Un país que no innove, involuciona

Autor: 

Magda Iris Chirolde López
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10 Octubre 2018
| |
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Crédito de fotografía: 

Cortesía del entrevistado

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Varios fueron los intentos de conciliar la entrevista. Guillermo Andrés es un joven atareado y con responsabilidades que le demandan mucho tiempo, además de que es evidente que disfruta ese andar frenético entre coloquios y talleres académicos. Al fin pactamos el encuentro para un receso de las sesiones del evento Cubaindustria 2018, que transcurrió en junio en el Palacio de Convenciones. La idea original es que fuera un diálogo medianamente breve, pero se extendió por dos horas.

Sentado cómodamente y bebiendo una taza de café, el joven asociado a la Academia de Ciencias de Cuba (ACC), recién electo para el período 2018- 2021, confió a Juventud Técnica pasajes de su vida profesional, de dónde nace el interés por la investigación y sus opiniones acerca del estado de la ciencia en el archipiélago cubano.

“Siempre quise ser economista. Eso determinó que cuando concluí la secundaria básica, en vez de ir al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas opté por el Instituto Politécnico de Economía, porque quería estudiar desde la base, un poco influido por gustos personales y por mi abuela que fue contadora pública y había trabajado con el Che”.

Todavía recuerda a la jefa de la carrera de la Universidad de Matanzas dándole la bienvenida en el 2005, para seguidamente explicar que “la licenciatura a nivel de país estaba estructurada en dos grandes ramas: con un perfil de ciencia empresarial y otro de economía global. En Matanzas se daba el primero; el segundo, solo en La Habana. “Fue un momento complicado para mí, pues quería realizar análisis más macroeconómicos, no ser economista de empresas. Finalmente cursé allí la carrera, pero con esa insatisfacción”.

Ser arriesgado es una cualidad que lo caracteriza desde su temprana juventud. En cuarto año de la universidad participó por primera vez en un evento de economistas sobre globalización y problemas de desarrollo. Allí conoció al doctor Osvaldo Martínez, director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM) en aquella época y logró que él fuese su tutor de la tesis de licenciatura.

“Me levantaba temprano para venir a La Habana y como a las dos de la tarde me recibía y conversábamos un par de horas. Al final, fue un buen resultado, tanto que él me pidió incorporarme al CIEM como investigador. Ese año, en vez de solicitar un graduado de la Universidad de La Habana (UH), lo hizo de Matanzas”.

Las primeras incursiones de Guillermo como adiestrado apuntaron al seguimiento de las economías de América Central, el Comercio Internacional de los Servicios, entre ellos el turismo internacional, transporte y una gran bolsa llamada Otros Servicios Comerciales.

“Un año y medio después tuve la misión de atender las ciencias, tecnologías e innovación en la perspectiva de la economía mundial. La idea me entusiasmó; era un contexto muy interesante pues debido a la reorganización institucional que se hizo en el país, el CIEM comenzó a formar parte del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

La vida de Guillermo es agitada. Además de profesor adjunto de Economía Internacional de la Universidad de la Habana y consultor del CITMA, lo es también de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).

“Ser investigador resulta una profesión difícil de encapsular porque pertenece esencialmente a la industria del conocimiento. Debes ser versátil, adaptarte a las circunstancias y responder a las necesidades de la sociedad en la cual te insertas”.

La inteligencia y tenacidad le permitieron a Guillermo dar opiniones rigurosas sobre el estado de la ciencia en el país y lo condujeron a participar en varios proyectos de investigación claves para Cuba en el contexto de la actualización del modelo económico. Uno de ellos, IndCuba, apunta al fortalecimiento institucional del Ministerio de Industrias para el análisis y establecimiento de la Estrategia Industrial para Cuba. “Es un proyecto estimulante. Uno puede aquilatar el valor que tiene con vista al desarrollo de una política para la promoción de la industria cubana, con la mirada puesta al cumplimiento del plan como nación para el 2030”.

Y hablando de ciencia…

“El diseño de la política puede ser muy bueno y luego te enfrentas a limitaciones propias de la estructura económica y del contexto, las cuales hacen difícil concretar, digamos, un resultado para la ciencia. “Uno no puede pensar la ciencia en Cuba sin hablar del bloqueo económico de Estados Unidos, porque  la primera economía mundial te obstaculiza el acceso a su infraestructura, a sus capacidades científicas y tecnológicas.

“Cuba está insertada en una región que por sí misma no es muy dinámica ni ofreciendo ni demandando conocimiento, donde no existen muchas actividades productivas basadas en este, y eso, por supuesto, resulta una limitante a la hora de plantear relaciones externas sustentadas en la ciencia, tecnología e innovación. “Si partimos de esos elementos y agregamos la difícil coyuntura de la economía cubana después del derrumbe soviético, te ofrece un escenario: la propia macroeconomía en la cual se desenvuelve el sistema nacional de innovación no estimula el desarrollo del conocimiento de las ciencias, la tecnología y la innovación. ¿Cómo se compensa eso? A partir de las políticas de ciencia, tecnología e innovación y de la visión de país con la decisión de estimular el sector”.

Junto a Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe(CEPAL) y Gabriel Porcile, funcionario de la CEPAL, en mayo de 2018. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Desde su perspectiva, el financiamiento a la ciencia y la tecnología ha ido creciendo sistemáticamente en los últimos años, lo cual refleja la voluntad del Estado cubano de sostener el sector productor de conocimientos en las diferentes ramas.

Sin embargo, “se muestra la escasez de divisa para la operación. Por mucho nivel de financiamiento en pesos cubanos (CUP) que pueda existir, si no hay un respaldo en ´moneda dura´, en capacidad de importación a través de certificados de liquidez en CUC, los esquemas de financiamiento quedan en buenas intenciones”.

No obstante, Guillermo revela la experiencia del Fondo Financiero de Ciencia e Innovación Tecnológica ´el FONCI´, que “está funcionando desde el 2014 o 2015 y se ha convertido en un instrumento versátil, operativo y funcional para apoyar proyectos básicamente de ciencias.

“El dilema de los recursos humanos es el más complejo, pues para el sector científico se ha postergado el incremento salarial durante mucho tiempo y eso ha afectado su desempeño. Las estadísticas muestran una pérdida paulatina de investigadores en los últimos años, como resultado de esa no reposición. Hay envejecimiento y si usted no logra llegar con una oferta atractiva de empleo para un joven, lo pierdes.

“Desde el diseño de la política se debe ser capaz de ofrecer ingresos más interesantes sobre la base de la productividad y calidad del trabajo. Tenemos que buscar instrumentos, quizás un sistema nacional de investigadores, que sirva de estímulo a  la productividad, a que los jóvenes ingresen y a la permanencia, porque la carrera de investigador no es de un día ni de uno o dos años, sino un proceso de formación extenso; si no se maneja bien, pierdes toda una inversión”.

La larga conversación le ha enronquecido la voz. Guillermo Andrés se excusa, pide una malta fría, calma la sed; se reanima también saludando a algunos participantes de Cuba industria que atraviesan el lobby del Hotel Palco. Y continúa. A pesar de las limitaciones, él cree que el sector científico cubano posee un mérito extraordinario; las estadísticas internacionales indican que los artículos científicos indexados en Scopus escritos por cubanos crecen.

“Según el último Estado de la Ciencia en la región, publicado por la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericanos/Interamericanos, las publicaciones de Cuba indexadas en el Science Citation Index pasaron de 835 en 2006 a 1032 en 2015, mientras que las indexadas en Scopus se incrementaron de 1785 a 2079 en esos mismos años.

“El aumento no es muy elevado y hay otros países de la región que crecen más, es cierto, pero demuestra que aún en medio de las dificultades Cuba es capaz de incrementar su producción científica de calidad, y no se puede restar el mérito que tiene eso.

“Donde sí tenemos una asignatura pendiente es con las patentes; la nación ha ido perdiendo espacios en este aspecto. Si el país decide avanzar en su estrategia de desarrollo, el hecho de tener ese conocimiento registrado, codificado o reconocido legalmente, es un activo con el que se juega en el comercio internacional.

“La experiencia del Polo Científico, integrado luego en BioCubafarma, es un referente obligado, y nos demuestra que a pesar del bloqueo, las limitaciones materiales y demás, es posible construir una agenda científica propia y utilizarla para el progreso del país”.

“Cuando la ciencia se convierte en un motor que consigue dinamizar la innovación o cuando la innovación logra que la ciencia sea una de sus fuentes principales, entonces es posible transitar por un terreno, el cual pudiéramos llamar un ciclo virtuoso del desarrollo, porque hay nuevos productos, servicios con un alto valor añadido, sustentados en el conocimiento y una vez que se realizan en el mercado o dentro de la propia economía contribuyen a movilizar las fuerzas internas del progreso y ahí  cierras ese ciclo a escala social.

“No podemos vivir de espaldas al mundo; un país que no innove y no use el conocimiento como elemento dinamizador de la economía, involuciona. Esa es la tendencia. Estamos al borde de la cuarta revolución industrial, donde el elemento más visible es la economía digital”.

La constancia, las extensas horas detrás de libros o de un escritorio en la búsqueda y análisis de información, permitieron poco a poco a Andrés Alpízar formular teorías sobre la ciencia, tecnología e innovación y aportar otros saberes a la economía cubana.

“Cuando analizas un sistema como ese uno se encuentra con una cierta limitante metodológica, y es que la innovación en sí misma es más difícil de medir que aspectos como la ciencia o los cambios tecnológicos, pues ocurre dentro de las empresas. Es más complicado que medir, por ejemplo, los gastos, la investigación y el desarrollo.

“Se estila dar seguimiento al nivel de gastos en este tema y al personal o sea, al potencial científico dedicado a las actividades de generación del conocimiento: la investigación básica aplicada al desarrollo experimental. “Estos son los dos insumos por excelencia y poseen varias combinaciones en las cuales los analizas desde la perspectiva de su relación con el producto interno bruto, con las tasas de crecimiento económico, la propia estructura y composición y cómo avanza y se mueven a lo largo del tiempo. “Luego tienes la posibilidad de hacer una evaluación de los resultados. En materia de desarrollo tecnológico el indicador más usado es el de patentes y en lo científico, las publicaciones de artículos”.

Desde la ACC

Aunque no carga una promesa, Guillermo Andrés es un hombre que siente que tiene como misión contribuir en materia de política científica y alcanzar que los jóvenes sean visibles dentro de la comunidad de investigadores y de la Academia de Ciencias. “Si analizas hoy la juventud en la ciencia la situación es desfavorable. El joven de cierta forma se viene insertando de manera desventajosa —y es un poco duro pero es la realidad— en un sistema establecido, que además se ha ido deteriorando en los últimos años y a los jóvenes como grupo les tocan las ´peores´ condiciones.

“Por ejemplo, adquieren salarios malos; estos de por sí ya son bajos y no alcanzan para satisfacer las necesidades básicas y más si son adiestrados. Después, arriban a una estructura donde se ubican en la base de la pirámide y hay algo que se llama el reglamento de categorías científicas, que tiene casi mi edad, donde se privilegia permanencia y no las capacidades desarrolladas y el talento de las personas.

Esto está propuesto a cambios, aún sin efectuarse”. Guillermo Andrés desde la ACC quiere buscar las vías de contribuir a erradicar la problemática. “Existe la tarea de establecer un diálogo importante, de visibilizar los temas. ¿Cómo? Participando, proponiendo y ocupando los espacios que están ahí y que, por una razón u otra, no están siendo aprovechados”.

En sus marcas…

En agosto del año 2014 Guillermo Andrés se acomodó en la línea de arrancada hacia una nueva meta: la posibilidad de realizar en México una maestría en Economía, gestión y políticas de innovación. “Tener la experiencia de vida de un país latinoamericano y formarse en una maestría consolidada con muy buenos resultados fue una oportunidad. Mi postgrado culminó favorablemente y me inserté en un proyecto de investigación básica con la doctora Gabriela Dutrenit, hoy coordinadora de esa maestría.

“Yo hago mi investigación sobre el vínculo universidad- empresa en Cuba. Es una introducción a las bases de un modelo para analizar la transferencia del conocimiento entre las universidades y las empresas, con los aciertos y limitaciones existentes, mas sirvió para mapear el contexto y sistematizar un conjunto de ideas acerca de esa temática, con el apoyo de la Universidad de La Habana.

“De ahí se deriva el capítulo de un libro publicado precisamente para analizar los ejemplos de vinculación universidad-empresa de Cuba, México y Costa Rica. El principal componente son experiencias nacionales como la del Centro de Investigaciones y Pruebas Electroenergéticas (CIPEL) y el de la UH con la zeolita”.

El tiempo para la entrevista se ha ido de prisa. Queríamos continuar, pero ya le llaman. Antes de irse hace un alto y me asegura que son muchas las veredas que le faltan por andar y los obstáculos por afrontar.

Definitivamente, nuestra conversación no ha terminado. Intuyo que nos volveremos a encontrar.

Guillermo en la Sede de las Naciones Unidas en Viena, Austria. (Foto: Cortesía del entrevistado)

 

 

 

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