Las naves de los gérmenes I
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Cuatro años después de haber visto las primeras jeringuillas tiradas entre dos de los pabellones del hospital, Carlos descubrió que la institución de salud, donde estudia para convertirse en médico, cuenta con un local especial para almacenar los desechos.
El joven galeno se sorprendió aún más tras escuchar por primera vez sobre la existencia de una estrategia de manejo de los residuos hospitalarios en su centro de estudios.
“¡Pero si yo echo las agujas y las torundas en el mismo cesto donde también boto el pan del almuerzo!”, pensó consternado. Luego reflexionó sobre cuántos de sus compañeros cometerían el mismo error. Y decidió estudiar sobre la temática de la disposición de las brozas hospitalarias.
Todas las actividades humanas generan de alguna manera productos en forma de desechos. La basura está presente en nuestras casas, la industria, la agricultura. Esos remanentes tienen serias implicaciones sanitarias y no pueden pasar inadvertidos. Sin embargo, las acciones cotidianas dentro de un hospital y el tratamiento de sus residuos son desconocidos para aquellos que no forman parte de tales procesos.
¿Peligrosos o no?
Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos el 80 por ciento del total de remanentes originados en un hospital no es peligroso. El 20 por ciento restante es la fracción comprometida y posiblemente dañina.
Para englobar el mayor número de centros donde se producen estos desechos, los especialistas cubanos prefieren el término instituciones de salud. La denominación es más abarcadora, pues incluye las instalaciones asistenciales, de diagnóstico, investigación y enseñanza, de las cuales también forman parte los laboratorios en las universidades de ciencias médicas.
Además, el manejo de los residuos en dichos centros es responsabilidad de organismos como el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y de Salud Pública (MINSAP). Ellos cuentan con diversas legislaciones que cuidan por su correcta aplicación (Ver recuadro).
Raquel Junco Díaz, especialista de Seguridad Ambiental del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología (INHEM), advierte que una investigación realizada en el año 1999 en el hospital provincial Gustavo Aldereguía, de Cienfuegos, movió a pensar que en Cuba se generaban cerca de 2,6 kilogramos de desperdicios por cama ocupada cada día.
“Aunque el resultado está un poco alejado en el tiempo, ese indicador es el que se sigue utilizando actualmente, porque hasta ahora es el único estudio publicado en Cuba en cuanto a caracterización de los desechos hospitalarios”, destacó Junco.
La doctora Regla Bermúdez Pérez, especialista de segundo grado en Microbiología y coordinadora nacional del Programa de Desechos Sólidos y de Bioseguridad del MINSAP, comentó a Juventud Técnica que este organismo, de conjunto con los centros de salud atendidos por los Ministerios del Interior (MININT) y de las Fuerzas Armadas (MINFAR), produce aproximadamente 53 mil 60 toneladas métricas de remanentes al año.
Algunos de los residuos no dañinos o comunes son el papel y los elementos orgánicos como los alimentos, algunas ropas y telas usadas por el personal de los hospitales. Por otra parte, los restos peligrosos de las instituciones de salud han sido clasificados cuidadosamente por las diferentes instituciones responsables de su manejo en el país.
Entre ellos se encuentran los desechos infecciosos, que incluyen restos biosanitarios (torundas, gasas, guantes, aplicadores...), los anatomo-patológicos (órganos y sangre) y los corto-punzantes (agujas de jeringuillas, bisturís).
Los residuos químicos están constituidos por los fármacos, citotóxicos, reactivos, metales pesados, aceites utilizados y algunos envases presurizados, los cuales contienen anestésicos u otros medicamentos, como los aerosoles para el tratamiento del asma. Además, se cuentan los remanentes radioactivos o radiológicos.
Un lugar para cada cosa…
La Organización Mundial de la Salud señala como recomendable la separación temprana de los desechos peligrosos y no peligrosos. Los restos perniciosos de una institución sanitaria deben ser atendidos de forma diferenciada y selectiva para evitar la contaminación medioambiental y la propagación accidental de enfermedades. Además, el organismo internacional advierte que la unificación de los residuos significa un proceso mayor y más costoso de eliminación.
“La mayoría de las etapas de manejo transcurren dentro de la institución de salud, y solo la última tiene lugar fuera de ese ámbito. Por lo tanto, vamos a tener una población expuesta que se compone de los trabajadores encargados de los desechos y también los propios pacientes y acompañantes”, expresó Junco Díaz.
Para diferenciar los dañinos de los que no lo son, las autoridades cubanas han establecido un ciclo de tratamiento de los desechos hospitalarios.
La especialista Bermúdez Pérez destacó que ese ciclo está incluido dentro de la Norma Cubana 530 y sus pasos fundamentales fueron congeniados con el CITMA. También agregó que cada centro de salud tiene la posibilidad de ajustar el proceso a sus capacidades, siempre y cuando reciban la aprobación de los organismos encargados de otorgar o retirar licencias operativas como el Centro de Seguridad Biológica (CSB).
El almacenamiento también ocurre dentro de las instituciones de salud. Las resoluciones de seguridad biológica establecen que cada centro debe tener habilitado un local o espacios de vertederos donde los desechos permanezcan hasta su recogida.
Pero Lázaro Regalado Alfonso, del CSB, enfatizó que también está legislada la no permanencia de los restos en el hospital por más de 24 horas.
Además, esos espacios deben de ser higiénicos. Se recomienda pintar sus paredes de blanco y no deben ser azulejados para que los contaminantes no puedan acumularse en las grietas. Los desechos no deben estar mezclados entre sí y ser debidamente señalizados.
La fase siguiente es la de tratamiento. Según la doctora Junco Díaz, estos sistemas en nuestro país todavía son débiles, pues la mayoría de los hospitales no cuentan con las tecnologías más adecuadas.
La tecnología más generalizada es la de las autoclaves, que ayudan a la desactivación de los contaminantes presentes en los remanentes mediante inyecciones de vapor. Existen otras, menos difundidas en Cuba como las de calor seco, la desinfección química, las microondas y las hidroclaves (que además de usar vapor realizan una molienda de los despojos).
La incineración es la práctica más expandida en nuestras instituciones de salud para la reducción de los desechos médicos peligrosos. Sin embargo, este es un método contraindicado en gran parte del mundo, pues provoca la liberación de dioxinas y furanos a la atmósfera. Dichas sustancias luego son trasmitidas a los suelos, y a las verduras a través de la lluvia. Así llegan a los seres humanos.
Según la OMS, estos elementos pertenecen al grupo de los compuestos químicos contaminantes ambientales persistentes. Se encuentran en el medio ambiente de todo el mundo y se acumulan en la cadena alimentaria, principalmente en el tejido adiposo de los animales.
El Centro Internacional OMS de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), ha determinado que las citadas sustancias tienen una elevada toxicidad y provocan problemas de reproducción y desarrollo, afectan el sistema inmunitario, interfieren con hormonas y, de ese modo, pueden causar tumoraciones.
Junco Díaz explicó que al estar ubicados la mayoría de los hospitales en zonas urbanas, el humo de los incineradores contribuye a la propagación de enfermedades respiratorias entre los vecinos. Además, las chimeneas muchas veces no tienen la altura requerida.
Juventud Técnica investigó una de esas situaciones en torno a la chimenea del Hospital Hermanos Amejeiras.
(http://www.juventudtecnica.cu/contenido/paradoja-hospital)
Clasificación de los residuos hospitalarios peligrosos
Químicos
Fármacos
Citotóxicos
Reactivos
Metales pesados
Aceites usados
Contenedores presurizados
Infecciosos
Biosanitarios
Anatomopatológicos
Cortopunzantes
Radioactivos
Otra alternativa es que los desechos generados en instituciones de salud que no cuentan con las tecnologías adecuadas sean trasladados a centros donde si las haya.“Contamos con una estrategia en este sentido, para que la totalidad de las instituciones accedan a métodos para evaluar sus desechos. Por ejemplo, en siete hospitales fueron ubicados incineradores con tecnologías más modernas y menos agresivas, aunque sabemos que ninguno de estos equipamientos es totalmente ecológico. Además, hemos proyectado insertar en nuestro sistema mecanismos más ´limpios´ como las hidroclaves”, señaló Bermúdez Pérez.
Por su parte, la doctora Raquel Junco criticó que “todavía hay defensores de la incineración, aun cuando es prácticamente prohibida por el convenio de Estocolmo, y Cuba no es parte signataria de este. Los equipos ´ecológicos´ no lo son tanto, pues sus temperaturas de quema están entre los cien y 300 grados, lo cual favorece la liberación de dioxinas, y estas afectan al medio ambiente a pesar de los filtros del aparato”.
Otro de los dilemas de los remanentes hospitalarios en la Isla es su sistema de traslado y recogida. Los desechos deben ser transportados en vehículos destinados especialmente para esas labores, pero en el país no existen autos especiales para el proceso.
“El MINSAP tiene contratos con la Empresa de Comunales. Los residuos se colocan dentro de varias bolsas y son recogidos por esa entidad de manera diferenciada en cada institución. De ahí son llevados a los vertederos, donde se colocan en una trinchera y son enterrados”, describió la doctora Bermúdez Pérez.
Esos carros de limpieza y recogida de basura pasan por las instituciones de salud en correspondencia con sus propios recorridos urbanos. Es decir, los residuos hospitalarios terminan en contacto con los desechos domésticos.
Además, los camiones concluyen sus rutas alrededor de los vecindarios habitados con esa carga viablemente dañina en sus camas, lo cual, sin duda, puede ser causa potencial de la propagación de determinadas enfermedades. Sin contar a aquellas personas que hurgan hasta en los grandes vertederos.
Los altos costos de los equipamientos, la convergencia de un variado número de instituciones responsables por el adecuado funcionamiento del proceso y el irregular rigor en la preparación de los trabajadores que manipulan los residuos deben ser priorizados para el análisis. A pesar de las normativas y reglamentos para asegurar el manejo y tratamiento de los desechos médicos peligrosos, todavía es necesario ser más incisivos con el problema.
Otro punto de cuidado deben ser las personas que interactúan con los desechos hospitalarios. ¿Quiénes son los encargados de segregar? ¿Cuáles son las medidas de protección necesarias? ¿Cómo se capacita al personal encargado de velar por los remanentes? Juventud Técnica buscará las respuestas a esas interrogantes en su próximo número.





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