El mito se desvanece

Autor: 

Yanel Blanco Miranda
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18 Septiembre 2014
| |
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Crédito de fotografía: 

Dr. Luis M. Díaz Beltrán

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De pequeña yo también jugaba a cazarlos. Junto a niños de la cuadra y a otros no tan muchachos, corría por los patios en busca de esos temidos reptiles a los que tanta gente evita, pero que nosotros como muestra de “valentía” atacábamos sin piedad con piedras y palos. 

Nos tranquilizaba la idea de saber que en Cuba no existían serpientes venenosas y que aunque nos mordiera una culebra, no sufriríamos daño alguno. Entonces, la enroscábamos en nuestros brazos o la exhibíamos en el cuello como si fuéramos artistas de circo.

Por suerte nunca tuvimos que lamentar ningún accidente debido a nuestra imprudencia y desconocimiento.

“Cuba es un país privilegiado al tener en su fauna pocos animales que pueden resultar peligrosos para el hombre; aunque, algunas especies son lo suficientemente tóxicas como para provocar lesiones que requieren de una atención médica inmediata y en los que llegan a manifestarse diferentes complicaciones clínicas”, señala el Doctor Luis M. Díaz, especialista en reptiles del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba.

El jubo (Cubophis cantherigerus) perteneciente a la familia Dipsadidae es ejemplo de ello. Este reptil autóctono de Cuba, vive en todo el territorio nacional y se caracteriza por su timidez ante la presencia humana. Sin embargo, cuando es acorralado puede lanzar mordidas a su atacante.
 

El Jubo Cubophis cantherigerus tiene hábitos esencialmente diurnos y alcanza a
medir cerca de un metro y medio de longitud total. Los machos tienen la cola más
larga que las hembras.

Según la duración del evento, el tamaño de la culebra y las características de la persona agredida se manifiestan diferentes complicaciones.

“La reacción que sucede a la mordedura es muy variable, e incluye enrojecimiento de la zona afectada, inflamación localizada o gradualmente extendida a partes distantes, necrosis tisular (muerte de tejido), edemas, dolor y eventualmente infección del sistema urinario, fiebre e incremento del pulso”, advierte el Dr. Díaz.
 

Cuando el jubo es amenazado se levanta y aplasta la región anterior del
cuerpo (parecido a una cobra), como conducta intimidatoria. En muchos
casos lanza mordidas al atacante.

No obstante, aclara el especialista, “no siempre ocurren accidentes por mordeduras, ni todas las personas desarrollan los mismos síntomas”.

“No es cuestión de asustarse ante su presencia, pues estas serpientes no atacan si no son agredidas y tienen una importante función como depredadoras de ranas, lagartos, roedores y aves, cuyas poblaciones contribuyen a mantener dentro de límites sostenibles”.

 

El jubo posee un diente que aunque no es acanalado como en muchas serpientes venenosas, permite que penetre la secreción salival.

 

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