Pasión por el Dota

Autor: 

Zorileidys Pimentel Miranda
|
25 Abril 2018
| |
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La autora

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Lázaro Manuel trabaja como dependiente en una tienda. José Carlos cursa el segundo año de la carrera de Derecho. Juan Carlos es dueño de dos talleres privados de reparación de celulares. Luis es dulcero. Sin embargo, todos ellos tienen algo en común: la pasión por el Dota 2.

Ellos vivieron bien de cerca las emociones del Torneo Nacional de Super Dota 2, un evento que reunió en el Palacio de Computación de la ciudad de Pinar del Río, a representantes de la mayoría de las provincias cubanas.

Allí, fueron testigos de los nervios, la expectativa, las tensiones, las jugadas difíciles, los desacuerdos, las alegrías, los silencios sepulcrales, los gritos de ¡NOOO, esa no es la jugada!, o ¿Por qué haces eso?, la algarabía de los aficionados, el sonido de teclados y mouses siendo presionados más de 300 veces por minuto.

Y es que, por cuatro días, 16 equipos de todo el país compitieron hasta el final por ganar este torneo, que sin dudas se ha convertido en un espacio para compartir criterios, estrategias, conocimientos y emociones.

“Este ha sido uno de los torneos más difíciles que hemos jugado en los últimos tiempos porque el nivel de los equipos está cada vez mayor, las estrategias cambian y los muchachos jóvenes te sorprenden, realmente es una experiencia cautivadora”, asegura José Carlos, quien con solo 21 años ha recorrido casi todo el país gracias a los festivales de deportes electrónicos.

“Es un juego que está cogiendo mucho boom a nivel nacional y ahora mismo está en casi todos los Joven Club de Computación y Electrónica de Cuba. Se trata de un juego de estrategia en tiempo real con cinco jugadores que deben alcanzar una coordinación extraordinaria y una compenetración grande porque tienen que trabajar en equipo. Lo mejor que tiene el Dota es que puedes ser el Súper Héroe de tu película, vuelves a ser un niño”, comenta Lázaro Hernández Linares, quien en los últimos 13 años ha encontrado en el Dota un entretenimiento sano, pero también un escenario perfecto para soñar, viajar en el tiempo y hacer amigos para toda la vida.

El penúltimo juego

Son las cinco y tanto de la tarde y aún no se sabe quiénes se enfrentarán en la final. El equipo pinareño “team Bross”, espera impaciente el ganador entre los Eternity, de Ciego de Ávila y los DK Reborn, de La Habana.

Ellos, junto a un grupo bastante grande de aficionados, se encuentran reunidos en un salón ubicado justo en la entrada del Palacio pinareño. El lugar se hace pequeño ante la aglomeración de personas, que cada vez es mayor, porque todos quieren disfrutar de la final del torneo.

La puerta se abre y se cierra. La gente entra y sale. Unos se mueven en la silla impacientes por ver qué pasará, otros gritan porque no entienden las estrategias que están usando los equipos, siempre sobresale la voz del fanático que le grita al TV pantalla plana que, ubicado al fondo del salón, les permite a todos seguir cada jugada.

Allí veo muchas caras conocidas. Amigos de la Vocacional Federico Engels, compañeros de la Universidad, familiares, gente del barrio. Todos viviendo el momento, sintiendo cómo la adrenalina corre por sus venas y tal parece que estuvieran peleando ellos mismos con los “ancestros”.

Entre jugada y jugada aprovecho para preguntar a uno de los integrantes del equipo pinareño: ¿Qué es lo más interesante del Dota? ¿Por qué les gusta tanto? Y con una sonrisa en el rostro aquel muchacho que debe andar por los 30 años, me dice: “Periodista, esto es la vida misma. Es como cuando estás en un juego de pelota y se empata en el noveno inning, faltando un out para ganar el campeonato, es una emoción y un éxtasis constantes desde que empieza el juego hasta q termina, yo no podría estar en un lugar mejor”.

Regresa la vista al TV y siguen las burlas y provocaciones entre los fanáticos. Una hora después el juego ha terminado. Los DK de La Habana son los ganadores.

Finalmente, la final

El proceso de selección de los héroes en el Dota es una amalgama de estrategia y pericia. Con más de cien héroes, las combinaciones en equipos de a cinco son inmensas. Los jugadores se funden a tal punto con sus avatares que terminan sufriendo una metamorfosis del hombre en criatura y de la criatura en código binario.

Una vez terminada esta previa, justo a las 7 de la noche, comienza la gran final. El momento más esperado. El salón permanece repleto. Entre todos toman turnos para salir a buscar algo de comer y luego lo comparten. Y es que el Dota logra eso, amistad, compañerismo, camaradería, unidad.

En el segundo piso, diez muchachos luchan, sufren, pelean, gritan, se impacientan, dan patadas en el piso, van desprendiéndose poco a poco de las piezas de ropa. Se acaloran con cada jugada. El aire acondicionado no hace nada, allí parece que la temperatura ha subido a 40 grados.

Un choque que empezó siendo entre equipos de Dota, se ha convertido en un duelo entre provincias y una cuestión de orgullo vernáculo, respondiendo a las mejores tradiciones chovinistas. Pinar contra La Habana, el clásico.

Las horas pasan y los equipos siguen luchando, las energías no disminuyen, no hay espacio para el cansancio, lo único que importa es ganar la partida.

En esta ocasión los pinareños no pudieron con los DK. Estos se mostraron seguros y enseñaron un juego estratégicamente superior. Los Bross perdieron el torneo casi en la madrugada del 22 de abril. Un saludo amistoso y un “nos vemos pronto” dejaron pactada la revancha entre estos dos equipos que a pesar de la rivalidad, propia del juego, son muy buenos amigos.

Por tercera ocasión, Pinar del Río acogió el Torneo Nacional de Dota 2, un evento que cada año apuesta por cultivar modos de pensar propios, sentido de la determinación y la coordinación, elementos que son indispensables para un correcto desenvolvimiento en la sociedad.

“El Dota es una experiencia para vivir, y lo más importante es que te permite ir creciendo poco a poco como player, como persona, como amigo, como compañero y como ser humano. Sinceramente mis mejores recuerdos se los debo a este juego”, afirma Lázaro Hernández Linares, un joven pinareño que simplemente siente una pasión desmedida por el Dota 2.

 

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