Por qué no se puede predecir un tornado
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Exageran quienes creen que puede predecirse la formación de un tornado con bastante antelación, como mismo se deduce hoy que un huracán está gestándose para hacer de las suyas.
Muy lamentable eso, sí, pues un ciclón es un fenómeno meteorológico que puede provocar grandes desastres en un tiempo relativamente breve, mientras su previsión es apenas posible gracias a la observación de varios indicadores atmosféricos y climatológicos, fundamentalmente en una época del año propicia para su aparición.
Los tornados no tienen iguales condiciones para anticiparse y las consideraciones sobre su surgimiento y su curso no suelen tener la efectividad que hoy se consigue al pronosticarse un huracán. Estamos hablando de un acontecimiento de muy rápida formación y de muy corto tiempo de duración (desde segundos hasta alrededor de una hora) y, por si fuera poco, se trata del fenómeno atmosférico de mayor densidad energética en el planeta.
Los científicos realmente no saben cómo se forman, pero sí conocen dónde tienden a crearse. En los últimos tiempos se ha logrado contar con algunos métodos para prever la probabilidad del paso de un embudo de agua y polvo por un territorio, pero apenas rinde frutos para prevenirse, en el mejor de los casos, 20 minutos antes del desastre.
Algún pronóstico con mayor tiempo no solo es difícil de hacer, sino también poco fiable. De hecho, poco antes de que el tornado de La Habana se formara, se dio a conocer en por los especialistas estadounidenses la probabilidad de un tornado en el condado de Dade y otros colindantes, en Florida, y no sospecharon sobre alguno para Cuba, donde sí ocurrió, mientras el augurio para la península norteña afortunadamente resultó fallido.
Este tipo de tormenta, que se caracteriza por un movimiento circular con forma de embudo largo y delgado y que desciende de una nube cumulonimbus hasta llegar al suelo, es vigilada por los meteorólogos, en los lugares de mayor frecuencia de formación, cada doce horas. Para ello, sueltan globos de clima para poder hacer lo que se llama un sondeo de la atmósfera.
Los globos llevan un equipo que mide condiciones tales como estabilidad atmosférica, temperatura, y humedad. Con estas mediciones, los especialistas pueden decir cuán probable es que se forme un tornado. Saben, por ejemplo, que para que ocurra el indeseado monstruo es preciso que coincidan condiciones como inestabilidad y humedad elevadas. Solo si existen tales circunstancias, emitirán un alerta de tornado.
Hoy, mediante el uso de un nuevo tipo de radar de clima, los especialistas pueden detectar cuándo el fenómeno se está formando. Con el radar convencional solo es posible ver la masa de aire con alta velocidad angular, cuando ya se ha formado (en la pantalla del radar, esta se manifiesta como un eco en forma de gancho). Pero esta información no es del todo decisiva, por lo que los pronosticadores se auxilian de los reportes emitidos visualmente por los cazadores de tornados.
Nuevas tecnologías, que incluyen sistemas de radares y satélites especializados, permiten –además de medir el rumbo, distancia y altitud de un objeto, y viento radial– agregar y cuantificar la turbulencia. Así, el pronóstico puede alcanzar 90 por ciento de precisión dentro de un radio de 100 kilómetros.
Mejorar las tecnologías actuales en la detección de tornados es, sin duda, un desafío importante para meteorólogos, físicos e ingenieros. El resto de la protección descansa, eso sí, en la educación que gane la población para reaccionar ante una catástrofe provocada por estos sistemas, así como la concienciación de las instituciones sobre la percepción de tales riesgos para dar respuesta efectiva ante las destructivas y arremolinadas chimeneas.





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