Las naves de los gérmenes I

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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12 Junio 2017
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Cuatro años después de haber visto las primeras jeringuillas tiradas entre dos de los pabellones del hospital, Carlos descubrió que la institución de salud, donde estudia para convertirse en médico, cuenta con un local especial para almacenar los de­sechos.

El joven galeno se sorprendió aún más tras escu­char por primera vez sobre la existencia de una es­trategia de manejo de los residuos hospitalarios en su centro de estudios.

“¡Pero si yo echo las agujas y las torundas en el mismo cesto donde también boto el pan del almuer­zo!”, pensó consternado. Luego reflexionó sobre cuántos de sus compañeros cometerían el mismo error. Y decidió estudiar sobre la temática de la dis­posición de las brozas hospitalarias.

Todas las actividades humanas generan de alguna manera productos en forma de desechos. La basura está presente en nuestras casas, la industria, la agri­cultura. Esos remanentes tienen serias implicaciones sanitarias y no pueden pasar inadvertidos. Sin em­bargo, las acciones cotidianas dentro de un hospital y el tratamiento de sus residuos son desconocidos para aquellos que no forman parte de tales proce­sos.

¿Peligrosos o no?

Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos el 80 por ciento del total de remanentes originados en un hospital no es peligro­so. El 20 por ciento restante es la fracción compro­metida y posiblemente dañina.

Para englobar el mayor número de centros donde se producen estos desechos, los especialistas cuba­nos prefieren el término instituciones de salud. La denominación es más abarcadora, pues incluye las instalaciones asistenciales, de diagnóstico, investi­gación y enseñanza, de las cuales también forman parte los laboratorios en las universidades de cien­cias médicas.

Además, el manejo de los residuos en dichos centros es responsabilidad de organismos como el Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y de Salud Pública (MINSAP). Ellos cuentan con diversas legislaciones que cuidan por su correc­ta aplicación (Ver recuadro).

La doctora Raquel Junco, del INHEM, señaló la importancia del manejo de los desechos para el cuidado de la salud ambiental.

Raquel Junco Díaz, especialista de Seguridad Am­biental del Instituto Nacional de Higiene, Epidemio­logía y Microbiología (INHEM), advierte que una in­vestigación realizada en el año 1999 en el hospital provincial Gustavo Aldereguía, de Cienfuegos, movió a pensar que en Cuba se generaban cerca de 2,6 kilo­gramos de desperdicios por cama ocupada cada día.

“Aunque el resultado está un poco alejado en el tiempo, ese indicador es el que se sigue utilizando actualmente, porque hasta ahora es el único estudio publicado en Cuba en cuanto a caracterización de los desechos hospitalarios”, destacó Junco.

La doctora Regla Bermúdez Pérez, especialista de segundo grado en Microbiología y coordinadora na­cional del Programa de Desechos Sólidos y de Bio­seguridad del MINSAP, comentó a Juventud Técnica que este organismo, de conjunto con los centros de salud atendidos por los Ministerios del Interior (MI­NINT) y de las Fuerzas Armadas (MINFAR), produce aproximadamente 53 mil 60 toneladas métricas de remanentes al año.

Algunos de los residuos no dañinos o comunes son el papel y los elementos orgánicos como los ali­mentos, algunas ropas y telas usadas por el personal de los hospitales. Por otra parte, los restos peligro­sos de las instituciones de salud han sido clasificados cuidadosamente por las diferentes instituciones res­ponsables de su manejo en el país.

Regla Bermúdez, funcionaria del MINSAP, abordó el proceso individual de las instituciones de salud para los desechos médicos.

Entre ellos se encuentran los desechos infeccio­sos, que incluyen restos biosanitarios (torundas, ga­sas, guantes, aplicadores...), los anatomo-patológi­cos (órganos y sangre) y los corto-punzantes (agujas de jeringuillas, bisturís).

Los residuos químicos están constituidos por los fármacos, citotóxicos, reactivos, metales pesados, aceites utilizados y algunos envases presurizados, los cuales contienen anestésicos u otros medicamentos, como los aerosoles para el tratamiento del asma. Además, se cuentan los remanentes radioactivos o radiológicos.

Un lugar para cada cosa…
La Organización Mundial de la Salud señala como recomendable la separación temprana de los desechos peligrosos y no peligrosos. Los restos perniciosos de una institución sanitaria deben ser atendidos de forma diferenciada y selectiva para evitar la contaminación medioambiental y la pro­pagación accidental de enfermedades. Además, el organismo internacional advierte que la unificación de los residuos significa un proceso mayor y más costoso de eliminación.

“La mayoría de las etapas de manejo transcurren dentro de la institución de salud, y solo la última tiene lugar fuera de ese ámbito. Por lo tanto, vamos a tener una población expuesta que se compone de los trabajadores encargados de los desechos y tam­bién los propios pacientes y acompañantes”, expre­só Junco Díaz.

Para diferenciar los dañinos de los que no lo son, las autoridades cubanas han establecido un ciclo de tratamiento de los desechos hospitalarios.

La especialista Bermúdez Pérez destacó que ese ciclo está incluido dentro de la Norma Cubana 530 y sus pasos fundamentales fueron congeniados con el CITMA. También agregó que cada centro de salud tiene la posibilidad de ajustar el proceso a sus ca­pacidades, siempre y cuando reciban la aprobación de los organismos encargados de otorgar o retirar licencias operativas como el Centro de Seguridad Biológica (CSB).

El almacenamiento también ocurre dentro de las instituciones de salud. Las resoluciones de seguridad biológica establecen que cada centro debe tener ha­bilitado un local o espacios de vertederos donde los desechos permanezcan hasta su recogida.

Pero Lázaro Regalado Alfonso, del CSB, enfatizó que también está legislada la no permanencia de los restos en el hospital por más de 24 horas.

Lázaro Regalado, especialista del CSB, explicó las legislaciones existentes.

Además, esos espacios deben de ser higiénicos. Se recomienda pintar sus paredes de blanco y no deben ser azulejados para que los contaminantes no puedan acumularse en las grietas. Los desechos no deben es­tar mezclados entre sí y ser debidamente señalizados.

La fase siguiente es la de tratamiento. Según la doctora Junco Díaz, estos sistemas en nuestro país todavía son débiles, pues la mayoría de los hospitales no cuentan con las tecnologías más adecuadas.

La tecnología más generalizada es la de las auto­claves, que ayudan a la desactivación de los contami­nantes presentes en los remanentes mediante inyec­ciones de vapor. Existen otras, menos difundidas en Cuba como las de calor seco, la desinfección química, las microondas y las hidroclaves (que además de usar vapor realizan una molienda de los despojos).

La incineración es la práctica más expandida en nuestras instituciones de salud para la reducción de los desechos médicos peligrosos. Sin embargo, este es un método contraindicado en gran parte del mun­do, pues provoca la liberación de dioxinas y furanos a la atmósfera. Dichas sustancias luego son trasmitidas a los suelos, y a las verduras a través de la lluvia. Así llegan a los seres humanos.

Según la OMS, estos elementos pertenecen al grupo de los compuestos químicos contaminantes ambienta­les persistentes. Se encuentran en el medio ambiente de todo el mundo y se acumulan en la cadena alimentaria, principalmente en el tejido adiposo de los animales.

El Centro Internacional OMS de Investigaciones so­bre el Cáncer (CIIC), ha determinado que las citadas sustancias tienen una elevada toxicidad y provocan problemas de reproducción y desarrollo, afectan el sistema inmunitario, interfieren con hormonas y, de ese modo, pueden causar tumoraciones.

Junco Díaz explicó que al estar ubicados la mayoría de los hospitales en zonas urbanas, el humo de los in­cineradores contribuye a la propagación de enferme­dades respiratorias entre los vecinos. Además, las chi­meneas muchas veces no tienen la altura requerida.

Juventud Técnica investigó una de esas situacio­nes en torno a la chimenea del Hospital Hermanos Amejeiras.

Otra alternativa es que los desechos generados en instituciones de salud que no cuentan con las tecno­logías adecuadas sean trasladados a centros donde si las haya.

“Contamos con una estrategia en este sentido, para que la totalidad de las instituciones accedan a méto­dos para evaluar sus desechos. Por ejemplo, en siete hospitales fueron ubicados incineradores con tecno­logías más modernas y menos agresivas, aunque sa­bemos que ninguno de estos equipamientos es total­mente ecológico. Además, hemos proyectado insertar en nuestro sistema mecanismos más ´limpios´ como las hidroclaves”, señaló Bermúdez Pérez.

Por su parte, la doctora Raquel Junco criticó que “to­davía hay defensores de la incineración, aun cuando es prácticamente prohibida por el convenio de Estocol­mo, y Cuba no es parte signataria de este. Los equipos ´ecológicos´ no lo son tanto, pues sus temperaturas de quema están entre los cien y 300 grados, lo cual favo­rece la liberación de dioxinas, y estas afectan al medio ambiente a pesar de los filtros del aparato”.

Otro de los dilemas de los remanentes hospitalarios en la Isla es su sistema de traslado y recogida. Los de­sechos deben ser transportados en vehículos destina­dos especialmente para esas labores, pero en el país no existen autos especiales para el proceso.

“El MINSAP tiene contratos con la Empresa de Co­munales. Los residuos se colocan dentro de varias bolsas y son recogidos por esa entidad de manera diferenciada en cada institución. De ahí son llevados a los vertederos, donde se colocan en una trinchera y son enterrados”, describió la doctora Bermúdez Pérez.

Esos carros de limpieza y recogida de basura pasan por las instituciones de salud en correspondencia con sus propios recorridos urbanos. Es decir, los residuos hospitalarios terminan en contacto con los desechos domésticos.

Además, los camiones concluyen sus rutas alrededor de los vecindarios habitados con esa carga viablemen­te dañina en sus camas, lo cual, sin duda, puede ser causa potencial de la propagación de determinadas enfermedades. Sin contar a aquellas personas que hur­gan hasta en los grandes vertederos.

Los altos costos de los equipamientos, la conver­gencia de un variado número de instituciones respon­sables por el adecuado funcionamiento del proceso y el irregular rigor en la preparación de los trabajadores que manipulan los residuos deben ser priorizados para el análisis. A pesar de las normativas y reglamentos para asegurar el manejo y tratamiento de los desechos médicos peligrosos, todavía es necesario ser más inci­sivos con el problema.

Otro punto de cuidado deben ser las personas que interactúan con los desechos hospitalarios. ¿Quiénes son los encargados de segregar? ¿Cuáles son las me­didas de protección necesarias? ¿Cómo se capacita al personal encargado de velar por los remanentes? Ju­ventud Técnica buscará las respuestas a esas interro­gantes en su próximo número.

Ciclo de manejo de los dese­chos de instituciones de salud
El manejo de los desechos médicos comienza con la segregación entre los comunes y los peligrosos. Los primeros reciben el mismo tratamiento que los domésticos, mientras los peligrosos deben ser divi­didos a su vez en diferentes categorías.

La doctora Raquel Junco insiste en que existe un paso en esta primera etapa, muchas veces olvidado, y es la previa determinación de aquellos objetos re­ciclables.

“Es aquello que puede volver a la industria, como el vidrio roto, los plásticos, el cartón, el papel, los metales, maderas y demás. Hay una gran cantidad de materiales que, si no son mezclados con los pe­ligrosos, si se separan con antelación, pueden ser reutilizados”, puntualizó la experta.

En un segundo momento, se procede al alma­cenamiento de los residuos. Durante la fase inicial debe ocurrir el embalaje de los desechos peligrosos. Los estudiosos del INHEM insisten en este punto, pues si se diferencian desde el propio instante en que se generan, es más fácil evitar la contaminación.

“Si los desechos comunes se mezclan con los peli­grosos y no pueden separarse, los dos van a los ver­tederos. Entonces aparecen los llamados ´buzos´ que buscan en la basura para llevar objetos de re-uso a materias primas, y quedamos expuestos a enferme­dades”, enfatizó Junco.

En el embalaje deben ser utilizadas bolsas plásti­cas de variada porosidad y resistencia, de acuerdo con el tipo de detrito que vaya a almacenarse. Todas deben estar señalizadas. Algunas tienen el símbolo de riesgo biológico, pero lo más común es que se identifiquen por colores como el rojo.

La doctora Bermúdez Pérez explicó que para cada clasificación hay una bolsa determinada. De ellas, una cantidad es fabricada en el país y otras son importadas. Las bolsas negras deben emplearse para desechos comunes; las rojas para los biológicos peligrosos, que también tienen su simbología; y las blancas para los reciclables o reusables.

El MINSAP debe estudiar los requerimientos de las instalaciones médicas y solicitar la compra, pero la obtención de esos equipamientos requiere de gran­des inversiones. Bermúdez Pérez ejemplificó que la estrategia de adquisición de solo siete hospitales de la capital asciende a más de 300 mil CUC.
La costosa obtención de los insumos provoca la búsqueda de envases alternativos para los residuos. Los pomos o ´pepinos/balitas´ de refresco y agua pa­recen ser comunes en algunos centros hospitalarios.

¿Quién vela por la basura?
En Cuba, los desechos médicos pe
ligrosos son supervisados principalmente por dos entidades estatales: el CITMA y MINSAP. El primero de ellos se ocupa de trazar, ejecutar y controlar los regla­mentos en torno a remanentes de carácter perni­cioso para el medio ambiente y la salud humana. Para ello se vale, en gran medida de sus depen­dencias territoriales.

Por otra parte, la Resolución ministerial núme­ro 136 del año 2009 también establece que el Centro de Inspección y Control Ambiental (CICA)  principal supervisor de los desechos químicos y el Centro de Seguridad Biológica (CSB) son los en­cargados del cumplimiento del Reglamento para el manejo integral de desechos peligrosos.

El doctor Lázaro Regalado Alfonso, especialis­ta del Departamento de Autorizaciones del CSB advirtió que su entidad también controla el Re­glamento del proceso de evaluación de impac­to ambiental, en virtud de la Resolución 132 de 2009. De los resultados de las requisas se acuerda el otorgamiento o no de la Licencia Ambiental.

“No hacemos una inspección solo para los de­sechos biológicos, sino para toda la instalación en la cual estos se generan. Se coordina un dictamen vinculante para otorgar o negar la licencia junto con el CICA. Nuestro papel es el de reguladores y controladores. Al MINSAP le corresponde ejecu­tar esas normas y tener sus propios programas y procedimientos según las tecnologías a su dispo­sición”, explicó Regalado Alfonso.

El MINSAP, amparado en la Ley 41 y el Decreto 139, establece que entre sus atribuciones se en­cuentra “(…) el ejercicio de la Inspección Sanita­ria Estatal para preservar la salud humana, exigir el cumplimiento de las disposiciones sanitarias que regulen el control sanitario de los desechos sólidos”. Esto se concretiza además en la Norma Cubana 530 de 2009.

La doctora Regla Bermúdez Pérez, del MINSAP, comentó a Juventud Técnica que el programa para el manejo de residuos sólidos en institucio­nes de salud cubanas data del año 2001 y en él se refleja la caracterización de los remanentes y las prácticas más adecuadas de manejo.

El no cumplimiento de las medidas estipuladas por el CSB para el adecuado manejo de los de­sechos médicos, puede implicar multas de hasta cinco mil pesos.

Juventud Técnica investigó una de esas situaciones en torno a la chimenea del Hospital Hermanos Amejeiras.


 

 

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