De los poderes curativos de la saliva y otros demonios
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Andrés Amado Zuno Arce parece un personaje sacado de un libro: la melena larga y canosa, el hablar pausado, las manos largas y huesudas, la poca memoria que afirma tener. Por ocupación ostenta el cargo de profesor asociado de la Universidad Candegabe de Homeopatía y de la Escuela de Homeopatía del Instituto Hahnemanniano Internacional de Argentina.
Como homeópata convencido no entiende porque otros siguen considerando a ese sistema de medicina alternativa como una pseudociencia. Dice que ha experimentado en sí las pruebas “irrefutables” del adecuado funcionamiento de medicamentos de ese tipo.
Hace más de veinte años, el profesor dio por sentados esos resultados y se dedicó a otro campo de estudio: la seanoterapia. El nombre ya es de por si rimbombante, tanto que algunos se interesan por la técnica hasta descubrir que consiste, simple y llanamente, en emplear la saliva para curar.
Muchos ya habrán puesto en duda la fiabilidad de las investigaciones realizadas por el doctor Zuno Arce tras oír esto. Pero quienes todavía no lo han hecho no se preocupen, la cosa va a peor.
De acuerdo con el profesor, la saliva es un “similar” –concepto sin duda extraído de las doctrinas de la homeopatía– capaz de sanar dolores lumbares, de cabeza, de estómago, los calambres menstruales, la ciática y hasta la artritis, entre otras muchas dolencias.
El “experto” defiende que una vez extraída la sustancia de la cavidad bucal con las manos, en solo segundos el ambiente y los microorganismos modifican sus propiedades.
“Pasa de ser un ´igual´ de la boca a convertirse en un ´similar´. La saliva por sí sola no cura las llagas en la lengua o las encías. Sin embargo, si la extraemos y después con el dedo la colocamos sobre las heridas si sanan”, enfatiza Zuno Arce.
Un error que nadie se ha molestado en señalar al profesor hasta ahora. O al menos no lo hicieron los médicos y estudiantes reunidos en la Biblioteca Médica Nacional durante la presentación de su libro ¿Qué cura la saliva? Ninguno de los presentes recordó que esa sustancia contiene un factor de crecimiento epidérmico cuya función es facilitar la cicatrización de la mucosa bucal.
La principal prueba acerca de los poderes curativos de la saliva defendidos por Zuno Arce son los instintos humanos. Describe que cuando nos hacemos una herida instintivamente tratamos de lamernos. Para el profesor esa es una reacción que aprendimos desde la comunidad primitiva.
“Miren a los animales. Ellos lo siguen haciendo; los perros, los gatos también. Hay perros que se ponen saliva en las patas y luego en sus frentes. ¡Es para quitarse el dolor de cabeza!”, enfatiza el doctor, quien además afirma que permite a su perro lamerlo al menos una vez al día.
La fe del profesor en la saliva es tal que en una ocasión, cuando se enfermó severamente con una infección en el uso de la cadera, decidió inyectarse el transparente fluido bucal. La "mala suerte" quiso que Zuno Arce empeorara y debieron ser los individuos de largas batas blancas y poco conocedores de homeopatía y seanoterapia quienes lo salvaran.
La recuperación fue lenta pero pudieron salvar la pierna de la amputación. Tiempo después, ya mejor de salud, Zuno Arce comenzó a reflexionar y comprendió que la saliva no lo había salvado "por culpa exclusiva de su persona. Había olvidado esterilizarla."
Desde entonces, antes de inyectarse la sustancia procura someterla durante un tiempo a luz ultravioleta o la pasa por un filtro especial que le regaló otro médico.
Zuno Arce propone su libro como una herramienta reveladora e instructiva sobre las capacidades de sanación de la seanoterapia. Sin embargo, al hojearlo no es posible encontrar análisis sobre las propiedades, o estudios clínicos realizados con la saliva.
El texto es una mera colección de registros sobre los libros religiosos donde se menciona a la saliva para sanar; de los filósofos griegos interesados en su estudio; y anécdotas de casos de personas enfermas que han mejorado con la “terapia”. Por supuesto, curaciones sorprendentes.
No hablamos de simples llaguitas en las encías. El doctor ha documentado que la saliva sana las cataratas, la ceguera, las carnosidades en los ojos, cicatrices, tos, amigdalitis, verrugas, cáncer de piel y alivia el síndrome del miembro perdido en pacientes con amputaciones.
El “experto” está consciente de que solo con los ejemplos no basta. Para él la seanoterapia es efectiva, pero es necesario investigar mejor sus efectos, principalmente a nivel cerebral.
“Creo que la saliva actúa directamente sobre el cerebro, aunque no he podido probarlo. Un estudio de eso sería muy bueno pues podríamos incluir la saliva como una medicina programática, es decir, que es capaz de programar los procesos curativos de nuestro cuerpo”, dijo.
Zuno Arce afirma que Cuba es el lugar ideal para realizar esos estudios, no solo por su tradición de estudios relacionados con la medicina natural, sino porque “estamos llamados a ser la punta de lanza contra el imperio hegemónico de las farmacéuticas capitalistas”, palabras que sin duda son muy bien acogidas por los homeópatas locales, puesto que se han convertido en una especie de salvoconducto para la práctica de la técnica
Entre los asistentes a la presentación y el debate sobre el libro de Zuno Arce nadie pareció interesado en señalar o debatir las deficiencias del proyecto de investigación propuesto por el peculiar profesor, que finalmente confesó no haber concluido la carrera de medicina.
Por el contrario, la puerta quedó abierta al posible surgimiento de estudios cubanos sobre los poderes curativos de la saliva.





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