Premios Nobel: las baterías de litio toman el podio en Química

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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12 Octubre 2019
| |
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Quienes conozcan un poco de almacenamiento energético habrán oído mencionar las baterías de litio. Si el ahorro y los procesos asociados a este no son el tema más común entre los lectores de este trabajo, de seguro lo será el transporte. En poco más de una década la Mayor de las Antillas se ha vuelto una activa usuaria de motos eléctricas. ¿Adivinas qué fuente de autonomía mueve a esos equipos?

Lo cierto es que las baterías de iones de litio, también conocidas como Li-Ion, se caracterizan por una carga acelerada, más durabilidad, una vida útil más larga y ofrecer mayor seguridad a sus usuarios. Todas esas potencialidades extendieron su empleo a diversas tecnologías tales como teléfonos celulares, laptops, tablets e, incluso, medios de transporte.

A pesar de los muchos éxitos del complemento energético, los nombres de sus creadores probablemente quedaron en el olvido cuando las aplicaciones comerciales del equipo se ampliaron a principios de los años 90.

Este 2019, la Academia de las Ciencias de Suecia quiso agasajar a los padres de las Li-Ion. El Premio Nobel de Química recayó en Akira Yoshino, Stanley Whittingham y John B. Goodenough.

Los ganadores del Nobel de Química 2019 comenzaron sus pesquisas desde los años 70 (foto tomada de abc.es)

Los tres expertos trabajaron de conjunto en la confección de esas baterías recargables desde la década del 70 del pasado siglo XX. En ese periodo se acentuó una importante crisis económica relacionada con la extracción de petróleo y algunas empresas diversificaron sus actividades. Ese fue el caso de Exxon Mobile. El emporio reclutó científicos interesados en las energías alejadas de los combustibles fósiles.

Goodenough y Whittingham se incorporaron al proyecto y durante varios años trabajaron en él. Sin embargo, los problemas con el crudo remitieron y la compañía también disminuyó su apoyo al estudio. En Japón no ocurrió lo mismo. Los nipones continuaron buscando complementos energéticos más livianos y recargables.

Yoshino se involucró con los expertos radicados en Estados Unidos y en 1985 los tres consiguieron la primera batería con alcances viables.

Más de 30 años después, los científicos consiguieron el Nobel como reconocimiento a sus desvelos investigativos. Sin embargo, mucho antes de obtener el lauro de la Academia de Ciencias Sueca esos tres hombres ya podían sentir satisfacción por los resultados de su labor, dedicada a incrementar el empleo de energía renovables en nuestro planeta.

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