La paradoja de un hospital

Autor: 

Rachell Cowan Canino, estudiante de Periodismo
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19 Marzo 2014
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Las emanaciones de humo negro y las constantes enfermedades respiratorias de los residentes cercanos al Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras han sido durante muchos años una fuente de preocupación y descontento, tanto en la población como en administrativos del municipio de Centro Habana.

Para Julio Almanza Rodríguez, residente de la calle Virtudes # 825, la situación hace un tiempo era gravísima: “Desde el punto de vista de la salud te afectaba. Además, la casa completa se ensuciaba; si tendías ropa se ponía negra por el hollín. Afortunadamente, hubo una inversión por parte del hospital que en gran medida ha resuelto el problema, pero nunca al cien por ciento”.

La Máster en Ciencias Marisol Romeu Hernández, una de las especialistas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) en Centro Habana recuerda que desde su llegada al puesto en 2003 ha tenido que atender ese tema en varias ocasiones: “De un tiempo para acá han disminuido notablemente las inconformidades. Claro, las quejas son algo circunstancial: dependen de la velocidad del viento y la calidad del combustible”.

Los daños a la calidad de vida de la población resultan notables después de años de contaminación, que datan de la inauguración del hospital, el 3 de diciembre de 1982. Así lo creen los vecinos que viven a solo 30 metros de la mencionada chimenea.

“Mi cuñada y mi sobrina nada más entran aquí y comienzan a estornudar”, dice Dora Flores Reyes, residente de Virtudes # 834 apto 2. “En la casa todos padecemos de alergias, desde los más pequeños hasta los más viejos y tenemos tratamiento desde hace varios años”.

“De vez en cuando, el humo es más fuerte y provoca que me ardan mucho los ojos”, comenta René Cárdenas Ordoñez, en el edifico de Virtudes # 834 apto 1, quien como algunos otros vecinos considera  que la institución médica no debería permitir la emanación de humo en un municipio tan densamente poblado.

Al respecto, el Jefe del Departamento de Explotación del hospital, Abel Domínguez Martínez, comenta: “Ningún hospital puede funcionar sin calderas. Estos generadores de vapor se utilizan para esterilizar toda la instrumentación quirúrgica, de laboratorio y la ropa para el salón de operaciones; además, para lavar y cocinar. Actualmente, las calderas trabajan 12 horas diarias de 4 de la mañana a 4 de la tarde,  en dependencia de la solicitud de vapor de los diferentes servicios hospitalarios”.

Los delegados de las circunscripciones cercanas al hospital son los encargados de presentar las quejas de los vecinos en la Comisión Municipal de Medio Ambiente con sede en el Gobierno de Centro Habana, para luego informar sobre las posibles soluciones.

Según Marisol Romeu, se le ha dado tratamiento por parte del CITMA al gestionar y encaminar las inquietudes hacia el Ministerio de Salud  Pública (MINSAP). La solución está en manos de ese ministerio, pues ellos son quienes garantizan el financiamiento para las inversiones de los hospitales.

En la conversación con Romeu Hernández, la especialista respondió a varias preguntas que esclarecen la problemática de contaminación atmosférica desde el hospital.

¿La emisión de los gases de la chimenea es mayor que la regulada por la Norma Cubana (39/99) de calidad del aire para considerarla contaminante?

MR: “Eso no tiene un estudio realizado. Para ello Salud Pública tendría que contratar los servicios de una entidad acreditada para cuantificar la concentración de CO2 y otros gases. Lo que aparece a la vista es el humo más o menos claro, el hollín del que se quejan los vecinos.”

¿La chimenea del hospital Hermanos Ameijeiras podría considerarse como la principal fuente contaminante de Centro Habana?

MR: “De esa área sí, del consejo Cayo Hueso. Los estudios avalan que la principal fuente de contaminación de Centro Habana son los autos, debido a las arterias importantes que la rodean y a la cantidad de vehículos que transitan por ellas sin las condiciones técnicas mínimas requeridas.

“Aquí se incrementa mucho más el efecto que pueden tener los gases por la confluencia de calles como San Lázaro, Malecón e Infanta. A eso le sumas que la dirección del viento por las características del litoral hace que todos los gases emigren hacia el interior de la ciudad.”

Mercedes Martínez, vecina de Virtudes # 834 apto 4 tiene otra perspectiva de la causa contaminante: “Allí (en el Ameijeiras) hay un incinerador que provoca las enfermedades de los vecinos, y la chimenea es parte de él”.

Sobre esta creencia, el Jefe del Departamento de Explotación explica: “Existió pero ya no se está usando. Se puede incinerar papel, madera y no pasa nada, pero cuando se creman vísceras “enfermas” no hay un científico en el mundo que pueda garantizar que por la chimenea salgan cero partículas contaminantes. Si existe un 0,2% ya es un riesgo para cualquier persona,  y por eso se desactivó por completo”.

El crematorio ya no supone un peligro biológico y en su lugar solo queda la armazón de metal que espera su viaje a un depósito de materia prima, para tranquilidad de todos los residentes en las cercanías del hospital.

Según Abel Domínguez Martínez, jefe del Departamento de Explotación, la última emanación crítica fue a principios de octubre del 2013. Luego de dos días de incesantes afectaciones, la odisea finalizó. La solución al conflicto la ofreció la empresa Alastor, especializada en el desarrollo y ejecución de proyectos de ingeniería y energía solar,  al recomendar la reparación integral de las tres calderas con que trabaja el hospital.

Domínguez Martínez explicó las principales causas de hechos como este: “Lo que puede haber provocado esa emanación no fue falta de mantenimiento ni de preocupación del hospital, simplemente, según la opinión de los técnicos de Alastor, el combustible era pésimo y provocó el desajuste de las válvulas que intervienen en la combustión.

“Con una inversión de más de 40 mil dólares, se reparó la caldera 1del área de explotación, la cual había tenido un desajuste de combustión. Esto mejoró el funcionamiento de las otras dos, pues ahora laboran una por día y la afectación al medio ambiente es mínima.

“El combustible con el que trabajan regularmente las calderas es el llamado fueloil o diesel medio pesado, que es de producción cubana con una muy mala calidad.

“Desgraciadamente, no podemos mejorar la categoría del combustible. Tenemos que usar el que envía Cupet desde los pozos cubanos de extracción. Ese diesel necesita una preparación previa, pues hay que calentarlo antes de quemarlo y cuando se enfría puede provocar la tupición de todos los conductos de la caldera.

“La dirección y la administración del hospital están claras sobre los efectos negativos  que provoca en la población y el medio ambiente este hecho; por eso se tomaron medidas preventivas para que no volviera a ocurrir.”

Cuatro meses han pasado y el panorama en la zona del Hospital Hermanos Ameijeiras es diferente . Poco a poco, los vecinos han ido observando el cambio que parece marcar un antes y un después en la contaminación medioambiental de La Habana.

 

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