Newton, un alquimista pecador temeroso de Dios

Autor: 

Ernesto Guerra
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05 Enero 2019
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Crédito de fotografía: 

Isaac Newton. Fuente: Pinterest.com

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A la edad de 19 años, Isaac Newton se autoinculpó de varios pecados, entre ellos el de querer incendiar a su madre y padrastro vivos.

Aunque podría parecer una locura, el joven científico tuvo una vida difícil, incluso antes de nacer. El padre biológico de Newton falleció tres meses antes de que la madre lo diera a luz, un año después de contraer matrimonio.

Tres años más tarde, el pequeño Isaac quedaría a su suerte, pues su mamá, Hannah Ayscough, decidió rehacer su vida con un reverendo que se la llevó a otra ciudad.

La crianza del niño quedó en manos de la abuela materna, un hecho que marcó para siempre el carácter del científico, muy sensible ante las situaciones de abandono. Aunque luego su madre regresó cuando él contaba con 12 años siendo heredera de la jugosa fortuna del reverendo. Newton ahora tenía en casa tres hermanastros.

La lista de pecados no queda ahí. Muchos están relacionados con faltar el respeto a los dogmas religiosos, entre los que se incluyen tomar el nombre de Dios en vano — el primero de la lista — , comerse una manzana en Su casa, o hacer una ratonera en Su día. Esta última revela cierta inclinación por las ciencias y los inventos, una pasión que se avivó sobre todo a partir de los 12 años, cuando un farmacéutico lo acogió en su casa y aprendió muchísimo de mecánica.

En esa época, según los testimonios, llevó a cabo la realización de artilugios como un reloj de agua y cometas, a los que ataba linternas.

Otros de la lista de pecados de Newton revelan un hombre con un interior violento, que supo controlar de manera que no salieran a flote sus frustraciones. A lo largo de su vida, le acompañaron la violencia irracional ante las críticas y una obsesiva ansiedad en torno a sus teorías.

Al regreso de su madre, Newton fue relegado a trabajos en el campo en los que no lograba concentrarse. Salía al terreno y en lugar de terminar lo que empezaba, se detenía a descansar bajo un árbol con un libro. Por suerte, el error de hacerlo granjero se corrigió cuando fue enviado a la escuela de gramática, en la que se preparó para la universidad.

Antes de abandonarla, tenía amplios conocimientos de latín, no así de matemáticas o ciencias.

La revolución en Newton

En el Trinity College, Newton heredó lo mejor de las corrientes y teorías científicas que habían aparecido, dispersas, hasta el momento. Tenía ante sí el heliocentrismo de Copérnico y Kepler; las bases del mecanismo que hace posible la inercia, en los planteamientos de Galileo; y la búsqueda del conocimiento en la filósofía de Descartes.

Con esa formación, su curiosidad inquieta y el hecho de que la Universidad tuviera que cerrar sus puertas por la plaga, Newton describió en un ensayo lo que más tarde se consolidaría en Óptica o Un tratado sobre reflexión, refracción, inflexión de la luz, y también dos tratados de las especies y magnitudes de las figuras curvilíneas. Pero los aportesde Newton no se detuvieron en la óptica; entre ellos están las leyes del movimiento, y la que quizás sea su contribución más importante a las ciencias: la Ley de Gravedad.

Mas, no son estos descubrimientos lo que traemos como novedoso de Newton a la vuelta de 370 años de su nacimiento, sino cómo la religión, el esoterimo y la alquimia lo sedujeron profundamente.

El alquimista y teólogo

Actualmente, todos los trabajos alquímicos de Isaac Newton están disponibles de manera digital. Eso nos revela una arista poco explorada por los libros de ciencia que se estudian en la escuela y que nos deja entrever que, a pesar de sus luces, el científico no pudo escapar a su tiempo.

Isaac dedicó parte de sus años más productivos al estudio alquímico, no solo como el poder de convertir un material en otro, sino encontrar qué fuerzas movían el universo, de una manera más etérea.

Gracias a Newton, contamos hoy con una de las compilaciones más completas sobre procedimientos alquímicos, además de que él mismo se dedicó a dejar registrados todos sus experimentos. Por si fuera poco, más de un millón de palabras fueron traducidas por el científico, en aras de tener más información disponible sobre el tema.

Parte de sus conclusiones tenían la forma de acertijos, pues era un hombre muy celoso de la propiedad intelectual. Unos de sus pasajes más misteriosos se referían a que había hecho «volar a Júpiter en las alas del águila», probablemente referido al estaño y su evaporación.

Sin embargo, sus trabajos alquímicos, que sugirieron de alguna manera la existencia del mundo subatómico que se demostrara más tarde, también repercutieron en su salud. Isaac Newton sufrió de paranoia, hipocondria y depresión a causa de sus experimentos con mercurio.

Otra faceta fue la de teólogo. Existen evidencias de que le envió a John Locke algunos documentos en los que intentaba demostrar la falsedad de la Santísima Trinidad planteada por la Biblia, a partir de fragmentos de las Sagradas Escrituras que analizó durante años.

A más de 300 años del natalicio de Newton, ocurrido el 4 de enero de 1643 según el calendario gregoriano, aún queda humanizar más al genio. Un hombre que sufría, buscaba la piedra filosofal y amaba tanto a Dios que intentó estudiarlo porque fue la ciencia lo mejor que nos legó.

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