Patricia Alonso Galbán: rasgar los velos

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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08 Marzo 2019
| |
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Crédito de fotografía: 

Cortesía de la entrevistada.

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Cuando la doctora Patricia Alonso Galbán comenzó la carrera de medicina, cambiaba de pasiones aceleradamente. Un día se entusiasmaba con la bioquímica, al siguiente con la fisiología. Así vivió sucesivos romances con casi todas las especialidades que cursó. Una médico sanguínea, podría decirse de ella; como otras Alonsos que ha dado esta Isla (Alicia, Dora).

Un buen día, sin embargo, tropezó con la pediatría y, aunque no dedicó sus estudios posteriores a esa rama de la salud, aprender a trabajar con niños fue como escalar una cima sinuosa y empinada. “Desde el punto de vista humano, comunicacional y social, debes apropiarte de muchas habilidades. No solo interactúas con el paciente, sino con casi toda la familia del pequeño enfermo y eso te ayuda a tratar a cualquier otra persona”, afirma.

Pronto se convirtió en alumna ayudante de la materia y se le asignaron un grupo de guardias en el Hospital Infantil Docente del Cerro.

Como todo aprendiz de medicina, la futura doctora anhelaba examinar y tocar dolientes desde la primera noche de trabajo. Sin embargo, su tutor y jefe de la terapia intensiva de la institución médica, el doctor Carrión, tenía otra idea.

“Siempre recordaré aquella primera guardia, por lo mucho que aprendí en ella. Había un niño en observación con fibrosis quística, enfermedad la cual limita el tiempo de vida. El pequeño tenía una crisis, aunque no estaba grave, y se le suministraba tratamiento especializado.

“Mi profesor me señaló que ese día no auscultaría el pequeño ni nada parecido. Esa noche yo solo debía conversar con el muchachito y mi principal obligación era hacerlo sonreír”.

El diálogo con el paciente y sus familiares acabó a altas horas, cuando el chico fue vencido por el sueño. A Patricia esa experiencia le cinceló dos lecciones cardinales.

“Primero, me habló de la grandeza de mi maestro y, además, me enseñó el valor de la comunicación para hacer medicina. Eso lo llevaré conmigo toda mi vida”.

Aunque no podía imaginarlo en aquel momento, varios años después de terminar su carrera, la divulgación del conocimiento se convertiría en uno de los ejes de su desempeño cotidiano, aunque nunca ha abandonado su vocación primaria: la de traer alivio a sus semejantes.

Tras una maleta naranja

Trabajar en Infomed fue el paso que permitió a la joven investigadora vincular sus conocimientos científicos con la comunicación.

“Cuando yo era niña me encantaba jugar a los médicos. Me lo cuentan siempre mis padres, mi abuela y hasta los amigos de la infancia con quienes guardo contacto”, comenta Patricia mientras una sonrisa ancha se abre en su rostro. Las memorias del entretenimiento infantil quedan guardadas en forma de una maletica, color anaranjado, con el símbolo de la cruz roja.

La futura médico obtuvo el papel premiado en una rifa celebrada en el trabajo de su padre. Aun cuando había otros juguetes, la pequeña seleccionó la cartera en cuyo interior descubrió un estetoscopio plástico,jeringuillas, bandeja de cura y hasta termómetro.

“Todavía debe estar guardada en casa de mi mamá, si mi hija Gabriela no la ha descubierto”, advierte en un tono lleno de complicidad.

Años después, ya en la enseñanza secundaria, la delgadísima y pequeña adolescente tuvo claro que quería estudiar ciencias. El ambiente en casa era bastante propicio, a decir verdad: la madre cibernética-matemática y el papá biólogo, especializado en la fisiología del deporte. A pesar de las muchas variantes, la medicina era un tema recurrente.

Al ingresar en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin, como era de esperar, la idea se reforzó aún más. Los profesores influyeron, pero también lo hicieron algunas experiencias personales.

“A finales de décimo grado o principios de onceno, enfermó mi abuelita más cercana, quien vivía en mi casa y era más que una madre para mí. El diagnostico demoró y al final le detectaron un carcinoma de colon. La operaron, pero ya tenía la salud maltratada. Hubo que re-intervenirla y no lo soportó.

“Mi familia es muy pequeña, y durante todo el tiempo que pasamos por esa difícil etapa, nos alternábamos para atenderla mi mamá y yo. Cuando salía de pase de la escuela iba directo para el hospital a quedarme con mi abuela. Durante casi seis meses yo viví todo lo que ocurría en un centro médico. En ese momento, terminé de tomar mi decisión”, rememora Patricia conmovida.

Cuando llegó el momento de rellenar las boletas para el acceso a los estudios superiores, estaba tan decidida que solo puso en el papel la única carrera por la que sentía interés: Medicina.

“Hay muchos factores que influyeron en mi elección. Sin embargo, hay un elemento definitorio. Toda mi vida he tenido el lujo de contar con excelentes profesores. Me ocurrió en la enseñanza básica, en la universidad y hasta en el postgrado”.

“Covadonguera” de corazón

A través de su formación académica, Patricia siempre encontró buenos profesores, por eso brinda toda la dedicación posible a sus alumnos. Cualquier escenario es bueno para compartir ideas y entusiasmar a los jóvenes.

La Facultad Médica del Hospital Salvador Allende recibió a Patricia Alonso Galbán en el curso 1996–1997. Por aquellos años, entre el gremio de profesores y estudiantes, ya graduados, prevalecía el criterio de que ese era el centro más riguroso, al menos en La Habana.

“Debía pasar los primeros dos cursos de la carrera allí y, al concluir las materias básicas, me tocaba trasladarme a la sede universitaria de Diez de Octubre. Yo pedí quedarme porque consideré que sería el lugar donde podría obtener la mejor preparación posible”.

De esa elección se siente satisfecha. Y no únicamente por las buenas experiencias que recuerda de esa época de pregrado, porque “no tuve un mal profesor ni una clase insuficiente”.

Lo curioso de este periodo es que, aunque dedicó cuatro años a la ayudantía en la atención a niños, durante el tercer curso nació en ella una nueva pasión.

“Comencé a rotar por la sala de geriatría y gerontología con la profesora Mayra Carrasco y me involucré más con la temática. Una buena parte de mis trabajos científicos en esa etapa se relacionaron con la atención al adulto mayor. Pudimos llevar algunas de esas investigaciones al fórum nacional de estudiantes y hasta obtuvieron premios”.

Al hablar de su apego por los más vulnerables — niños y ancianos — , la investigadora delata su profundo humanismo y capacidad para ser solidaria, una vocación que asegura se consolidó más al haber tenido el privilegio de tomar de manos de Fidel su título universitario. “Significó un compromiso, nunca escrito, de entrega”.

Alas rotas

Como miembro del Movimiento de avanzada Mario Muñoz Monroy, Alonso Galbán inició la especialidad en Medicina General Integral (MGI) en dos años, solo unos meses después de su graduación. Igualmente, mantenía la aspiración de ser geriatra.

Casi al mismo tiempo, realizó su maestría en “Longevidad satisfactoria”, como perspectiva a su segunda especialidad médica. Al concluir esa fase de su vida académica ocurrió un suceso que le hizo postergar su llegada a la gerontología: iba a ser madre por primera vez.

Durante su embarazo, la investigadora trabajó en la Casa de los Combatientes del Cerro. Allí acudían veteranos de la Revolución cubana con necesidades de atención especializada.

“Fue una oportunidad que me permitió conocer a personalidades de nuestra historia como Pastorita Núñez, el timonel del yate Granma y otras figuras de la clandestinidad y el Movimiento 26 de Julio”.

Tras la llegada de su hijo mayor, Patricia se dirigió a la Dirección Provincial de Salud para solicitar la especialidad en geriatría. Sin embargo, eventualmente no podría hacerla asociada a un policlínico.

“Yo insisto, y lo haré siempre, en que el anciano necesita los mayores cuidados a los factores de riesgo en el nivel médico primario. Para mí, un sistema de salud queda fortalecido cuando tiene gerontólogos en sus áreas de atención más cercanas a la comunidad. Cuando vi esa posibilidad alejarse, se me partieron las alas”, relata.

Patricia decidió meditarlo con más tranquilidad. Finalmente, eligió una rama del conocimiento con la cual podía conjugar medicina e investigación: la bioestadística. A través de esa especialidad, la científica considera que adquirió herramientas y habilidades muy particulares y enriquecedoras. Poco después, tuvo la oportunidad de sumar la comunicación a su recorrido profesional.

Desde la casona de 27 y N

Encontrar a la doctora Patricia en algún escenario no virtual puede ser una tarea un tanto complicada. Sin embargo, basta con acceder a alguna red social y podrías localizarla con facilidad.

Ella ha hecho de la red de redes uno de sus principales campos de trabajo. Desde su trabajo en el Departamento de Servicios Especiales de Información del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas, divulga y defiende la obra de los galenos cubanos.

Esa institución regenta el portal Infomed, la más conocida red nacional, cuyo propósito es facilitar servicios para la socialización del conocimiento y posibilitar el aprendizaje colaborativo. Patricia llegó hasta ahí a través de una propuesta del profesor Pedro Urra, fundador del proyecto.

“Él me contó de sus planes de hacer todo el sistema de información estadística de la Red de Bibliotecas y Centros de Información de Salud de Cuba. También sobre sus intenciones de impulsar mucho más el desarrollo de la investigación aplicada a las ciencias de la información en el contexto médico. Tuvo la capacidad de entusiasmarme con sus proyectos colectivos y resolví probar. Funcionó y me quedé”.

Allí tomó parte del proceso de elaboración de los indicadores para evaluar la gestión en las bibliotecas y también en el desarrollo de productos y servicios de esas entidades. Además, intervino en la construcción de la estructura de datos estadísticos conjuntos.

“Un buen día, en el contexto del 20 aniversario de la red, fue necesario poner en marcha un sitio web y me propusieron involucrarme en esa labor. Así lo hice y, un tiempo después, tuve la posibilidad de incorporarme al departamento, y participar en la conformación del portal especializado de la salud cubana, bajo la tutela de la profesora Mirta Núñez”.

A partir ese minuto, Patricia se sumergió en la producción de contenidos, en cómo buscar información y conseguir imbricar todos los componentes de un espacio virtual como es Infomed. A la par, amplió su labor como docente y consiguió convertirse en profesora asistente e investigadora auxiliar.

“Desde este escenario de trabajo me convertí en una apasionada de las redes sociales y de cuánto pueden aportar estas en el contexto profesional de los científicos, cuando son usadas como herramientas de socialización del conocimiento colectivo”.

Patricia es, además, una enardecida crítica de las malas prácticas investigativas y de las pseudociencias, como parte de un grupo de científicos, médicos y periodistas que han impulsado un debate público al respecto en los últimos años.

Su sólida formación como investigadora la llevó a participar como autora en el libro Medicina sin apellidos, texto que tuvo origen en una polémica relacionada con la pseudociencias, publicada originalmente en el sitio web de Juventud Técnica. Todavía en el gremio periodístico se recuerda con admiración la contundente declaración que ofreció en la Unión de Periodistas de Cuba sobre las violaciones de procedimientos cometidos en torno al preparado homeopático Vidatox, al que se le concedían propiedades anticancerígenas no demostradas.

En un rincón de la Víbora

Entre las obligaciones laborales, la docencia y la investigación siempre hay tiempo para Félix Daniel y Gabriela Teresa.

La galena considera que mantener la familia unida es un desafío cuando una mujer desea mayor desarrollo profesional. La investigadora evoca cómo algunas de sus compañeras decidieron no tener hijos para lograr ese objetivo. Ella optó por un camino diferente.

No es posible decir Patricia, sin mencionar a Félix Daniel y Gabriela Teresa. Ella defiende la idea de que cuando cualquier científico elige tener descendencia, debe quedar claro que habrá de restar una importante parte del día a la labor investigativa.

“He tenido la suerte de tener dos buenos hijos, tengo que decirlo con orgullo. Probablemente cualquier madre diría eso, pero me han dado muchas alegrías. Aun así, no es sencillo sacar tiempo para todas las tareas hogareñas, ver una película juntos, leer un libro o conversar y, a la vez, seguir estudiando y enriqueciendo tu perfil académico.

“Hay que hacer malabares, pero se puede. Al mismo tiempo trato de que cada paso en su educación apunte a formar valores”.

En la actualidad, la investigadora trabaja en concluir la redacción de su tesis doctoral. El estudio forma parte de un análisis regional sobre una epidemia de enfermedad renal crónica que afecta a países centroamericanos como Nicaragua y El Salvador.

“El proyecto está enmarcado en la necesidad de verificar la real extensión del impacto nefro-tóxico de algunos agroquímicos, cuando estos son manipulados, suministrados o almacenados de manera incorrecta”, sintetiza.

Los resultados de las pesquisas serán entregados a los diferentes decisores para que tomen cartas en el fenómeno dentro de sus respectivas naciones.

“Tengo la posibilidad de contar con la guía del doctor Luis Carlos Silva (Miembro de la Academia de Ciencias de Cuba), quien fue también tutor de mi trabajo de defensa en la especialidad de bioestadística. Él es un gran profesor que te hace pensar, te pone retos y por todo ello un buen amigo.”

Otro de los grandes “enamoramientos” de Patricia es escribir. La científica publica versos, “casi todos de amor”, en un blog personal: Locuras que son poesía. En él defiende ese sentimiento que une a las personas, “no desde el punto de vista cursi, sino desde las vivencias del día a día”.

De vez en vez, durante algún tiempo, descuida sus poemas en pos del quehacer académico. Pero no sufre demasiado. Sabe que cuando escribe sus resultados investigativos realiza aportes a otro tipo de cultura, la científica. Y con ello rasga ese velo apócrifo con que todavía algunos separan racionalidad y emoción.

 

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