Parque Alejandro de Humboldt: un arca de Noe en el Caribe

Autor: 

Ernesto Lahens Soto
|
14 Mayo 2021
| |
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Crédito de fotografía: 

tomada del sitio de la radio en Guantánamo

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En horas del mediodía del día 16 de abril un sol abrazador azota la hierba y las hojas secas del parque Alejandro de Humboldt. Posiblemente una chispa, provocada por las altas temperaturas y la falta de lluvia fue la causa de uno de los incendios más devastadores en la zona de los últimos años. El desastre, que se inició en una zona indeterminada entre las localidades de Cayo Probado y Alto Cruzata tuvo las condiciones propicias para para propagarse con rapidez.

Los vientos, que oscilaban los 25 y 50 kilómetros por hora, extendieron las llamas, que encontraron en las hojas y troncos secos el combustible preciso para crecer, como contó Gerardo Begué Quiala, subdirector de la Unidad de Servicios Ambientales. Durante más de diez días las flamas se expandieron por el parque, hasta que un grupo de guardabosques y bomberos, que fueron llamados como “los guapos de Yateras”, se encargaron de ponerle un freno al incendio y, tras arduas semanas de trabajo, pudieron reducir los focos.

Foto: tomada del periódico Venceremos

Mas, esfuerzos sin recursos es como arar en el mar. Para sofocar el fuego se emplearon aeronaves que bombardearon 19 mil litros de agua tomados de la presa Nuevo Mundo. Para la exploración aérea de las zonas afectadas se emplearon drones que podían llegar hasta las zonas más intrincadas. Luego desde aeronaves o con equipo pesado se apagaron los diversos focos del incendio.

Tras la contención, las autoridades responsables de la zona informaron que más de tres mil hectáreas habían sido afectadas, un territorio que hubiese sido mucho mayor de no ser por los esfuerzos por contener la deflagración.

 

Solo en lo que va de 2021 más de tres mil 500 hectáreas han ardido bajo las llamas en las 15 provincias del país y el municipio especial de la Isla de la Juventud, y la mayoría de las áreas perdidas corresponden a bosques naturales.

El aumento de las temperaturas del planeta y la disminución de las precipitaciones hace que cada año sean mayores los incendios que sufren las zonas boscosas.

El pequeño tamaño del parque Alejandro de Humboldt en comparación con grandes zonas selváticas como el Amazonas, los bosques de Borneo, o las selvas lluviosas del norte de Australia, hace que sea mucho más susceptible a estos fenómenos. Este parque no es solo el hogar de un animal tan raro como el almiquí, sino también de otras especies amenazadas, como el gavilán Caguarero o la polimita. En este lugar fue reportado el último avistamiento científico del Pájaro Carpintero Real en 1983, especie presuntamente extinta.

El parque debe su nombre al joven barón alemán Alexander von Humboldt, que el 19 de septiembre de 1800 pisaría por primera vez suelo cubano para cambiar el conocimiento de nuestra flora y fauna. Humboldt solo estuvo cuatro meses en nuestro país en esa ocasión, y cuatro años más tarde, cuarenta días, pero su aporte a la biología cubana es incalculable. En ese tiempo catalogó decenas de especies de nuestra flora y fauna autóctonas.

Imagen: tomada de la investigación Moluscos terrestres y fluviales del Sector Cupeyal del Norte, Parque Nacional Alejandro de Humboldt, Guantánamo, Cuba, con la descripción de nuevas especies

Ubicado en la región Norte Oriental de Cuba, el parque Nacional Alejandro de Humboldt cuenta con una extensión de 70 mil 680 hectáreas, de las cuales más de 67 mil son estrictamente conservadas. Su alto nivel de endemismo se debe a dos factores principales: el primero es la insularidad presente en todo el país y el segundo, que debido a su situación geográfica no sufrió grandes afectaciones climáticas durante las glaciaciones del periodo cuaternario.

Su importancia como centro evolutivo permite entender el proceso de diferenciación de los animales en los últimos periodos geológicos de la tierra, destacándose el Almiquí, pequeño mamífero insectívoro que constituye una de las especies más primitivas de la clase Mammalia, considerado un fósil viviente. Es uno de los pocos mamíferos que posee una mordedura venenosa la cual emplea para paralizar a sus presas. Las glándulas mamarias se encentran cerca del ano, una característica única de su género.

Solo dos especies de almiquíes sobreviven en nuestros días, el Solenodon paradoxus, que habita en La Española, y el Solenodon cubanus, que tiene como últimos santuarios al Parque Alejandro de Humboldt y pequeñas áreas de Sierra Cristal. Esta especie, tan importante para la biología cubana, ha sufrido una fuerte disminución desde la llegada de los europeos. Al no presentar depredadores terrestres naturales, no evolucionó para defenderse de esta amenaza, lo que hace que sea tan vulnerable a la acción humana y a la de especies invasoras.

Solenodon cubanus o Almiquí

En el área protegida además se encuentra el dos por ciento de las especies de flora del planeta, siendo una de las mayores reservas de biodiversidad y la de menor extensión. Esta arca de Noe que flota en el Caribe, fue declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en el 2001. Desde entonces el lugar ha sonado en los oídos de la comunidad científica internacional con mayor resonancia.

Por eso, desde la década de 1980 el lugar dejó de ser explotado por sus recursos madereros y el cultivo de cacao y café, para ser solamente una reserva natural, declarada en 1997 y aprobada cuatro años más tarde. Desde entonces se han recuperado miles de hectáreas de zonas boscosas y la población de diferentes especies ha aumentado, según se informa en el sitio del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

Parte de la identidad de esta Isla se encuentra en ese Parque Nacional. Sobreviviendo a casi 500 años de explotación de los recursos naturales se ha mantenido flotando en el Caribe. Y hoy se respira cierto aire de alivio tras haber logrado contener el mayor incendio forestal de los últimos años.


 

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