Por qué Fidel fue innovador

Autor: 

Dr Luis A Montero Cabrera
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26 Noviembre 2016
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Crédito de fotografía: 

Tomada de Cubadebate

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 Los sentimientos de afinidad y simpatía siempre provocan emociones ante una gran pérdida. Esas emociones no requieren de catalizador. Si se sienten de verdad, poco se afectan al leer una u otra línea que las avive. No tener más a Fidel entre nosotros es parte de las penas que nos afectan de esa forma.

Sin embargo, la utilidad de un referente siempre será más útil y reverente que los lamentos por su pérdida. El Fidel que todos sentimos, el que condujo siempre nuestro país en la confianza de que nadie nunca quedaría desamparado, en la certeza de que todo avance del conocimiento humano útil para los cubanos tendría un lugar, en la tranquilidad de que el desprendimiento y el sacrificio predominaban sobre cualquier egoísmo de nuestros dirigentes y gobernantes, es ese referente.

¿Por qué Fidel amaba la ciencia? ¿Por qué la respetaba y promovía? Algunas preguntas como estas quedarán ya para siempre sin una respuesta de su protagonista. Pero podemos estar satisfechos de que el revolucionario, el hombre de letras y de leyes, el inconforme con las injusticias sociales y la explotación, el intransigente contra cualquier maltrato físico desde el poder, tuvo una particular inclinación a aceptar las verdades de la ciencia vinieran de donde vinieran, como hacen los científicos. Y no solo de aceptarlas, sino de darse cuenta de que la ciencia y los saberes ciertos y comprobados son el constituyente principal del progreso humano.

La expresión de que el futuro de Cuba sería de hombres de ciencia en momentos tempranos como los de 1960, cuando aún algunos de nuestros medios se mofaban del saber y de los sabios, no fue un acto de fe sino de cambio radical también en la forma de pensar y la conciencia social del país.

El propio desarrollo de los acontecimientos y de las primeras inversiones de la Revolución demostró que el líder sagaz se había dado cuenta de una verdad de nuestros tiempos: se puede trabajar mucho, como siempre lo ha hecho el pueblo cubano, pero el precio de ese trabajo en el mundo que viviríamos y seguiremos viviendo será dependiente del mercado, y el mercado del saber y de la innovación es el único donde la oferta es siempre deficitaria y por ello los precios muy altos. El que sabe cómo hacer algo que todos desconocen crea muchas más riquezas que el que hace lo que todos saben hacer, por exquisito que sea.

Confiamos en que la conciencia que siempre trasmitió de forma directa e indirecta acerca de estas verdades se impregne en todos los que de una forma u otra deben decidir y protagonizar de cualquier forma el destino de nuestra Patria y Revolución.

¡Venceremos!

 Baltimore, 26 de noviembre de 2016

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