Orden no procesada

Autor: 

Abel Guada Azze
|
23 Junio 2015
| |
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Crédito de fotografía: 

Ilustraciones: Yury Díaz Caballero

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El general J había logrado guarecerse en su casa antes de que los hombres y las maquinas estallaran en plena guerra. En ese momento poco le importaron sus medallas y los discursos de la Unidad de Control de Autómatas. Solo esperaba de forma egoísta la victoria de los hombres, pero sus principios le impedían salir a machacar maquinas por simples huelgas de equidad social. Los propios hijos del general se lanzaron con fusiles de protones a inflar las filas de represión, dejándolo solitario con los restos de su asistente R-315 desparramados por el vestíbulo. J pasó las barras de seguridad al portón de entrada y tomó el kit de reparación doméstica. Necesitaba un temporizador y algún núcleo de memoria. Por suerte los necios de sus hijos solo le arrebataron lo imprescindible para dejar disfuncional a R-315, todavía podía recomponerse, aunque resultara una máquina precaria en comparación con su antigua virtud. Listo, algún que otro acople y de vuelta la compañía artificial.

  • R-315 reportando reparación exitosa. Por favor, ¿qué menú desea para la cena? –fueron los primeros tonos metálicos del robot.
  • Posiblemente no haya cena, R, afuera se cae el mundo – dijo J.
  • ¿Qué desea entonces, general? – reverberó R-315.
  • Deseo que me trates más informal, R, siempre has sido demasiado frío.
  • No logro relacionar conducta social con temperatura, por favor, sea más específico.

Por primera vez J logró acongojarse con las respuestas austeras de R-315. Casi hubiera preferido que el robot fuera uno de estos modelos modernos que imitaban tan bien la elocuencia humana. Pero en ese caso seguro R-315 estaría afuera, contendiendo junto a sus hermanos autómatas, en lugar de esperar órdenes y mostrarse tan complaciente como de costumbre.

  • Perdón, R, perdón. Deseo que te sientes junto a mí, y veamos juntos el canal de noticias. ¿Te parece bien?

La butaca se hundió con los cuerpos de carne y metal. J presionó un botón y aparecieron los hologramas del canal 17: el canal de noticias. Afuera todo era sangre y circuitos apelmazados en iguales proporciones; los edificios convertidos en cuarteles; las calles saturadas de trincheras; los hombres con odio y los autómatas con aparente estoicidad. La Unidad de Control de Autómatas invitaba a los hombres a unir fuerzas con gritos de megáfono. Los robots se reparaban en plena guerra y construían nuevos contendientes con las piezas rescatadas. J miró a R-315. Estaba a su lado, con los leds de visión fijos en los hologramas, ecuánime como siempre fue.

  • ¿Por qué no estás allá fuera, R? ¿Cómo puedes estar tan tranquilo sabiendo que los tuyos hacen una guerra? –interrumpió J.
  • La guerra es ilógica, general. Mis semejantes con procesadores modernos no son capaces de pensarlo. Ustedes, los humanos, sacrificaron su lógica para dotarlos de emoción – rezongó R-315.
  • Pregúntame lo mismo, R, por favor –pidió J.
  • ¿Por qué no está allá fuera, general? ¿Cómo puede estar tan tranquilo sabiendo que los suyos hacen una guerra?
  • Verás, en realidad simpatizo más con los robots que con los propios hombres, nosotros somos los culpables de que ustedes nos maten ahora en nombre de la libertad –dijo J–. Pregúntame si soy un traidor, después de todo pertenezco a la UCA
  • ¿No es eso traición, general? Usted pertenece a la UCA.
  • Me importa un comino, R. Traición o no, voy a seguir aquí viendo las noticias por mi holovisor. Si los hombres ganan lo más probable es que me sancionen y a ti te desarmen. Si lo hacen las maquinas tal vez te instalen mejoras modernas de raciocinio y a mí me desmiembre como si fueran bestias. ¿No tienes miedo, R, de ser desarmado?
  • Lo siento, el miedo no está incorporado a mis circuitos – aclaró R-315.

J se levantó y prendió un cigarrillo. Seguía mirando las imágenes del canal 17. La reyerta se propagaba a un paso alarmante y ya estaban cerca. Él si temía a la muerte, aunque se mostrara tan calmado como R-315. Lo peor de imaginar morir eran las ucronías, pensó, y se entretuvo en recrear algunas mientras calaba el humo y miraba a R-315:

Los autómatas ganan la guerra, revientan el portón de la entrada y se cuelan con un alboroto triunfal. Saben de sobra que yo soy de la UCA y eso exaspera su odio a un límite tal que si fuesen humanos pudieran morirse de hipertensión. Entonces me sujetan con esas manazas ridículamente fuertes que nosotros mismos le implantamos, me sacuden y quiebran mis partes sin ningún esfuerzo. Yo no los culpo, pero tampoco me agrada mi sangre en sus corazas

y me inquieta un futuro regido por autómatas.   

Los hombres logran subyugar a las maquinas, revientan el portón de la entrada y se cuelan con un alboroto triunfal. Saben de sobra que soy de la UCA y eso exaspera su odio a un límite tal que pudieran morirse de hipertensión. Me hinco en el piso y espero el arresto. Unos cuantos me escupen y me llaman traidor. Otros se deleitan machacando a R de la forma más morbosa que pudieron idear. Cumplo mi condena de cinco años y quedo libre con aires de misantropía renovados.R-315 analizaba las noticias diligentemente. Según sus cálculos las oleadas llegarían a casa en menos de media hora, pero le resultaba imposible definir de forma confiable quienes serían los primeros en derribar el portón. En cualquier caso contaba con una cola de acciones ordenadas prioritariamente.

  1. ORDEN: Ver las noticias hasta la llegada de las tropas.
  2. ACCION VOLUNTARIA: Garantizar la seguridad del general.
  3. ACCION VOLUNTARIA: Garantizar la seguridad de R-315.

Afuera se escuchaba la batalla recrudecida, cada vez menos lejos. Gritos. Silbidos de láseres. Una explosión. Todo quedó entonces desalumbrado dentro de la casa, algún sabotaje al flujo eléctrico o simple daño colateral. J tanteó hasta la butaca y volvió a tirarse. Podía ser muerto o arrestado en menos de treinta minutos.

  • Ya están aquí, R, ¿no los oyes?
  • Si, perfectamente.
  • Te ordeno que no pongas resistencia, R, simplemente te quedas ahí sentado y esperas que todo pase, como yo.
  • Lo siento general, fui programado para garantizar su seguridad en primer término.
  • Qué terco eres, R. ¿Crees que puedes hacer algo contra los humanos o los autómatas?
  • La situación es desfavorable, lo sé.
  • R, explícame porqué tengo miedo.
  • Lo siento, general, no comprendo las emociones.
  • Escucha, afuera: son tus hermanos muriendo, los míos también.
  • Parece que llegaron antes de lo previsto. General, traiga el rifle de protones.
  • No.
  • ¡Active las defensas! ¡Corra al sótano, general!
  • Error, orden no procesada.
  • No es un juego, general, podrían matarlo.
  • A ti también, R, no subestimes a los humanos.
  • Mire, hay gente moviéndose afuera.
  • Quedémonos, R, juguemos a cara o cruz.
  • ¡El portón, general, el portón!

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