Que no salga perdiendo la vocación

Autor: 

Margarita Valdés Rabí
|
04 Abril 2016
| |
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Crédito de fotografía: 

Roberto Suárez (Juventud Rebelde)

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El debate sobre los jóvenes cubanos y su ingreso a la educación superior, a raíz de resultados de un estudio presentados en el II Congreso Internacional de Investigadores sobre Juventud, puede que haya sido uno de los menos concurridos de ese evento, pero no por ello dejó de ser el lugar donde educadores y psicólogos expusieron preocupaciones muy presentes en el momento de elegir una carrera universitaria.

Sobre ese tema presentó los resultados de su indagación un equipo de profesores de la Facultad de Psicología de La Universidad de La Habana, una experiencia que, según señala la Máster en Estudios Psicológicos Annia Almeida, permitió diagnosticar las necesidades de los estudiantes que optan por la educación superior quienes, dicho sea de paso, representan el 15% de los jóvenes en edad de acceder a ese nivel en Cuba.

La investigadora destaca que esos resultados, disponibles en el número 18 de la Revista Estudios, se nutren de una mirada demográfica, sociológica y psicopedagógica, además de tener en cuenta tanto opiniones como la manera en que respondieron a las técnicas de la indagación los estudiantes de preuniversitario que participaron.

Annia Almeida apunta que la propia constatación de esa experiencia y sus conclusiones indican que es posible utilizarlo como un sistema, aunque no de manera general, pues no existen las condiciones necesarias en todos los espacios pero tal vez con miras a capacitar a personas que si puedan replicar este instrumento.

Uno de los resultados –refiere la investigadora- es que los jóvenes que participaron son conscientes de un antes y un después en la forma de decidir su futuro y, al percibir ese cambio de parecer, recomiendan que otros estudiantes tengan la posibilidad de participar en un espacio así. Al mismo tiempo, la comparación de los datos antes y después de esta experiencia refleja una elección más responsable.

Sin embargo, un acercamiento, dentro de esas decisiones, a los que se decantan por las ciencias exactas o aplicadas suele ser menos frecuente, o casi nulo, pues como explica la Máster Annia Almeida, las indagaciones no ahondan con especificidad en las particularidades de los estudiantes con un perfil vocacional hacia este tipo de carrera.

En su opinión el vínculo entre los jóvenes y la vocación científica se refleja en los datos de la muestra general, pero -añade- para una mejor aproximación a ese grupo habría que conocer, por ejemplo, qué resultados ha tenido la incorporación de estudiantes de duodécimo grado a la universidad en su posterior elección de carrera.

Esta investigación abarcó a los estudiantes de La Habana que querían ingresar a la educación superior y, entre ellos, la inclinación por las ciencias puras y aplicadas no es lo más frecuente; en cambio sí lo son las ciencias médicas, sobre todo porque es una de las que oferta mayor cantidad de plazas, refiere Almeida.

Resalta que, igualmente, dominan las preferencias las carreras que tienen beneficios económicos evidentes, como Turismo, Lenguas, Relaciones internacionales y Diseño, porque desde el imaginario social –y también en la práctica real- el campo de las ciencias es de una mayor exigencia y preparación, las cuales no necesariamente podrían estar en correspondencia con los beneficios económicos futuros.

Ello también indica que, debido a la falta de mayor información, muchos jóvenes no perciben al trabajo científico como uno bien remunerado y, de acuerdo con la investigadora, para ellos adquiere más valor que una profesión les brinde la oportunidad de salir y de obtener provechos a más corto plazo y, si a la hora de elegir una carrera el elemento económico y la oportunidad de una gratificación instantánea son los que más pesan, aquellas carreras que no aparentan tener esos beneficios se ven desvalorizadas.

En este punto debería intervenir la orientación vocacional para ofrecer al estudiante una visión que contraste; en cambio Annia Almeida indica que la información que se brinda en los preuniversitarios suele dar prioridad a aquellas carreras que el país más necesita y que coinciden con las que los estudiantes no quieren y que son las carreras pedagógicas y militares.

Luego –agrega- aquellas que no son priorizadas y que incluso son una porción ínfima dentro del pan de plazas, como las de ciencias, tienen muy poca visibilidad por cuanto hay más acciones para promover las opciones que interesan al país y el estudiante prácticamente tiene que gestionar la información que necesita de forma independiente. Se supone que haya sociedades científicas en los preuniversitarios para desarrollar esas habilidades o intereses, pero son actividades que, aunque puedan tener buenos resultados localmente, no suelen marcar tendencia.

Señala también que hay conflicto vocación-remuneración económica, en el que el estudiante se ve en la disyuntiva de preferir una carrera que saben que no les va a aportar desde el punto de vista económico y hay quienes resuelven seguir su vocación a pesar de ellos y quienes se inclinan hacia el lado opuesto y eso también está muy influido por los padres que dicen “tienes que elegir algo que te guste, pero que te reporte” toda vez que el trabajo es una forma de sustento y de materializar proyectos personales. De ahí, continúa, la imagen que se construye el estudiante de lo que es realizarse dentro de una profesión proviene del imaginario social, de representaciones compartidas y que es con lo que ellos cuentan a la hora de elegir, lastimosamente, porque se supone que deban hacerlo sobre la base de una información real.

Ellos deciden a partir de criterios compartidos socialmente, que conocieron través de la prensa, la familia y de cualquier otra instancia de relaciones que a veces distorsiona la realidad total o parcialmente, concluye la Máster en Estudios Psicológicos Annia Almeida.

A partir de la investigación que llegó a esas conclusiones, se diseñó un programa para desarrollar en los estudiantes de preuniversitario la toma de conciencia de aquellos factores que influyen en la elección, se desmontan los mitos y estereotipos que tiene los jóvenes respecto a las carreras, se brinda información real y certera para que ellos funcionen y operen su decisión sobre la base de realidades y su elección profesional sea más responsable, a la vez que se incentiva lograr un armonía entre las aspiraciones personales y lo que la sociedad necesita, cómo lograr ese equilibrio es todo un reto todavía.

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