propuesta tiene una repercusión económica favorable e impulsa una transformación organizacional.

“No basta con proponer una idea perfecta, es necesario aplicarla y transmitirles a los directivos las ventajas, lo cual a veces es un problema en las organizaciones. En el mundo, cualquier cambio trae una resistencia. Aunque se haya demostrado científicamente que aportará beneficios reales y palpables”.

La profesionalidad, sabiduría y madurez describen a esta joven mujer, quien decidió ejercer el magisterio sin dejar la ingeniería.

“Quizás como docente de primaria, secundaria o preuniversitario ponía en un colectivo mi semillita de ser crítica. Pensé en lo que dijeron mis padres: `en cualquier lugar donde estés serás útil`. Pero, la posibilidad que ofrece la Cujae es que tú puedes transformar la sociedad con los estudiantes, trabajos de diploma, prácticas laborales, maestrantes y doctorantes. Ahora el centro pasa por problemas de fluctuación laboral, entre otros, y veo necesaria mi presencia”.

La Marta de hoy también es resultado del apoyo familiar y de la formación recibida de sus educadores de la Cujae.

“Recuerdo a mis profes de más de 20 años de trayectoria, con múltiples experiencias prácticas en desarrollar organizaciones y creo que ese bichito de querer investigar, ser mejor persona y de contribuir a la evolución de nuestra sociedad, me lo inculcaron ellos. La mayoría permanece actualmente en la institución.

“Como decana de la facultad, dirigir a estos maestros, que son mis ídolos, participativos, que colaboran y sugieren muchas ideas a la dirección, es un inmenso desafío”.

Pasajes de la vida

 
En la Facultad de Informática-Matemática de la Universidad Tecnológica de Munich, Alemania, 2010. (Foto: Cortesía de la entrevistada)
Sencilla, solidaria y comunicativa. Así es esta investigadora, quien tiene sobre sí la responsabilidad de liderar la formación de muchos de los futuros ingenieros industriales de Cuba. (Foto: Magda Iris Chirolde López)

Disfrutar de una película en el cine, de una obra de teatro, música como la de Buena Fe o compartir con los amigos, son algunos de los placeres de Marta Beatriz en su tiempo libre.

Sencilla, humanitaria, solidaria y comunicativa son cualidades que la distinguen, permitiéndole tener las mejores relaciones de trabajo y personales.

“Me encanta conversar y estar en contacto con los más jóvenes. Participo en las actividades de la FEU, los acompaño en los consejillos y en los comités de la Unión de Jóvenes Comunistas. Dispongo de tiempo para atenderlos en cualquier momento. Las relaciones con mis colegas son lo mejor que me pudo pasar, no solo en lo profesional, también en la amistad”.

Cada mañana es diferente para la joven la Doctora en Ciencias. Las responsabilidades se han ido incrementando y con ellas, cierto don para sobrepasar cualquier prueba.

Narra la ingeniera que su proyecto de investigación de Maestría lo consolidó en el grupo de investigación de Informática Empresarial, a partir de una necesidad expresa de la universidad y centros de investigación de conocer los nuevos avances tecnológicos que impactaban a nivel mundial en disímiles ramas.

“El alcance iba a ser grande. Nos dimos cuenta que había que acotar y en ese proceso pudimos ampliar a otras organizaciones empresariales o gubernamentales.

“El objetivo de la propuesta era dotar a los especialistas cubanos de herramientas que les permitieran conocer el estado de desarrollo de las tecnologías en el mundo. Hay gran cantidad de fuentes y herramientas privativas y con altos costos que posibilitan tener una noción de cuáles son las actuales tendencias.

“En una primera fase del proyecto, la misión fue saber cuáles eran las herramientas libres que nos facultaran hacer trabajos similares. Nos adentramos en ese mundo haciendo estudios comparativos y, a partir de ahí, construimos buenas prácticas para utilizar tales instrumentos, lo cual me dio también la posibilidad de transmitirlos en un programa nacional de formación de dirigentes”.

Infante Abreu nunca pensó dormir tan poco durante tanto tiempo, como sucedió durante el período de investigación doctoral. Al tener el título, creyó que los retos estarían más balanceados. “Ahora me acostumbro a métodos y planes de trabajo, que me propician estar más relajada desde el punto de vista profesional, aunque dirijo un grupo de proyectos de investigación”.

Desde septiembre del 2009 realizó tres estancias doctorales en el departamento de Ingeniería de Software para sistemas de información de negocios de la Universidad Tecnológica de Munich, Alemania, lo cual la hizo crecer en lo científico y en su visión de la cultura.

“Mi investigación era referida a las buenas prácticas relacionadas con la vigilancia de tecnologías y ellos tenían un estudio en progreso sobre estructuras de compilación de buenas prácticas. El saber adquirido allí fue importante para mi propuesta de investigación doctoral.”

 

Junto a Mercedes Delgado Fernández y Antonio Díaz Batista, sus tutores del Doctorado (Foto: Cortesía de la entrevistada)

“Otra ganancia fue en la disciplina y en las oportunidades del debate científico. Cada dos meses los discípulos hacían una disertación de por dónde iba su tema. También organizábamos grupos de trabajo y un compañero complementó su investigación con elementos que yo traía de Cuba y viceversa.

“Desde el punto de vista cultural resultó fantástico, enriquecedor. Compartimos con estudiantes de diversos países. Aprendí lo importante que es conocer de la cultura de otras personas, de qué van los saludos, cómo se tratan. Por ejemplo, ya no pretendo saludar a un indio con un beso, porque eso significa proponerle matrimonio” (ríe).

Muchas son las anécdotas que Marta recuerda y de las cuales ha tomado no pocas enseñanzas; algunas las utiliza para comparar situaciones, otras para compartirlas en clases o entre amigos y contribuir a que conozcan dónde están las brechas tecnológicas y las acciones de impacto en la población que se pueden hacer con exiguos recursos.

Como parte de un evento internacional en Alemania, está publicado un capítulo de libro de sus resultados investigativos acerca de la gestión del conocimiento y la innovación. Otros dos capítulos salieron de un trabajo de diploma que tutoreó, “El uso de las tecnologías de la Web 2.0 para promover el destino Cuba”.

Con esta propuesta, la profesora tuvo la oportunidad de intercambiar con empresarios de Cuba, a quienes llevó la idea de hacer inversiones en conocimiento, pues “estas retornan y estarían a disposición del pueblo”.

Desde que Marta Beatriz fue seleccionada joven asociada a la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) no ha dejado de meditar en los nuevos deberes que adquiere frente a su gremio profesional. “…en ese instante me pregunté qué significaba, porque ahí están los académicos con mayores resultados y conocimientos de las ciencias. Tengo muy buen criterio de la Academia y la suerte de conocer a un grupo de profesionales de nuestra universidad que forman parte de ella. Son personas consagradas al estudio y a la investigación científica.

“Formar parte de la cantera de los jóvenes de la ACC implica otra gran oportunidad en mi vida y la posibilidad de poder colaborar más con el país”.

 

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