Entre olas e incendios: el futuro de la pandemia

Autor: 

Emilio L Herrera Villa
|
17 Septiembre 2020
| |
0 Comentarios

Crédito de fotografía: 

tomada de www.emol.com

Me gusta: 

Para el 30 de abril el Center for Infectious Disease Research and Policy (CIDRAP) de la Universidad de Minnesota junto al departamento de Epidemiología de la Harvard TH Chan School of Public Health mostraban al mundo el futuro recorrido de la pandemia para el presente año.

Michael Osterholm, director de CIDRAP, explicaba que su equipo investigativo llegaba a la conclusión de que la COVID-19 tendría una evolución más parecida a las enfermedades gripales que a los propios coronavirus registrados en los últimos tiempos.

En aquel momento se pronosticó tres escenarios posibles divididos en “olas” de contagios. El más probable de todos se centraba en una oleada en primavera que daría paso a otra mayor en otoño/invierno para luego decaer durante el 2021. Esta predicción era equivalente a la descrita entre 1918–1919 durante la gripe española así como a las pandemias de 1857–1958 (gripe asiática) y 2009–2010 (gripe A (H1N1)).

Sin embargo, durante este verano la comunidad científica se convenció que el patrón definido meses atrás no seguiría el rumbo previsto, exponiendo cuán incierto y variable puede ser el futuro de esta pandemia.

“Ahora vemos que no hay olas”, declaró Osterholm. “En abril, todavía estábamos analizando si se trataba de una pandemia en la que veríamos verdaderas olas, donde se ve un gran aumento en los casos y luego una depresión y luego una segunda ola más grande por razones que no tienen que ver con el comportamiento humano; esto es lo que sucedió históricamente con otras pandemias (como la gripe)”.

Lo que ayer fue “olas” hoy se ilustra mejor como un “incendio a largo plazo”, según palabras del propio Osterholm. “No hay evidencia de que vaya a haber una disminución en los casos, un mínimo. Simplemente seguirá ardiendo, como un incendio forestal en busca de madera humana para quemar”.

Mutación y predicciones de la pandemia

Siguiendo esta línea ardiente, la humanidad necesita controlar y extinguir el fuego (los brotes), allí donde surjan, antes que las brasas se tornen indetenibles y devoren todo a su paso. Ante las incertidumbres y variabilidades, científicos y epidemiólogos trabajan sin respiro contra un virus y una situación global sin precedentes.

El escenario actual difiere a marzo, abril o mayo. “Vimos enfermos graves, las UCI (Unidades de Cuidados Intensivos) estaban llenas y las residencias hechas un desastre. Ahora estamos viendo la ‘versión original’ de la epidemia: casos leves, menos graves y en jóvenes,” afirmó Antoni Trilla, jefe de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de España.

El SARS-CoV-2 abarca una gran cantidad de personas asintomáticas: entre el 40 y el 45 por ciento de los contagiados de hoy a nivel mundial, afectando a una población mucho más joven que en los inicios de la pandemia. Al parecer el virus se está transformando dentro de los infectados lo que hace que pocos expertos aparten sus ojos de los microscopios y placas de Petri.

En los laboratorios del Genome Technology Center de la Universidad de Nueva York el doctor Neville Sanjana concluyó que la reciente mutación adquirida por el virus es más transmisible que el virus original de Wuhan. Según sus análisis esta nueva evolución impera por todo el mundo, incluida en China.

Aunque esto no quiere decir que sea más letal, (parece ser todo lo contrario) ya que la tasa de mortalidad en la mayoría de países ha disminuido con el tiempo. En España, junto a Italia una de las naciones más golpeadas, la letalidad osciló en los primeros meses de pandemia entre el 10 y 12 por ciento, ahora este índice se encuentra por debajo del uno por ciento.

Por otro lado, Sanjana aseguró que pese al aumento de infestados esta mutación es igual de sensible a los anticuerpos, lo que augura esperanza cuando esté lista la vacuna contra la COVID-19.

Las cifras de contagios crecen con los días lo cual prevé una gran ola, término que mantienen algunos expertos, o un tremendo incendio, según otros. Lo cierto es que, a partir de otoño e invierno, cuando el clima se torne más frío y las personas permanezcan en lugares cerrados, deben aumentar los números de infestados. En Estados Unidos, país que cuenta hasta la fecha con más de 190 mil fallecidos, el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington proyecta que los decesos crecerían exponencialmente hasta diciembre con un máximo de dos mil 800 muertes diarias.

Lo que se avecina en otoño, aún sin vacuna y con una gran cantidad de estadounidenses sin inmunidad y negándose a protegerse, preocupa a los expertos, pues todavía se desconoce como pudiera comportarse el virus a futuro.

“Es muy difícil hacer una predicción”, aseguró Caitlin Rivers, experta de enfermedades del Centro para la Seguridad de la Salud de la Universidad Johns Hopkins. “No sabemos el grado en que este virus es estacional, ni siquiera si lo es”.

Rachel Baker, investigadora del Instituto Ambiental de Princeton, como la gran mayoría de expertos no cree el SARS-CoV-2 mantenga el comportamiento de un virus respiratorio como la gripe, aunque, no descarta que a largo plazo lo haga. “Es posible que el coronavirus se asiente en ese patrón estacional clásico con un pico en los meses de invierno (después que se desarrolle y se distribuya la vacuna)”.

Existen muchas incógnitas alrededor de la COVID-19, principalmente porque no se logra un consenso científico debido a lo novedoso de la enfermedad. Sobre los posibles escenarios las suposiciones seguirán sucediéndose junto a quienes las estudian.

“Según la teoría, con el tiempo el virus comienza a adaptarse a la población humana (…) de ahí que se estime que la segunda ola de COVID-19 será más masiva, pero disminuirán los casos graves”, señaló el virólogo y catedrático ruso Anatoli Altstein, quien prevé la llamada “inmunidad de rebaño” para el 2021, cuando las vacunas sean aplicadas en masa.

Pero, permitir ciertas libertades al virus hasta lograr una inmunidad colectiva, como en un inicio lo concibió Reino Unido, presenta un alto costo en enfermos y fallecidos. Además de las pocas garantías de cuánto tiempo duraría esta protección dentro del organismo, pues desconocemos si las personas volverían a infectarse en los siguientes meses o años.

Al respecto, Devi Sridhar, Directora de Salud Pública Global de la Universidad de Edimburgo, explicó que bajo las circunstancias actuales resulta poco probable que muchas personas alcancen esa inmunidad. “Las primeras pruebas serológicas estimaron que a finales de mayo sólo el 17% de los londinenses y el 5% de la población del Reino Unido habían estado expuestos al virus. Esto significa que todavía hay un gran porcentaje de la población que no ha podido desarrollar anticuerpos, un panorama que se corresponde con los estudios de serología de Francia, España y Suecia, que han obtenido resultados similares”.

Ante semejante panorama desconocido, donde ni siquiera sabemos las secuelas que dejaría a largo plazo la COVID-19 en la salud, solo queda controlar las venideras “olas” o “incendios” hasta que concluya con éxito algún prototipo vacunal y logre salvar la situación. Luego habrá que conseguir que se distribuya con equidad y justicia entre todas las naciones de este planeta. Otro pasaje de poca visibilidad.

0 Comentarios

Añadir nuevo comentario