La prueba

Autor: 

Redacción JT
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09 Marzo 2016
| |
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Los días se asoman distintos y se duermen despiertos. Al rumbo de los hechos le han salido alas muy grandes que no paran de volar. Ahí va la tecnología toda saltando más largo y alto cada vez, abriendo sendas donde caminos no hay, seduciendo y halando estilos, modificando procesos, cambiando mentalidades y levantando sueños.

Cuba y, concretamente, sus jóvenes, tienen a mano el desafío tecno-científico-cultural más abarcador y trascendente de toda su historia. O se enganchan en el tren del desarrollo tecnológico o no tendrán garantizada su supervivencia soberana, próspera y sostenible. Más ahora que antes se precisa del culto a la virtud del carácter y del talento, de la ética y la razón, para un bienestar obligado a dragar los afluentes que desembocan hacia el mejoramiento económico y social.

Ciertamente el país ha venido trabajando sistémica y culturalmente en ese camino, pero los acontecimientos y las circunstancias constriñen a acelerarlo sin estorbos internos. No nos podemos dar el lujo de continuar perdiendo jóvenes virtuosos porque no puedan plasmar su talento, mal por limitaciones materiales, o porque son incomprendidamente subutilizados y no ven una realización de su plan de vida; terminan mudándose con todas sus destrezas fuera de su profesión o de su país.

Es una exigencia para nuestra estrategia de desarrollo contar productivamente con los decenas de miles los graduados en carreras técnicas y científicas en nivel superior, incluso medio, en los últimos años. La cada vez más necesaria competitividad de la empresa cubana los requiere. ¿Cuántos ingenieros, matemáticos, licenciados, informáticos, diseñadores, arquitectos… preparados para una Isla de alrededor de 11 millones de habitantes? ¿Cuántos especialistas agrícolas y ganaderos? Los beneficios de esta inversión tienen que verse más, aun con los serios y poderosos factores externos en contra.

Se trata de enfocar la ciencia y la tecnología hacia resultados concretos, como un estilo, una cultura, un modo “natural” de pensar y hacer, que se impregne en los jóvenes desde los tempranos trabajos de clase. Cuba no soporta más formalismos y cumplidos inútiles. ¿Cuánto tiempo y energía invertidos en proyectos no consumados o no viables? ¿Cuántos diplomados o doctorados sin sentido práctico, y si lo tienen, cuántos son trabados burocrática o estructuralmente?

Hay un proceso de buena transformación en la Educación Superior, que incluso pellizca a otros niveles de enseñanza, pero es necesario inculcarle al joven desde la adolescencia que su pensamiento en la ciencia y la técnica se enfoque hacia un beneficio común real, puede que teórico o práctico, pero real, tocable.

No hay proyecto sin ideas,  no hay ideas sin visión, y no hay visión sin sueño (imaginación), y este no suele ser pródigo en espacios llovidos de distracción o interrupciones, como en aulas y hogares. Aprender a pensar requiere de libre concentración en condiciones propicias.

 ¿Dónde están estos espacios para que la juventud, graduada o no, cultive este pensamiento creador fuera de la música inoportuna y el entretenimiento sin provecho? ¡¿Las bibliotecas con sus horarios inexplicablemente reducidos casi al de la típica jornada laboral y escolar, con la escasa excepción de la desfavorable mañana de domingo?!¿Dónde hallar una atmósfera apropiada para moldear, profundizar o desarrollar una buena idea con propósito; ampliar conocimientos; leer un libro valioso?

Actualizar es también procurar con diligencia alcanzar al mundo avanzado en ciencia y tecnología. No hay complejo de inferioridad porque tenemos lo más importante: el capital humano. Hace poco se efectuó el primer foro Celac-China sobre ciencia, tecnología e innovación, como una señal de la nueva configuración internacional del desarrollo tecnológico, en la cual Cuba debe seguir insertándose y preparándose, cual examen de su potencial.

He ahí la nueva sede del Centro Nacional Coordinador de Ensayos Clínicos (CENCEC), una entidad con tecnología de punta para la investigación e innovación tecnológica, donde se evalúan clínicamente productos médico-farmacéuticos,  biotecnológicos y equipos médicos. O también ahí el grupo empresarial de Industrias Biotecnológicas y Farmacéuticas (BioCubaFarma), produciendo medicamentos, equipos y servicios de alta tecnología, donde se aprende, con impactos medibles, a cerrar el decisivo ciclo hacia el desarrollo: conocimiento, investigación, producción, comercialización, beneficio. Es ahora la hora… de la prueba.

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